¿Estarías dispuesto a presentar tu DNI para ver porno en internet?

El gobierno del Reino Unido ha acordado instaurar el próximo abril una ley que cambiará las reglas del consumo pornográfico en internet

Aquellos viejos tiempos en que los jóvenes amantes del porno debían transitar los arduos caminos de la prohibición y de la vergüenza para comprar una mísera revista pornográfica están a punto de resucitar. O al menos en el Reino Unido, donde las fuerzas políticas han acordado instaurar el próximo abril una ley que cambiará las reglas del consumo pornográfico en internet: quien quiera echar el rato viendo un misionero, un inverse gangbang o cualquier otra escena sexual en alguna página porno deberá acreditar su mayoría de edad usando su DNI o comprando tarjetas de autorización en tiendas físicas.

La medida, sabor Orwell en nuestros paladares millennials y centennials acostumbrados a catar porno con la facilidad con la que saboreamos aceitunas de la nevera, tiene buenas intenciones: salvarnos de la pornosexualidad que envenena nuestras generaciones. España, por ejemplo, ocupa la 13º posición en el ranking de países que más porno en línea consumen, según datos de Pornhub. Y del total de masturbadores y masturbadoras adictos al porno de nuestro país, hasta un 38% son jóvenes de entre los 25 y los 34 años. Con diferencia, los más pornfriendly del país. Y sí, nos está pasando factura.

Así que para prevenir que los adolescentes prueben las mieles del porno y vean maltrechas sus expectativas sexuales, el gobierno británico ha ordenado a la British Board of Film Clasification, responsable de censurar pelis y videojuegos, regular el acceso a webs cuyo contenido porno supere el 30%. Ya no bastará con el ridículo trámite de darle 'sí' cuando la página te pregunta si eres mayor de edad. Habrá que pasar, como nuestros padres, por los arduos caminos de la prohibición y la vergüenza: vincular tu DNI al visionado o pedirle cara a cara a un dependiente la tarjeta de autorización.

Las intenciones son buenas, pero las maneras no. En primer lugar, porque supone una violación de la privacidad de los usuarios. Adiós tranquilidad, adiós intimidad. En segundo lugar, porque podría motivar a los menores a buscar vías alternativas ilegales para acceder a ese contenido, como comprarle las tarjetas de verificación a adultos por precios superiores. Y tercero, y más importante, porque las medidas encaminadas a proteger la salud sexual juvenil deberían venir por otro lado: educación, educación, educación y más educación sexual en las instituciones escolares. Menos prohibir. Más guiar.