Homofobia interiorizada: personas LGTBI que se rechazan a sí mismas y al colectivo

Eres homosexual y no has tenido valor de salir del armario o, incluso, sientes rabia hacia los chicos que tienen pluma, piensas que no es necesario que el colectivo LGTBI tenga más visibilidad o crees que las carrozas del Orgullo Gay te "hacen quedar mal". Si te sientes identificado con alguno de estos cuatro ejemplos es posible que tengas homofobia o lesbofobia interiorizada. La definición oficial es una actitud hostil y el rechazo hacia otras personas homosexuales, la denigración de la propia homosexualidad como estilo de vida y la falta de voluntad para revelar a los demás la propia homosexualidad, según definieron en 1997 en un estudio cuatro expertos en atención psicológica a personas gais. Y alguno se preguntará ¿cómo puede ser?

Los orígenes del rechazo a la propia sexualidad

Este fenómeno es algo que para la sexóloga Nuria Jorba tiene origen en “las críticas y en la falta de aceptación hacia gais y lesbianas que hemos mamado desde pequeños. Tristemente, aún hay quienes manifiestan rechazo, otros que dicen que se trata de un trastorno y una mayoría que da por supuesto que todos nacemos siendo heterosexuales”. Eso ha metido falsas ideas en la cabeza de muchas personas LGTBI que se están privando de ser felices. “Algunos interiorizan que los homosexuales tienen menos derechos que los heteros, y, con el tiempo, eso se traduce en discriminación”, añade el  experto en atención psicológica a personas gais, Gabriel J. Martín.

Cuando lo homofobia la protagoniza alguien LGTBI

Un caso que retrata esta realidad es el de una chica a la que la Jorba hizo terapia. Mientras vivía con su novia en Londres alejada de aquello que su familia tradicional le había inculcado de pequeña, no tenía ningún problema en mostrarse tal y como era para vivir su amor sin tapujos. Pero al regresar aquí todo cambió. Empezó a rechazar las caricias que su pareja intentaba hacerle en público, a alegar que veía ridículo darse besos en la calle y a tachar de “estúpidas” a las chicas lesbianas que vestían de una forma más masculina. “Renegaba todo lo que estuviese relacionado con manifestar socialmente el lesbianismo. Era como si estuviese siempre diciendo: ‘yo no quiero esto’”, detalla Jorba.

Sin tampoco ser capaz de condenar la homofobia

Hay personas con un alto nivel de homofobia o lesbofobia interiorizada que, en ocasiones, tampoco son capaces de defenderse ante actitudes homófobas. La chica con la que trabajó Jorba se convirtió en una de ellas cuando sus amigos les preguntaron a ella y a su novia si se habían comprado una polla de plástico tras haber ido a un sex-shop. Un comentario que le sentó fatal porque era el típico estereotipo que se tiene sobre la sexualidad lésbica, pero no se atrevió a decir nada.

Sin embargo, todas estas actitudes denigrantes tanto para ella como con el colectivo al que pertenece le hizo pagar un precio muy alto. La inseguridad y la vergüenza afectaron mucho a su autoestima y también a la relación con su pareja. La comunicación y el sexo dieron un dramático vuelco tras haberle hecho sentirse rechazada y haberle metido en la cabeza, sin querer, que le importaba más la opinión de los demás que ella, que prefería "contentar" al resto antes que hacer feliz a la persona a la que quería, recuerda la sexóloga.

Cómo saber si tienes lesbofobia u homofobia interiorizada

Ya hemos visto que la homofobia interiorizada la padecen aquellos que tienen miedo de salir del armario por el “qué dirán”, los que aborrecen ciertas actitudes de los que sienten como ellos o los que protagonizan ambas actitudes. Según el psicólogo Gabriel J. Martín, una forma de comprobar si te pasa es que: "en el caso de que, por ejemplo, optaras por esconder en el trabajo que tienes una relación con una persona de tu mismo sexo, deberías preguntarte: '¿un hetero lo diría?'. La respuesta siempre será sí porque un hetero no va por la vida escondiendo su sexualidad.

¿Qué hacer para acabar con ello?

Si recordamos que estos sentimientos nacen de la falta de aceptación que percibimos desde pequeños hacia homosexuales y lesbianas, sobran los motivos para enfatizar que, como afirma Jorba, la forma de erradicarlos en un futuro es promover aún más referentes LGTBI que no excluyan a los que no cumplen con el tipo de amor que nos metieron en la cabeza cuando no teníamos capacidad de razonar. Como añade la experta, “se trata de cargarse la heteronormatividad. Hace falta mucha más diversidad y acabar con la etiqueta de lo ‘nomal’. Porque, ¿qué es normal?”. La respuesta es nada, pero no nos hemos dado de ello hasta hace muy poco.