Mi experimento siendo totalmente sincero durante 24 horas

Mentimos, todo el rato mentimos. Y quien diga que nunca miente es, probablemente, el más mentiroso.

Yo por ejemplo un día me encontré a mi mismo diciendo que ‘Big Fish’ era un peliculón cuando ni siquiera la había visto. Fue ahí cuando pensé, pero qué falso soy a veces. Entonces me hice la pregunta: ¿qué pasaría si por un día hiciera y dijera lo que me diera la gana? ¿Qué pasaría si fuera transparente?

O sea, decir la verdad sin filtros.

A la cara.

En ese momento lo decidí. Y estas han sido mis 24 horas siendo 100% sincero.

Un día diciendo las verdades a la carita

19:00h. Todavía sigo pensando si es buena o mala idea, pero anuncio mi reto en las redes sociales.

20:01h. Para ser sincero con el resto de personas lo primero es empezar por uno mismo. ¿Qué música me gusta? Si hay grupos que me gustan y que no me da miedo admitir, ¿por qué me debería dar miedo decir que me gusta Sirenas, de Taburete? Por eso mientras iba en el bus creé una lista de canciones que nunca admitiría que escucho, y después la publiqué en mi Facebook. El mensaje que quería dar estaba muy claro: tranquilxs, a todos ons gustan las canciones de mierda.

22:48h. Poco a poco me van llegando las preguntas por Whatsapp y aunque no tengo claro si debo responder o no, me lanzo a la piscina y lo hago. Quizá hay alguien que se pueda sentir herido pero quiero saber hasta qué punto la gente quiere escuchar la verdad. Es muy fácil hacer preguntas pero, ¿es tan fácil aceptar ciertas respuestas?

22:49h. Como era de esperar la persona me manda un mensaje privado pidiendo explicaciones al respecto. Soy 100% sincero y le explico que no me cae mal pero que por ciertos motivos, me pone nervioso. Intento ser cuidadoso con las palabras porque, al final, ser sincero no está reñido con no querer herir a los demás. Finalmente lo entiende.

02:00h. De casa salimos a beber a un bar. Mientras pienso en la que se me viene encima, me doy cuenta por primera vez de lo difícil que es ser sincero. No quiero estar allí, no quería salir de casa, pero entre distracciones no me da tiempo a pensar en qué es lo que realmente me apetece. Aunque parezca contradictorio, hemos llegado a un punto en el que nos tenemos que esforzar para hacer lo que realmente queremos hacer. Nuestro cerebro se deja llevar y acepta situaciones que no quiere solo por el hecho de gustar a los demás, porque es lo correcto o lo que toca. Descubro que ‘lo que toca’ es escucharse para no ir por la vida en piloto automático.

02:05h. No me acabo la cerveza, cojo mis cosas y me voy sin avisar a nadie. A los cinco minutos recibo un mensaje que dice que por qué me he ido. Respondo que simplemente no me apetecía estar ahí y me siento aliviado.

03:15 Antes de dormir contesto a las últimas preguntas. Reflexionando un poco me doy cuenta de que la mayoría de ellas tienen que ver con la homosexualidad. Me pongo un poco serio porque me parece triste que en pleno 2018 esto sea un tema recurrente sobre el que hacer bromas.

11:00h Me despierto y tengo algo de miedo de ver en qué ha derivado todo esto. En general, me encuentro gente con muchas dudas sobre mí, pero sigo contestando sin problema.

11:45h  Voy a ver un piso sabiendo que el precio es demasiado caro. Cuando lo veo, lo confirmo. Es caro para los 40 metros cuadrados en los que se supone que he vivir. Me lo enseñan en diez minutos, como si el chico tuviera un montón de prisa por irse. Estoy cruzando la puerta de la entrada cuando me giro y le digo: es una vergüenza que os tenga que pagar más de 1.000 euros por esto.  Discutimos y me voy de esa casa. Me he puesto nervioso pero en frío me doy cuenta de que es lo mejor que podía haber hecho. He luchado por mis derechos y por los de todos esos jóvenes como yo que a día de hoy tienen que vender un riñón para poder irse a vivir solos.

16:30. Noto en mí algo liberador. Responder y ser honesto es un ejercicio que debería hacer todo el mundo. Aparece una chica con la que hace un tiempo que no hablo pero con la que la relación se hizo un poco tóxica. Respiro hondo y me lanzo.

17:30h. Subo al taxi que me va a llevar a casa de un amigo. Allí, en la radio suena Stand by Me y sin ningún tipo de miramiento, le digo que por favor suba el volumen, que me apetece cantar. La taxista se ríe. Sube el volumen. Como si de un programa de James Corden se tratara. Suena My Girl de The Tempations. Cantamos más alto.

19:35h. Dejo la casa de mi amigo para irme a la mía. Ahora me apetece ir andando y me pongo la música de siempre. De camino a casa me acuerdo de ella. No me niego el impulso de ser sincero como hubiera hecho otras veces así que mientras escucho ‘About Today’ de The National, saco el teléfono de mi bolsillo y escribo: ‘Me he acordado de ti.’ En ese momento descubro que soy yo sin filtros y en lugar de sentirme desprotegido, pienso que a veces es bonito y necesario mostrarse como uno es. Sin juegos y sin estrategias.

19:37h. Me doy cuenta de que todavía tengo que ser sincero durante 23 minutos. Me pongo la lista que creé el día anterior. Tiene 45 me gusta. Parece que la gente agradece la sinceridad.

Conclusiones –post-sincericidio

Hemos llegado a un punto tan extremo con esto gustar a los demás que casi siempre nos olvidamos de nuestra propia felicidad. Tres preguntas son básicas: Qué quiero yo, cómo lo quiero, en qué momento lo quiero.

Vivimos la vida en automático, hacemos lo que tenemos que hacer y decimos lo que se supone que tenemos que decir.

Es absurdo pensar que la persona que acabo de conocer no quiere cantar eso de “Oh darling darling staaaaaand by meeee”.

El rechazo es una barrera ficticia que nos auto-imponemos. Pocas veces te van a rechazar por ser como eres si la persona es importante. Si no es importante, no merece la pena mentir para caerle bien.

Ser sincero es liberador.

Así que, tras este tiempo solo puedo dar un consejo: Sed transparentes, pensad en vosotros mismos. Disfrutad de la filosofía #NothingToHide de Absolut y desnudémonos para demostrar que no tenemos nada que esconder.