Por qué deberías dejar de reírte del 'portavozas' y aprender a usar el lenguaje inclusivo

La palabra 'portavozas' ha sido, sin lugar a dudas, la chispa que ha encendido como nunca el debate sobre la necesidad de incorporar el lenguaje inclusivo en más ámbitos de nuestro día a día. La autora de la misma, la portavoz en el Congreso de Podemos, Irene Montero, jamás podría haberse imaginado que este pequeño patinazo en su intento de avanzar en la igualdad entre hombres y mujeres, iba a desatar un tsunami de críticas, memes y troleos de los millones de tuiteros, periodistas, políticos y académicos de corte machirulo que quisieron arrancarse lo ojos (y los oídos) por algo tan simple (y tan necesario) como desafiar el monopolio del masculino genérico.

Pero, vayamos por partes. Aunque nadie aquí está dudando de que ‘portavozas’ es una palabra incorrecta desde el punto de vista gramatical —sí, aquel día hubo académicos de la RAE que tuvieron que visitar a su cardiólogo—, lo que a muchos y muchas parece habérseles olvidado es que la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres insta a las instituciones de nuestro país a proyectar "el principio de igualdad sobre los diversos ámbitos del ordenamiento de la realidad social, cultural y artística en que pueda generarse o perpetuarse la desigualdad". Es decir, que por mucho cachondeo que montasen con el hashtag ‘Irena Montera’ no hacían más que demostrar su ignorancia.

El lenguaje crea realidades (y denuncia injusticias)

"Es importante entender que el lenguaje crea realidades y mientras generemos exclusión a través del  lenguaje contribuiremos a mantener una sociedad que también excluirá. Por eso, el primer paso para que cambiemos esta realidad es nombrarla", defiende al otro lado del teléfono la Secretaria de Feminismos Interseccional y LGTBI de Podemos, Sofia Castañón. Indignada por el trato de determinados medios de comunicación a su compañera, explica que “el crear un lenguaje que nos incluya a todas y a todos no es más difícil aunque tengamos una inercia asumida desde nuestra propia educación académica, emocional o cultural que nos ha hecho asumir como universal el género masculino”.

Sin embargo, y como era de esperar, la Real Academia Española (RAE) nos ofrece un punto de vista muy diferente al de la diputada en el Congreso por Asturias. En opinión del máximo órgano para la regulación de la lengua en nuestro país (existen otras 23 academias en cada uno de los países en los que se habla el español), el desarrollo y uso habitual de un lenguaje inclusivo y no sexista por parte de nuestros políticos es “innecesario” puesto que, como indican en su email de respuesta, “el masculino gramatical funciona en nuestro sistema, como en el de otras lenguas, como término inclusivo para aludir a colectivos mixtos, o en contextos genéricos o inespecíficos”. Es decir, que no hay ninguna necesidad y que es todo una cuestión política.

El ‘arma arrojadiza’ de la política

Llegados a este punto, parece evidente que existe un abismo insalvable entre una parte de la clase política, sindicatos, colectivos e instituciones a favor de la implementación de un lenguaje inclusivo en todos los ámbitos y elaborando guías que recuerdan a las clases de lengua del instituto (porque son bastante tostón), y en el extremo contrario, el sector más conservador del panorama político que se escuda en los mismos argumentos que la RAE (como la famosa economía del lenguaje) para dejar las cosas como están. Y es en ese vacío por definir en el que los mileniales nos movemos utilizando de manera indiferente y, a veces, sin demasiado acierto muchas de las fórmulas (como la 'x' , el '*' o el '@') y que han hecho que políticos y académicos se tiren de los pelos.

Resulta muy gracioso porque la RAE siempre dice que recoge las inquietudes y la forma de hablar de las personas y después hace lo que quiere”, critica la profesora de Comunicación de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), Ana Bernal-Triviño. En la misma línea que la diputada de Podemos y citando a la reconocida filóloga Eulàlia Lledó —la autora de un polémico diccionario que feminizó profesiones como jueza, presidenta o médica—, algo que completa la diputada Sofía Castañón añadiendo que "la RAE está compuesta por personas y como tales tienen su sesgo ideológico. Si eres un varón de determinada edad y clase social es bastante probable que pienses que no hay una demanda social porque el lenguaje que estás fijando ya te está incluyendo".

La inclusión es cosa de todas y todos

Cuando desdoblamos o cuando colocamos una ‘x’ en Twitter estamos haciendo política. Estamos dejando claro que existe una necesidad de cambiar algo y de superar una carencia. También los colectivos LGTBI cuando buscan una visión no binaria al emplear el ‘todes’ en lugar del ‘todas y todos’. Entiendo que en una conversación coloquial que tengamos tú y yo no nos resultará tan fácil romper la inercia que arrastramos en nuestro lenguaje, pero los que se sientan en el Congreso tienen la obligación de hacerlo desde el año 2007 y no lo están haciendo”, concluye la diputada de Podemos que no pierde la oportunidad para recordar las verdaderas 'patadas' que propinan los políticos.

Así que ni el lenguaje es algo neutral, ni nos debería extrañar que algunos políticos intenten ridiculizar y sacar partido de algo que no debería tener discusión: la necesidad de que todas y todos nos sintamos más representados con nuestra lengua. Pero, ¿cómo podemos poner en práctica toda esta teoría sin meter la pata y sin que se nos echen al cuello como a Irene Montero? Para la profesora Ana Bernal-Triviño debemos tener en cuenta que el uso de las ‘x’, ‘*’ y la ‘@’ implica signos lingüisticos y que, por tanto, debería limitarse “a un uso más coloquial y propio de las redes sociales”. Por ello, insiste en que “el lenguaje oficial debería ceñirse a estrategias y recursos que posee nuestra lengua y que no faltan ni a la gramática, ni contravienen el principio de economía del lenguaje”, es decir, desdoblar (todas y todos) o recurrir a fórmulas que engloben a ambos sexos (profesorado, personal, etc), evitando el uso del masculino genérico.

Pero cómo explicar todas las reglas para conseguir expresarnos de una manera menos sexista da para tres o cuatro artículos más, la profesora nos recomienda consultar directamente las guías de lenguaje para cada ámbito (empresa, cultura, salud, deporte y educativo) elaboradas por la filóloga Eulàlia Lledó. Al final, y como nos insiste Sofia Castañón, “lo único que deberíamos aprender de este debate sobre el lenguaje no sexista es que, mientras hay personas que nos esforzamos por crear una sociedad más inclusiva y por mejorar nuestra manera de expresarnos, hay otras que parece que prefieren seguir perpetuando un lenguaje sexista y exclusivo”. Ahora no hay excusa, está en las manos de todas y todos contribuir a que nuestra lengua sea un poquito más acogedora.