Por qué deberías plantearte ‘dejarlo todo’ y cogerte un año sabático

Da igual que estés en el albergue más cutre de Bolivia, en la mejor playa de Phuket o en un valle perdido de Nepal. En todos estos lugares es casi seguro que te encontrarás con algún americano, australiano o sueco con la única compañía de su mochila de 50 kilos, sus botas machacadas por las interminables caminatas y una moleskine repleta de garabatos y miles anotaciones sobre sus experiencias cada vez más lejos de casa. Pero, a ti, lo que más te llamará la atención es que todos estos mochileros tienen en común un concepto muy popular en el mundo anglosajón conocido como el gap year o año sabático.

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Salir de la zona de confort para crecer

Aunque a nosotros nos cueste de creer, en muchos países cogerse un año para viajar, realizar unas prácticas en el extranjero o un voluntariado antes de iniciar los estudios universitarios, es casi una obligación. Una manera de salir tu zona de confort y desarrollar lo que ellos conocen como soft skills, unas habilidades relacionadas con la inteligencia emocional, las habilidades sociales y de comunicación muy valoradas por las empresas.

Básicamente, y aunque duela admitirlo, un concepto de la formación de la persona, estudiante o futuro trabajador radicalmente opuesto al de los países del sur de Europa que se centra casi exclusivamente en el desarrollo de las hard skills o competencias más específicas o técnicas. “El contexto español es muy lineal y uniforme. Una cultura en la que ‘perder un minuto’ en tu formación se ve como una penalización y que, por tanto, obliga a sus estudiantes a tomar decisiones importantes para el resto de su vida sin haber tenido tiempo para madurarlas”, apunta el profesor en orientación profesional de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB), Marius Martinez.

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La orientación es la clave para no perderte

En opinión de este apasionado formador, que pasa su día a día rodeado de jóvenes que todavía no tienen demasiado claro cuál será su futuro, en España los estudiantes pasan por la secuencia de “bachillerato, carrera, máster, posgrado y la incertidumbre de la salida laboral, sin pararse a reflexionar sobre sus verdaderos objetivos en la vida” en lo que él llama “una huida hacia delante”. El problema de este sistema ya lo sabemos todos: según los datos del Ministerio de Educación la tasa de abandono universitario en nuestro país no ha parado de aumentar en los últimos años y en la actualidad ronda el 22,5%.

“La prisa por acabar y encontrar trabajo unida a la falta de un proyecto personal es, junto al alto coste de las tasas universitarias, el principal motivo de la cada vez mayor tasa de abandono universitario”, recuerda Martinez a la vez que lamenta que “en nuestro sistema la orientación se deja para el final de cada etapa formativa ya sea la ESO, el bachillerato o la carrera”. Sin duda, cualquiera que escuche los argumentos del profesor sabe que lo que dice es cierto. ¿Cuántos de nosotros/as tenemos un amig@ que no para de repetir ‘no sé qué hacer’ aunque esté en el último año? ¿O el típico que se cambió de carrera y se lo ha acabado dejando?

Pues esos mismos son los que, según la directora de la consultora Sabática, Meritxell Morera, deberían plantearse si ha llegado el momento de “desconectar para volver a conectar”. Desde la plataforma que dirige, están especializados en gestionar tu periodo sabático (no tiene por qué ser de un año) para que saques el mayor provecho posible del mismo. “No hacer nada no ayuda en nada, solo saliendo de tu zona de confort encontrarás las respuestas”, insiste Morera que tras pasar ella misma un año en Estados Unidos se decidió a montar Sabática después de comprobar la total falta de ayuda en España a la hora de planificar un gap year.

No paras, solo haces otras cosas

“Cuando te decides a tomarte un tiempo sabático abres horizontes, exploras nuevas formas de hacer, fomentas tu autoestima y tu flexibilidad. Te permite despojarte de todas las etiquetas que te han puesto desde que ibas al colegio”, resume la directora. Y, viendo las posibilidades que ofrecen, está claro que después de una de esas experiencias tus etiquetas, prejuicios, complejos, o lo que sea que te esté bloqueando, acaban desterrados por completo de tu mente.

Pero ahora viene lo mejor, saca papel y boli porque las opciones a tu alcance son a cada cual más motivadora. “Puedes irte a ayudar en la preservación de las tortugas marinas en Costa Rica, ir a construir una escuela en Nepal, dar clases de inglés a niños chinos, hacer de entrenador de fútbol en África, aprender italiano y cocina en Italia, ir a preservar parques nacionales de Tanzania, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda”, relata la directora de Sabática insistiendo en que “hay opciones para los distintos perfiles de personas” y que “hay veces que quieres hacer algo relacionado con lo tuyo y otras que quieres romper y hacer algo totalmente nuevo”.

Y si piensas que tu precaria situación milenial no te lo permite, hay buenas noticias: algunos de los programas (como irte a vendimiar a Australia, por ejemplo) te permiten trabajar y pagarte los costes de tu estancia. “Tenemos programas para todas las edades y todos los bolsillos. Está claro que hay momentos en la vida que es más fácil cogerse un tiempo ya que, una vez metido en el mundo laboral, se ve más difícil, pero si lo aprovechas bien no es ningún ‘hueco’ en tu currículum sino un valor añadido. Además, algunas de nuestras ofertas te permiten mantenerte haciendo un trabajo que quizás no es el trabajo de tu vida, pero te permite disfrutar de una experiencia a coste cero”, recuerda Morera.

El camino al éxito

Es lo que el profesor Marius Martinez llama las “discontinuidades de éxito”. “Tenemos un concepto del éxito demasiado ligada a la edad que tenemos. Parece que si a los 20 años no sabemos qué queremos estudiar o si a los 30 años no hemos alcanzado la estabilidad laboral, estemos fracasando. Hay una presión social muy fuerte por conseguir el éxito que nos genera un gran estrés”, se lamenta el orientador.

Eso sí, lo que tanto Morera como Martinez tienen claro es que tampoco te tienes que dormir en los laureles ni pensar que vas a pegarte una vidorra. “Si el año sabático no tiene un sentido formativo no tiene ningún sentido. Se trata de madurar y conocerte a ti mismo para tomar mejores decisiones sobre tu futuro”, concluye el profesor. Aunque las opciones son casi infinitas, de lo que parece no haber dudas es que, a veces, para avanzar en la vida hay que saber pararse a pensar y, sobre todo, a sentir, qué o quién quieres ser.

Un año sabático es eso, una manera de encontrarte para no perderte en el camino de la vida.