Así son las exparejas que comparten la custodia de sus 'perrhijos'

Me encantan los animales y en concreto amo a los perros, aunque también adoraría la presencia felina si no fuese por la tremenda alergia que me dan. Es cierto que, cuando se te muere una mascota, puedes sentir el mismo dolor que por una persona y que el vínculo emocional que se crea hacia estos peludos adorables es inconmensurable. Sin embargo, llevo observando en mi entorno que el tema de los ‘perrhijos’ y ‘gathijos’ está llegando a límites insospechados.Resultado de imagen de dog son gif

Antes no era tan extraño ver a señoras mayores, cuyos perros jamás salían a la calle si no era en un bolso Louis Vuitton con ridículos vestiditos, cómo se ‘comían la boca con su bebé’ sin ningún miramiento. Este tipo de conductas eran propias de gente excéntrica que dejaba como único heredero de una fortuna millonaria a su gato o el futuro rey de Tailandia, quien nombró a su caniche Foo Foo como mariscal jefe del Ejército del Aire país. Ya sabemos que estas locuras vienen desde tiempos de Calígula, pero el problema es que ahora estos desvaríos están cada vez más presentes entre nosotros, los ‘ciudadanos de a pie’.

 Algunos lo negarán o no lo querrán ver, pero he sido testigo de cómo una pareja de amigos míos dejaba a su gato el mejor baño de la casa para hacer sus necesidades. Sí, un nivel tipo Gafe —el famoso gato de De Niro en Los padres de ella— que aprendió a tirar de la cadena. Colegas que no salen de casa por miedo a dejar a su perro solo cino minutos. Instagrams plagados de mascotas que se comportan y viven mejor que muchos —he llegado a ver mapaches que se sientan a comer en la mesa y son fans de grandes marcas o chinchillas que toman el té— ¿Qué nos está pasando, estamos sobrepasando ciertos límites?

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Tienen su propio facebook, ‘celebran’ sus cumpleaños o tienen más ropa y juguetes que cualquier niño de este mundo. Personas que romperían una relación, si a su pareja se le ocurre regalarles un viaje a Cancún en el que no se incluya un pasaje para su perro Pichi o si tu gato bufa incansablemente cada vez que él/ella aparecen por la puerta. La tendencia de muchos millennials de suplir hijos humanos por ahijados peludos es maravillosa y respetable, pero ¿es sano para nuestro coco y para el del perro tratarlos como personas? Porque, aunque fuesen hijos, muchos estarían malcriados. De hecho, muchas parejas jóvenes viven verdaderos dramas de separación a consecuencia de, no solo la ruptura, sino la ‘batalla por la custodia’. Es probable que en un futuro próximo los tribunales tengan que abrir una sección que solo se dedique a este altercado. 

Rosa, enfermera de 28 años, llevaba dos años viviendo con su pareja y dos perras que adoptaron en común hasta que decidieron separarse y tuvieron que ponerse de acuerdo sobre quién de los dos se quedaba con ellas. “Runa era mía y Lola era de mi novio, pero al separarnos teníamos claro que no las podíamos separar. Al final me las quedé yo, pero él viene todos los días a sacarlas cuando yo estoy en el trabajo y se queda con ellas muchos fines de semana. No le puedo prohibir verlas, son sus niñas”, explica.

Un caso parecido le ocurrió a Teresa, periodista de 30 años. Ella y su perro se mudaron hace tres años con su novio, pero por cuestiones de trabajo se tuvo que mudar de ciudad y la relación se rompió, al final fue él quien se quedó con el perro. “Al principio fue durísimo, echaba de menos todos los días a mi perro, pero no podía cuidarlo. Carlos se ha hecho cargo de él y se lo agradezco mucho, aunque solo mantenemos un trato cordial por el perro”, asegura con cierta nostalgia. 

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Por su parte, la veterinaria y educadora canina en Natural Gos, Mariona Monrós, opina que la verdadera raíz del conflicto está en humanizar a nuestras máscotas .“Uno de los principales problemas que nos encontramos en etología clínica es que nos olvidarnos de que nuestros perros son perros, con unas necesidades biológicas e instintivas propias de su especie: correr, olfatear, jugar con otros perros, cazar, pastorear o incluso —aunque nos desagrade—refregarse con un excremento o animal muerto que se encuentren. Por muy chic y maravilloso que sea el perfume que has comprado a tu mascota, preferirá embadurnarse en excrementos de oveja”, indica la experta.

Además, Monrós asegura que "aunque son animales sociables que se han adaptado maravillosamente a la convivencia entre humanos, hacen falta límites a la hora de educarlos". Por tanto, otro de los problemas es que "la gente suele confundir mimar con malcriar", ya que a veces las demandas de cariño se acaban convirtiendo en exigencias que les llevan a tener malos comportamientos o les convierten en “individuos intolerantes a la frustración, propensos a las rabietas e incompetentes sociales”.

“Ese gato tenía más caprichos que yo. Se apalancaba en el sofá y mi novia me echaba la bronca cada vez que se me ocurría hacer el mínimo comentario sobre su adorado gato o un reproche por lo mal educado y consentido que estaba. No es normal”, asegura Marcos, sonidista de 31 años, quien tuvo que convivir bajo una ‘dictadura gatuna’ durante cuatro años hasta el fin de la relación y gastó un dineral en kleenex y antihistamínicos debido a su alergia.

Poner límites a nuestras mascotas no es malo, incluso cuando te ponen de cachorros esa carita adorable e irresistible o esos ojillos de El Gato con Botas. “Muchos de mis clientes me preguntan si permito a mis perros subir al sofá, y mi respuesta es siempre la misma: “sí, me encanta que suban al sofá, me encanta dormir con ellos una siesta”. Pero si un día no pueden porque hay un invitado, les pido que bajen y lo hacen sin ningún tipo de conflicto”, explica nuestra veterinaria. En esta misma línea, el psicoanalista, Román Pérez, del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya, sentencia: “Son parte de la familia y, es cierto, que se pueden crear vínculos de apego muy fuertes hacia ellos, pero se les otorga un lugar completamente antropomórfico”.

El especialista cree que, en ocasiones, se proyectan sobre el animal traumas y carencias propios o tenemos problemas de identificación con nuestras mascotas, así como a la hora de interpretar ‘en qué están pensando o necesitan’. Muchas de estas lecturas son más locas y descabelladas de lo que en realidad son. “Cuando tenemos estas conductas con nuestros animales, debemos tener en cuenta que algo no va bien y que puede ser un fenómeno que externaliza un mal funcionamiento”, apunta Pérez.

Por ello, si tu ‘bebé’ tiene un armario más grande que Sarah Jessica Parker, sigue una dieta que ni el mismísimo Cristiano Ronaldo, sus cumpleaños tienen más invitados que la ‘quinceañera’ de Rubí o pasas horas hablando solo con él, puede que tengas un problema. Así como si tus conversaciones o redes sociales están dedicadas en un 90% a tu mascota, es posible que Puffy acabe siendo el único beneficiario de tu herencia.