El error que provocó que una versión erótica de Caperucita Roja acabase en 283 escuelas

"Pero no le dije abuelita, qué boca tan grande tienes, porque la que se lo iba a comer era yo. Lo besé", aseguraba esta versión para adultos de la Caperucita roja

“Me estiré como un gato y le ofrecí el cuello. Abuelita, qué nariz tan grande tienes. Se metió en él y aspiró: es para olerte mejor”. Así empieza el relato Caperucita se come al lobo. “Y fui cerrando la distancia entre mis labios y sus labios, pero no le dije abuelita, qué boca tan grande tienes, porque la que se lo iba a comer era yo. Lo besé. Le metí la lengua como una serpiente. La saqué. Le desaté la levantadora y le bajé la cremallera de los jeans. Le cogí la…” y hasta aquí han querido leer los locutores de Radio Ambulante, comentaristas de este libro.

Es la versión 50 sombras de Grey del famoso libro infantil. Un relato erótico que, como tantos otros, reinventan la cultura popular para ofrecer un approach sexual y crear literatura pornográfica. Nada fuera de lo común… si no fuera porque el contenido de este libro lo descubrió un niño de unos 12 años en un libro que encontró en la biblioteca de su colegio, en Río Bueno (Chile).

Pilar Quintana | Literature Wiki

El niño estaba buscando un libro en su cole y se encontró con una carátula rosa y blanca con una chica de apariencia inocente tumbada en el suelo. Parece un libro antiguo, de los años 50. Además, la mención a la Caperucita roja le hace pensar que son cuentos clásicos. Pero no, y empezó una polémica que se convirtió en viral en todo el país.

El niño llevó el libro al administrador de la escuela. Lo leyó, se escandalizó, y lo llevó al director. Lo mismo, y decidió llevarlo al alcalde, que lo denunció al Gobierno. Descubrieron, pues, que el Ministerio de Educación había enviado ejemplares a 283 escuelas de primaria por todo el país.

En medio de la polémica, el la autora, Pilar Quintana, no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo. Su editor la avisó justo antes de que todo se fuera de las manos. Y ella sin saber por qué. ¿Cómo había llegado ese libro a las bibliotecas de escuelas para menores de 12 años? Según explicaron después, fue por un error humano en el Ministerio. Y claro, como la editorial iba a ganar dinero con una tirada tan grande de libros no dijeron nada.

Portada de 'Caperucita se come al lobo'

Más allá de la anécdota, graciosa, hay algunas lecciones sobre las que reflexionar. La primera, que Pilar y el editor del libro fueron acosados hasta la saciedad. “Cada diez minutos sonaba el teléfono”, “recibíamos correos en la editorial como si fuésemos los esbirros de Satanás”, “lo que había llegado era que un grupo casi terrorista había creado un libro”, recuerdan.

Pero la historia no se quedó aquí, se volvió un tema político porque el gobierno de entonces (2015), presidido por la socialista Michelle Bachelet, quería hacer cambios a favor del feminismo y la igualdad, y este incidente fue leído por la oposición como un paso premeditado. Lo escandaloso fue que todos se quejaban de que hubiera escenas sexuales, pero no de que uno de los cuentos fuese protagonizado por un hombre que violaba a su hija de 13 años y que estaba escrito desde su punto de vista, en el que él asegura que ella quería.

El editor lo achaca a “que hay una oposición en Chile que está muy ligada al conservadurismo profundo. Hay una derecha extrema que se opone a todo tipo de modificación y avance en lo que respecta a ciertas cosas que pudieran ofender a la moral y las buenas costumbres”. La autora coincide y cree que el revuelvo se debe a que hay mucha preocupación por lo sexual y por lo libertino y que es un reflejo de la sociedad patriarcal que no sea igual de polémico que se muestre una violación tan explícita, además, cuestionando el rol de la víctima.