Españoles que viven en Nueva York cuentan por qué no es un lugar donde querrías vivir

Nueva York es la ciudad que nunca duerme. La de los rascacielos, las grandes avenidas, la de Broadway y Central Park, el escenario de miles de películas. El lugar que la mayoría queremos visitar al menos un vez en la vida. Pero ten clara una cosa: no es lo mismo visitar Nueva York, que vivir en Nueva York. Tras las millones de luces cegadoras y los enormes edificios se esconde la verdad: una metrópoli sucia, ruidosa, estresada y tremendamente exigente en la que la basura inunda las aceras, las ratas campan a sus anchas y comer sano es prácticamente un lujo.

Uno de los primeros problemas que te encontrarás a la hora de mudarte a Nueva York es, lógicamente, encontrar piso. Aunque, si te lo montas bien, podrías ser una afortunada y vivir tu American Dream como Laura Ahrens. Esta canaria de 31 años vive con su marido neoyorkino en un piso en propiedad y ¡no pagan alquiler! Sin embargo, cuenta que "en los barrios más periféricos como: Queens, Harlem o Bronx los precios son más baratos, aunque el precio semanal de un piso es lo que pagaría mensualmente en Canarias por un apartamento”.

Menos suerte tiene Gara Melo que se instaló hace 6 meses en NY gracias a una beca para estudiar cine. No dispone de visado de trabajo por lo que sus ingresos son modestos y ha tenido que buscarse un techo en la periferia."Hay habitaciones compartidas que no están mal por unos 700 dólares en Staten Island, pero están muy lejos", afirma la futura cineasta. Con esos precios, plantearse vivir en Manhattan se convierte, directamente, en un IMPOSIBLE. Un modesto estudio puede rondar los 2000 dólares. Además, si buscas piso en una inmobiliaria, tendrás que demostrar que tu salario anual es 40 veces el precio del alquiler del piso.

En Nueva York todo es enorme, podría decirse que abrumador. "El exceso se produce en todo: cantidad de gente, de basura, de dinero, de comida, de falsedad, de simpatía, de distancia", cuenta la estudiante. Todo esto unido hace que te sientas un actor de reparto en una de esas escenas de Hollywood en plan ir en taxi y quedarte atrapado en medio de un atasco. "Miles de personas entran y salen en coche a la misma hora por solo unos cuantos puentes que rodean la isla", afirma Marc Cebrià, actor y trabajador de la industria de la moda que reside desde hace cuatro años en New York. Así que las típicas escenas de persecución en plena 5ª Avenida a grito de "¡siga ese coche!" son un FAKE de los buenos.

Por eso, la opción más popular para moverse por la ciudad es el metro. Debido a lo caro que sería utilizar cualquier otro transporte, Gara lo usa prácticamente a diario por lo que explica que "el metro no es nada puntual, en la mayoría de los casos no hay letrero que te indique cuándo llega cada metro, así que puedes estar hasta 20 minutos esperando". Virginia López, periodista de 30 años, también lo coge a diario y asegura que "el abono mensual cuesta 116,50 dólares y es muy fácil de amortizar ya que cada viaje te cuesta 2,75 dólares. Además funciona las 24 horas".

Con tantas personas alrededor, ¿es fácil 'rozarse' y hacer amistades? Pues no, los neoyorquinos son competitivos por naturaleza y llevan la necesidad de éxito en la sangre. "Van al trabajo a triunfar, porque todo el mundo quiere ser el mejor", afirma Marc. Conocer gente no es complejo, sin embargo, para Virginia "es difícil conocer auténticos neoyorquinos, es más fácil con la gente de fuera, es muy abierta y está siempre dispuesta a hacer amigos porque están solos allí o lo han estado cuando llegaron."

Como decía, NY es la urbe de los extremos y eso se refleja en su oferta de restauración. Los mejores chefs del planeta tienen su propio restaurante allí, también hay miles de bares y puestos callejeros de fast food donde reventar tus arterias de grasa con unos pocos dólares. "En mi universidad, dos porciones de pizza valen cuatro dólares, el pollo frito cinco dólares y una ensalada ocho dólares" explica Gara, la aprendiz de cine.  Enhorabuena, si tus recursos económicos están tan limitados como los suyos... te vas a hinchar a comida rápida.

Los habitantes de la Big Apple recurren asiduamente a mercadillos ambulantes de frutas y verduras, que son más baratos que los hipermercados. Pero, aunque podría parecer que comer fast food es la única opción, Laura tira por tierra el mito de que allí son todos tirando a gordos. "Hay una gran cultura muy arraigada de alimentación ecológica, batidos verdes y gimnasio", explica la canaria.

A todo esto hay que añadir el sablazo de las propinas que, si bien en España son agradecimiento por el buen servicio recibido, allí son prácticamente obligatorias. Como aclaran en nuevayork.com, lo normal es dejar entre un 10% y un 20% de propina cada vez que consumes algo en un bar o restaurante. Si algunas vez reúnes el valor de no dejarles bote te echarán una maldición gitana para ti, tus hijos y tus nietos. De hecho, para Laura el tener que "calcular en cada sitio la propina que debo dejar" es un auténtico y verdadero coñazo.

¿Vais haciendo cuentas de lo caro y estresante que resulta vivir en Nueva York? Aún así, siempre hay que tener algo de cash para el ocio. Aquí es imposible desmitificarla, es la ciudad que nunca duerme y se ha ganado el título a pulso, siempre hay cosas nuevas que visitar, probar y hacer ¡y muchas gratis! De hecho, para Laura su Biblia neoyorkina es la revista Timeout donde encuentra free plans como "correr por el Hudson River, ir al New York Sports Club, ir a clases de taekwondo...”

Pero no te hagas líos, que también hay planes caros, ¡muy caros! El alicantino explica que "si quieres ver un musical en Broadway, prepara 60 dólares como mínimo para la entrada más barata". Y la apasionada por cine ve ilógico que "una entrada para una película valga entre 14 y 15 dólares ". ¿Por qué te crees que allí lo petan plataformas de vídeo en streaming como Netflix y HBO?

Cuando caminas por las calles, debes esquivar basura, cucarachas e indigentes.

Como lo estás leyendo, resulta realmente frecuente ver montañas la basura amontonada y sin reciclar en las principales avenidas de la ciudad por muy glamurosas que puedan parecer en las películas. También te podría pasar como a Virginia, que flipó más que Pocahontas en la ciudad, cuando un buen día vio "mapaches hurgando en las bolsas de basura que hay en la puerta de las casas"El olor, las ratas (eldiariony.com afirma que hay más de 2 millones de ratas) y las cucarachas generan una sensación nada 'cuqui' que atrae a todo tipo de bicho peludo a la ciudad.

Por si fuera poco, la tasa de indigencia es altísima: más de 60.000 personas sin hogar inundan las calles de Nueva York. Así resulta fácil entender por qué Marc afirma que "casi todo el mundo que llega por vez primera coincide en lo mismo: está vieja, dejada, sucia, calles rotas, el metro da asco y hay basura y vagabundos por todas partes. Nada que ver con lo que vemos en las pelis." De hecho, un conocido periódico gratuito la definió como "La ciudad más sucia de EEUU".

Como toda gran capital, tiene sus luces y sus sombras que condicionan el estilo de vida de las personas que la habitan. París, Londres, Madrid o Tokio, siempre ocurre igual, urbes inabarcables que pueden llegar a asfixiar o dar la vida a partes iguales. Esto Marc lo tiene clarísimo: "ningún inicio es sencillo, pero Nueva York no facilita en absoluto que te sientas parte de ella". Las circunstancias de cada persona, y su bolsillo, condicionan en gran medida la manera de vivir NY. No es lo mismo hacer malabares económicos para sobrevivir en la ciudad que nunca duerme, que tener dólares de sobra para disfrutar de su magia. Pero, sin duda, lo más importante es que, independientemente de tus circunstancias personales, vivas New York como el marco inigualable en el que aprender ese tipo de lecciones que te acompañarán de por vida.

Laura y su marido de paseo en Central Park.