Dos futuros distópicos y uno esperanzador que podrían hacerse realidad

Cierra los ojos, vacíate de pensamientos y visualiza mentalmente el mundo del mañana. No el que querrías que llegase, no. El que sientes que llegará, te guste o no. El que brota de manera espontánea en tu cabeza cuando le hablas del futuro. Tómate treinta segundos. Explóralo. Y, ahora dime, ¿qué has visto? Quizá coches voladores revoloteando por ciudades mastodónticas petadas de humanos, luces y pantallas publicitarias. Quizá un mundo semiapocalíptico castigado por tormentas diabólicas y temperaturas extremas, fruto de nuestra destructiva huella sobre el planeta. O quizá un paraíso de armonía y libertad donde todas las personas hemos aprendido de nuestros errores y vivimos sosteniblemente.

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Hay tantos como mentes lo imaginen. Porque hay muchos caminos abiertos que pueden llevarnos a miles de futuros diferentes. Caminos que no se abrieron esta mañana ni ayer ni hace unos años. Llevan muchísimo tiempo abriéndose ante nosotros, sembrando sus semillas aquí y allá. Algunos con más fuerza que otros. Y algunos autores supieron verlo antes que nadie. Estos son los tres futuros que tienen más papeletas para convertirse en realidad:

1984, el Gran Hermano vigila

La novela de Orwell fue publicada en 1949 con la Unión Soviética como inspiración. Sus páginas nos muestran un futuro inequívocamente gris donde un supergobierno controla y somete a la población a través del miedo al dolor físico y psicológico. Un mundo absolutamente dictatorial y petado de cámaras donde tu intimidad queda reducida a cero. Saben todo lo que haces. Vigilian todo lo que dices. Es más, modifican el lenguaje para que no puedas tener siquiera pensamientos de descontento o rebelión. Y la verdad queda siempre oculta o camuflada bajo enormes mentiras.

Y sí, sé lo que estás pensando: nuestro mundo no parece dirigirse hacia ninguna dictadura, todo lo contrario. Y, sin embargo, hay rasgos muy importantes del universo de 1984 que podemos reconocer en nuestra sociedad. No hay represión social explícita, pero aparece cuando las cosas se ponen un poquito feas para los poderosos. No hay cámaras de vigilancia en las calles y en las casas puestas por los gobiernos, pero utilizan nuestros móviles para espiarnos. No modifican el lenguaje oficialmente, pero los medios lo manipulan y convierten medias verdades en verdades.

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Ya lo dijo nuestro siguiente protagonista, Aldous Huxley: “Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar”.

Un mundo feliz, la felicidad como somnífero.

El bueno de Huxley publicó esta novela distópica en 1932, pero supo ver como nadie más cuál sería la cualidad humana que los poderosos utilizarían para tenernos sometidos: nuestro infinito apetito por la distracción, que acabaría, explicaba el escritor inglés, idiotizándonos y transformándonos en zombies apáticos. Dándonos placeres, sexo, entretenimiento barato y drogas inocuas entraríamos en un estado de satisfacción que nos alejaría del proactivismo, el pensamiento crítico o el crecimiento personal. ¿Te suena de algo todo esto?

Piénsalo: a Huxley no le preocupaba, como a Orwell, que los gobiernos censurara los libros. Le preocupaba que la gente ya no quisiera leerlos. Como tantísimos de nosotros que hemos cambiado las páginas de buenas novelas por scrollings compulsivos en las redes sociales o programas basura de la televisión —estamos expuestos a un 34Gb de información cada día—. Tampoco temía que los gobiernos ocultaran o manipularan la información. Porque creía que, de alguna manera, en el futuro habría tanta información y tan confusa que la verdad quedaría sepultada. Y esa manera se llama internet.

En definitiva, no tendrían que amenazarnos para apagarnos. Todo lo contrario: nos darían felicidad, lo que más ansiamos. Pero una felicidad de segunda categoría que nos obligaría a convertirnos en autómatas deshumanizados, ignorantes y esclavos. ¿No te parece que este mundo consumista e hipertecnologizado tiene mucho de ese 'mundo feliz' que imaginó Huxley?

El poder del ahora, el despertar humano

Para Eckhart Tolle, autor de la famosísima obra espiritual El poder del ahora, todas las oscuridades del ser humano vienen provocadas por nuestro ego: el ansia de manipular, el hambre de poder, los conflictos bélicos, la intolerancia, la adicción a entretenimientos banales y embobadores... Todo aquello que hace de nuestro mundo en ocasiones un lugar sombrío, todo aquello que podría conducirnos a futuros distópicos como el de 1984 o el de Un mundo feliz procede de esa batalla eterna y planetaria entre billones y billones de egos buscando vencer.

Y despertar de ese sueño nos hará libres, cuenta el autor. Tenga o no razón, es innegable que el mundo está abriendo compuertas nuevas. ¿O no te has dado cuenta de que cada vez más y más personas renuncian a buscar fuera de sí mismas la felicidad para concentrarse en el crecimiento personal y espiritual? ¿O que cada día crece un poco más la conciencia ecológica y las ganas de reconectar con la naturaleza? ¿O que las economías colaborativas proliferan como modelo alternativo al consumismo voraz? ¿O que aumentan las alternativas educativas para crear seres humanos críticos y no robots programados para consumir?

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Quien sabe. Quizá nuestra generación esté llamada a despertar al mundo de la represión, la idiotización y la tiranía del ego. Quizá consigamos hacer del futuro el mejor futuro posible. Quizá el mundo de 1984 y de Un mundo feliz queden confinados para siempre en los márgenes de la literatura. Al fin y al cabo, todo depende de nosotros. Y ganas no nos faltan.