Descubre con la escala de Kinsey cómo de homosexual o heterosexual eres

Es la forma más aceptada hasta el momento para establecer en qué punto te encuentras entre los siete grados que existen entre la homosexualidad y la heterosexualidad más completas

“Tío, soy exactamente igual de homosexual que de heterosexual”. Con una sonrisa de oreja a oreja y gesto de satisfacción, mi compañero de curro Álvaro, un chaval supercreativo de 22 años, celebra su resultado en un test online de la escala de Kinsey. Este cuestionario, a base de preguntas concretas sobre tus apetitos sexuales, es la forma más aceptada hasta el momento para establecer en qué punto te encuentras entre los siete grados que existen entre la homosexualidad y la heterosexualidad más completas.

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Lo realmente flipante es que, en apenas cinco minutos antes, yo mismo había realizado el test para darme cuenta de que, a mis 34 añazos recién cumplidos, era heterosexual cerrado. Vamos que mi atracción por otros hombres era igual a cero. Pero, ¿qué ha pasado para que dos mileniales con apenas una década de diferencia tengamos posiciones tan diferentes? ¿El resultado es una simple coincidencia o hay algo más? Pues bien, si algo parece estar quedando más claro cada día es que cuanto más joven menos tendencia tendrás de identificarte con una orientación sexual.

Cada vez somos más ambiguos

La primera evidencia en este sentido la arrojó el informe de la agencia de previsión de tendencias J.Walter Thompson Innovation Group que determinó que el número de jóvenes de la Generación Z — los que tienen entre los 13 y los 20 años en la actualidad— que se declaraban heterosexuales era del 48% mientras que entre los miembros de la Generación Y —los de 21 a 34 años— esa proporción correspondía al 65%. De hecho, dentro de la escala de Kinsey, más de un tercio de los jóvenes se identificó con alguno de cinco los niveles que indican un cierto grado de bisexualidad. 

Este resultado podría ser bastante revelador por sí mismo, pero si entendemos el funcionamiento de la escala de Kinsey y lo que aportó en el momento de su creación —mediados de s.XX—, las implicaciones de los resultados podrían denotar una tendencia mucho más compleja. “Kinsey enseñó al mundo que esa idea que tenían de que somos heterosexuales o homosexuales no era así. Fue entonces cuando comenzó a tomar importancia la bisexualidad y otras opciones que aportaron infinidad de grises a una concepción de la sexualidad que hasta entonces era de blanco o negro”, explica la sexóloga y coach de pareja, Núria Jorba.

Por primera vez la monosexualidad quedaba desplazada por la diversidad y se reconocía que, en mayor o menor medida, la mayoría de las personas tenían un grado de bisexualidad en sus comportamientos sexuales, de ahí que existiesen siete grados diferentes más un grado ‘x’ para los asexuales. “El porcentaje de personas que se sitúan en los extremos de la escala es muy pequeño y que la mayoría de la gente se sitúa en algún lugar intermedio de esa escala con, por ejemplo, un 20% de heterosexualidad y un 80% de homosexualidad y a la inversa”, apunta Jorba.

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Una cosa es lo que se dice y otra...

Sin embargo, si hay algo que los cuestionarios de Kinsey dejaron en evidencia, y que quizá sea la explicación por detrás de las diferencias abismales entre generaciones, es el hecho de que las personas mienten diariamente sobre sus orientaciones sexuales para ser más aceptadas en la sociedad. “Las entrevistas estructuradas con voluntarios que hizo el biólogo comprobaron que lo que contaban sobre su sexualidad no tenía que ver con lo que en realidad sentían o preferían esas personas”, apunta Jorba quien cree que este tipo de sutil hipocresía —consciente o no— continúa en la actualidad pero con otras variables.

Eso podría explicar por qué cada vez más jóvenes parecen optar por las respuestas más ambiguas del cuestionario de Kinsey obteniendo como resultado que un gran porcentaje de ellos son bisexuales —y quizás incluso pansexuales—. “Al tener tantas opciones a su alcance, los jóvenes están dejando de posicionarse en cuanto a su sexualidad. Ahora parece que, a diferencia de lo que ocurría en tiempos de Kinsey, el miedo esté en posicionarse en algo y perder la oportunidad de disfrutar otras opciones”, reflexiona la sexóloga.

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Posicionarse en cuanto a la orientación sexual ha pasado a verse como algo antiguo o para personas cerradas de mente, algo así como imponerse una limitación. Pero no es limitarse ni tiene que ser una decisión para toda la vida”, añade la experta. Por su parte, mi compañero Álvaro coincide que, en cierta forma, los chicos y chicas de su generación sí están condicionados para no posicionarse sobre su sexualidad: “No es que esté mal decir que eres esto o lo otro, pero sí que es verdad que siempre se ve como algo más ‘cool’ decir que fluyes y que estás abierto a todas las experiencias”.

Fluir pero sin perderse por el camino

No obstante, para la sexóloga, esta falta de definición podría llegar a ser un problema en algunos casos. “Esto se ve claramente cuando llega gente a consulta sin tener las cosas claras y lo que realmente quieren es alguien que les de cariño y les apoye, pero no se atreven a decir que quieren algo concreto ya que es visto como demasiado tradicional. La realidad es que no te tiene por qué gustar o apetecer todo”, dice Jorba que añade: “decidirse por algo es sano porque nos ayuda a actuar y a posicionarnos sobre otras cuestiones relevantes en nuestras vidas”. 

Eso sí, la terapeuta opta por tomar una decisión pero sin cerrarnos definitivamente. “Es sano definirse pero nunca debería ser visto como una carga. Es por eso que debemos optar por una definición flexible, que pueda cambiar, pero que te sitúe donde estás. Uno se puede posicionar como homosexual, heterosexual, bisexual o lo que sea y después decidir hacer lo que quiera con su vida y si le apetece probar o no otras cosas”, señala dejando claro que “debería darte igual lo que quiera todo el mundo, lo importante es qué quieres tú”.

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“Ni la generación que pensaba que todo tenía que ser A o B tenía razón, ni la generación que quiere estar en el centro de la escala tienen razón. Lo interesante es que todos puedan encontrar su sitio a lo largo de la escala y fluctuar si lo desean o no. Encontrar el equilibrio entre posicionarse y quedarse anclado en un principio”, concluye Jorba. Si algo ha quedado claro con el experimento es que en el tema de la sexualidad siempre se puede seguir avanzando para que todas y todos nos sintamos más cómodos y más representados en la sociedad. El día en el que tod@s puedan elegir con total libertad, incluso si eso significa no elegir o elegirlo todo, está cada día más cerca.