Usar emojis te está haciendo un poquito menos inteligente

Antes de poner una sonrisa, piensa si podrías decirlo con una frase

Cuando nos comunicamos usamos dos cosas: la razón y las emociones. Cuando estamos tranquilxs, podemos reflexionar de forma pausada, elaborar lo que vamos a decir y exponerlo inteligentemente. Sin embargo, cuando vamos deprisa y corriendo, nos contentamos con una expresión más arrebatada, nos arriesgamos a meter la pata y a tener que corregir.

Para decir algo complejo, para asegurarte de que eres tú realmente quien habla o cuando sientes que estás ante un momento decisivo, te tomas tu tiempo. Una entrevista de trabajo, una ruptura (en el mejor de los casos) o la exposición de las conclusiones de un trabajo de la universidad necesitan reflexión. Por el contrario, si te indigna la declaración de un político, si te chocas con alguien por la calle o si te lo pasas muy bien en un concierto, las respuesta es emotiva, menos pensada y más directa.

Para esto segundo, cada vez más, usamos emojis. Van directos al grano, nos ahorran palabras, pero abusar de las emociones, según advierte un artículo de Psychology Today, hace que nuestra capacidad crítica. A continuación explicamos los sentidos en los que las emociones eclipsan tu forma de pensar, así que un buen ejercicio puede ser: antes de usar un emoji, piensa si no lo podrías decir mejor con una frase. Son cuquis, pero con moderación.

1. Mentalidad cerrada. Los sentimientos fuertes crean una especie de "túnel" por el que miras el mundo y te impide tener una visión más amplia de las cosas. Por esto, los políticos intentan apelar a nuestras emociones, para centrar nuestra atención y evitar que miremos otras opciones. Esto también nos hace mirar más a corto plazo que sopesar opciones para el futuro y alternativas.

2. Ir directo a las conclusiones. Cuando estás agobiado, intentas salir del paso como sea, eso te ahorra problemas, pero también matices y elementos que pueden ser importantes para tu decisión.

3. Desvía tu atención. Te ocupas de esa emoción que te atrae en un momento dado y te olvidas de procesar la información. Por ejemplo, explica el artículo, si tienes la autoestima baja y alguien te halaga un momento, te pones tan feliz que te olvidas de pilotar la situación.

4. Te contagia las emociones. Como en las manifestaciones o los cumpleaños, cuando todo al mundo a tu alrededor siente algo, a ti se te pega y se te olvidan tus problemas. Y al revés, si estás con alguien muy nervioso, también te puede llegar a pegar tu ansiedad. Que se te contagien las alegrías, claro, es bueno, pero en general esta porosidad de los sentimientos es es perjudicial para tus razonamientos.

5. Nos sugestiona. Si un día de sol tienes más tendencia a dar propinas o a ser simpático con tus compañeros de trabajo, deberías estar alerta de cómo te afecta el entorno para tomar decisiones importantes y para argumentarlas.

6. Te impulsa a culpar. La autocrítica es la madre de todas las ciencias. Sé capaz de tomar distancias para mirar qué puedes hacer tú para mejorar las cosas. No eches las responsabilidades fuera porque es impulsivo y no sirve de nada.

7. Te modifica la percepción temporal. Los sentimientos (el aburrimiento, la felicidad) te hace sentir que el tiempo se expande o se contrae, así que cuidado con bajar la guardia.

8. Proyección. Cuando te comes la cabeza y te imaginas castillos en el cielo también es fácil que tomes decisiones equivocadas. Psychology Today llega a citar la elevada tasa de suicidio que hay entre los adolescentes se debe a que no son capaces de discernir que su sufrimiento es temporal y que pueden salir de ahí.