El discurso del "hombre hecho a sí mismo" es el mayor engaño del capitalismo

El capitalismo ha desarrollado un discurso basado en el sacrificio individual que tiene muy poco que ver con la complejidad y multiplicidad de factores del mundo actual.

¿Te has hecho ya a ti mismx? Porque si tu respuesta es que no, no sé a qué esperas. Porque eso es cremita, porque eso es lo que hace toda la peñita con swag. Y si hace falta se montan una start-up, construyen una casa, reforestan un bosque junto a un lago y engendran una prole idílica y mucho mejor que cualquier otra cosa que hayas podido soñar desde tu sofá y tu manta. “¿Qué cómo lo conseguí?” te dicen cuando les preguntas por todo eso, cegado por su brillo “pues lo conseguí. Yo es que me hice a mí mismo”. El mito del hombre hecho a sí mismo, la cosa más respetable (respetabilísima) del mundo. Y yo llega un punto en el que no sé si esta gente habrá brotado espontáneamente de la tierra o qué (que quizás sí). Líbreme Dios o alguien de similar autoridad de decir que no tiene mérito. Lo que igual no tiene es tanta base.

El sabor de la libertad

Hubo momentos de la historia en los que diversos pensadores defendieron el uso de la libertad. Y lo hicieron de una forma tremendamente necesaria, puesto que por aquellas épocas era delito cualquier cosa que no fuese trabajar 16 horas sin apenas emitir un suspiro de desolación. Así, John Locke fundó el liberalismo económico como una manera de enfrentarse a la monarquía absoluta británica. Stuart Mill, pasó a justificar la necesidad de que haya libertad de opiniones porque la religión y los regímenes absolutistas no eran tan transparentes como podía parecer. Y Adam Smith, padre intelectual del capitalismo, defendió el libre mercado como una forma de oponerse al mercantilismo (que era cuando un Estado absolutista y sus Reyes intervenían totalmente la economía para quedárselo casi todo).

Un poco la idea de estos tres individuos era la de preguntarse: “oye, todos esos monarcas se están acostando con sus primos y primas y aún por encima tienen fortunas abusivas y yo estoy comiendo pasta con tomate... ¿por qué se supone que no puedo quedarme yo con un poco de esa pasta?”. Una pregunta bastante oportuna.

El mito de la autosuficiencia

Todo lo anterior podemos enmarcarlo dentro de la época pre e industrial, ¿qué pasa con la era post-industrial? Es decir: nuestra época. En uno de sus muchos raptos de genialidad, Bauman, un famoso sociólogo del siglo XX, escribió que “los hombres y mujeres de hoy en día ya no tienen a nadie a quien culpar por sus éxitos y fracasos”. ¿El motivo? Que el tejido y la estructura social clásica se pierde, o por lo menos se camufla. Tú si eras un obrero en la Inglaterra del siglo XVIII, bien sabías quién era el malnacido que te hacía trabajar tantas horas y te pagaba una miseria. ¿Pero cuánta gente sabe quién es su jefe realmente ahora? ¿Es tu superior, tu manager, tu supervisor de sala o quién? ¿Quién es el ‘malo’ aquí?

Al desaparecer o camuflarse los actores sociales básicos, sucede lo que dice Bauman, no hay a quién responsabilizar. Y entonces hay algo que cambia: aparece una idea muy famosa: la de que “si quieres, puedes”. Porque, si no hay culpables, tampoco hay ataduras ni limitaciones. Es decir: tienes las condiciones materiales para hacerlo, así que si no lo haces es, sencillamente, porque no quieres.

La zanahoria delante del burro

Steve Jobs empezó con un portátil en un garaje (o algo así, no sé bien). Es el clásico ejemplo de superación entrepreneur de quien pasa de ser un tipo estilo chatarrero casi-vagabundo a convertirse en poco menos que un dios en la tierra gracias a una idea y al trabajo duro. No estoy dudando del bueno de Jobs ni estoy diciendo que existan casos de verdaderos prodigios o de gente con una voluntad de hierro que se propone algo y que, finalmente y tras muchos sacrificios, lo consigue. Pero digamos que esta es una mentira que conviene creer.

Ya sea por tu entorno, o por tus condiciones materiales, no siempre puedes llegar hasta donde quieras, y lo más probable en la mayoría de casos es que no lo hagas. Porque realmente de ti depende mucho menos de lo que piensas. Es como la famosísima frase de Ortega y Gasset, de “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella tampoco me salvo a mí”. Al final, el problema del mito del “hombre hecho a sí mismo” es el de que, por desgracia, esto no sucede así. Herbert Mead, un importante sociólogo, diría que el ambiente social en el que uno crece, determinará de forma profunda su personalidad y su misma naturaleza. Ya no es solo que tu circunstancia te genere unas condiciones determinadas (crecer en una zona empobrecida), es que tu propio entorno te va a hacer ser de una u otra forma. Y te va a dar unas posibilidades u otras.

¿Y qué significa esto? Pues que, llegues a donde llegues, siempre le vas a deber algo a alguien o a algo. Ya sea formación, dinero, aptitud o cualquier otra cosa que pueda ser un medio para conseguir un fin que te habías propuesto. Seguro que alguna vez te ha saltado en Insta los anuncios de gente en coches que serán de sus padres y que te dicen que tú también puedes ser rico si les compras un curso online. Si ese mito se mantiene es porque realmente ayuda a la gente a forrarse; pero a los que lo cuentan, no a los que lo escuchan.