Un experto en drones te explica por qué el Gran Hermano ya está sobre nuestras cabezas

Arthur Holland Michel es codirector del Drone Center en el Bard College, uno de los think tanks más prestigiosos de Nueva York en la materia

Drones llevándote la compra a la nevera a través de tu ventana, desactivando minas en Sudán del Sur o bombardeando aldeas en Afganistán. Estos artefactos voladores son capaces de lo mejor y lo peor. De facilitarnos la vida o de destruirla. Una tecnología que apenas está comenzando a incorporarse a nuestras vidas pero que promete cambiarlas por completo. Desde los que piensan que estos bichos con hélices y alas que son el inicio del Gran Hermano a los que están deseando que Amazon Prime les lleve el desayuno y el periódico a la cama.

Como la mayoría de nosotros no tenemos ni idea de qué será lo próximo en asomarse por nuestros cielos, ni tenemos una idea demasiado formada sobre lo que realmente supone esta tecnología, hemos querido consultar al codirector del Drone Center en el Bard College —uno de los think tanks más prestigiosos de Nueva York a la hora de analizar las normas internacionales respecto al uso de drones—, Arthur Holland Michel, para que nos explique un poco más sobre lo que está por venir y cuáles son los límites morales y éticos que se plantean las cabezas pensantes del sector. 

1. La primera pregunta es más que obligatoria ante la creciente paranoia en torno al uso y desarrollo de estos dispositivos: ¿por qué deberíamos confiar en que esta tecnología será beneficiosa para el futuro?

Simplemente porque nos ofrecen la posibilidad de transportar cosas de una forma mucho más fácil, barata, eficiente y segura que el transporte a cargo de un piloto humano en una aeronave. Si lo que se transporta son cámaras, paquetes de mercancías o bombas es otro asunto. Por ejemplo, un dron puede ser utilizado para realizar vídeos aéreos de increíble calidad con tomas muy cercanas al suelo, en interiores o desde muchísima altura. Prestaciones que antes eran impensables incluso para los profesionales ahora están al alcance de cualquiera y a un precio cada vez menor. Pero no solo son divertidos, también pueden ayudar a prevenir catástrofes: en la actualidad ya hay drones que inspeccionan el interior más inaccesibles de plantas nucleares sin exponer a los inspectores a la radiación. Los ejemplos de ventajas son casi infinitos.

2. De las ventajas nadie dudaría, pero hace poco vimos el atentado fallido con dron contra el presidente venezolano, Nicolás Maduro. ¿Es posible que los drones acaben con nuestra seguridad personal?

Sin duda la seguridad es una de nuestras mayores preocupaciones. En Siria, Irak, Yemen y más recientemente Venezuela, grupos armados han comenzado a utilizar drones para sus ataques terroristas contra objetivos militares y civiles. Por desgracia, a medida que la tecnología avance estos ataques podrán ser más sofisticados y exitosos. Incluso aunque no lleguen a cumplir su objetivo, los ataques con drones tienen un gran potencial para crear pánico. Es por ello que hay un creciente interés en el desarrollo de drones, e incluso enjambres de drones armados, que identifiquen y contraataquen a otros drones utilizando tecnología láser e, incluso, hackeando el dron rival. Pero es cierto que el tema preocupa y que cada vez resultará más difícil de controlar en los próximos años.

3. ¿Es posible hackear uno de esos drones armados hasta los dientes y liarla?

Sí, en teoría todos los drones pueden ser hackeados. Lo que ocurre es que los grandes drones militares —más conocidos como VANT o Vehículo Aéreo No Tripulado— que utilizan países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, España o Israel están protegidos por un potente sistema de encriptación por lo que es casi imposible acceder a su control. Otro hecho importante es que todavía no tienen la capacidad de volar con gran velocidad. Por ejemplo, si fuera hackeado un drone militar de la base norteamericana de Sigonella, en Sicilia, sería derribado mucho antes de comenzar a atacar el núcleo urbano más próximo que es la ciudad de Catania. Así que el riesgo es limitado.

4. A medida que los drones se han hecho de menor tamaño hay mucha gente que se está emparanoiando con esta tecnología y si esta podría, por ejemplo, violar su intimidad, ¿que ocurrirá en el futuro con nuestra privacidad?

Por supuesto si no se realiza un correcto uso de los drones estos pueden suponer una gran amenaza a nuestra intimidad. No se trata únicamente de que cada vez sean de menor tamaño y más silenciosos, sino que además existen drones de mayor tamaño que vuelan a enormes alturas y están equipados con potentes cámaras que pueden ser todavía más intrusivas que una cámara convencional. Además disponen de gran autonomía por lo que la vigilancia puede extenderse durante horas. Es por ello que resulta crucial desarrollar reglas que prevengan este tipo de avisos de igual manera que se está haciendo con la protección de nuestros datos en internet.

5. O sea, que si depende de las leyes ya le podemos decir adiós a la privacidad ‘desde arriba’ en el futuro…

Creo que, en general, todos tendremos muchas menos expectativas de mantener este tipo de privacidad ‘desde arriba’ de igual manera que la presencia de cámaras de seguridad en todas partes nos la ha hecho perder en los espacios públicos. Las entregas a domicilio en dron serán algo habitual, todos los cuerpos policiales o de bomberos usarán sus propios aparatos para vigilar carreteras y caminos e, incluso, los agricultores los usarán para vigilar sus campos y controlar la evolución de sus cosechas. Es por ello que las leyes al respecto y los espacios aéreos deberán estar mucho más controlados. Aunque las aplicaciones para los drones irán tan rápido que siempre estarán a un paso por delante. Ni siquiera podemos soñar con lo que serán capaces de hacer.

6. Después de lo que has contado da la sensación de que Black Mirror se queda corto comparado con lo que se avecina. ¿Tendremos al Big Brother sobrevolando nuestras cabezas?

No lo sé (risas). Quizás ya está aquí y no lo sabíamos. Lo que sí es seguro es que a día de hoy ya hay una gran variedad de tecnologías que podrían acabar con nuestra privacidad. Los drones son simplemente una de ellas y en estos momentos hay muchas empresas privadas trabajando en drones más potentes y con mayor autonomía. Además la tecnología para manejarlos a grandes distancias a través de pantallas de ordenador o para evitar obstáculos está avanzando a pasos de gigante. Es por ello que las fuerzas aéreas de muchos países están invirtiendo en el desarrollo de flotas de drones que actuarán como acompañantes de los aviones de combate.  Supongo que deberíamos estar tan ansiosos como preocupados de lo que está por venir.