Lo que creemos que sabemos de África es mentira, pero nos importa una mierda

Crédito de la imagen: Omar Viktor Diop

África no es lo que creemos. África no son esos estampados, ni el músico Fela Kuti, tampoco es Afrobeat, ni reciclaje. O al menos no es sólo eso, ni en todas partes. Ni siquiera todos los africanos son negros. Existe en nuestra cabeza la imagen de África como de personas que están muy jodidas aunque felices y con sonrisas de dientes muy blancos. Pero no todos son así, ni todos ríen amigablemente.

Para empezar, África no es un país, aunque habitualmente nos empeñemos en hablar de él como si así lo fuera. Ya nos tendríamos que dar cuenta de que, para el continente africano, las dimensiones geográficas representadas en nuestro imaginario colectivo han sido muy subestimadas por nuestra tan cultureta sociedad occidental. Y todo por un desesperado empeño en otorgarle mayor supremacía al hemisferio norte.

Tonto te quedas cuando el diseñador Kai Krause te escupe a la cara la única verdad en cuanto a las verdaderas dimensiones de África en su The True Size of Africa y con las que, fácilmente, puedes hacerte a la idea de cuántas veces cabe tu país dentro de este inmenso continente. Lo que no está nada claro es por qué, a estas alturas, seguimos estudiando ese mapa mundi de proporciones tan falsas (ese que todos conocemos), y sin corregirle aún el garrafal error.

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Más diversidad que en Europa o Asia

Las representaciones y las definiciones que manejamos de África son producto del puritanismo y del moralismo estrechamente unido a la religión cristiana y a sus misioneros. Pero no tienen nada que ver con la realidad. La sociedad africana es tan heterogénea y está tan fragmentada, que es imposible elegir algún aspecto suyo que sirva, en su conjunto, como seña de identidad. Además, 20 de los países del mundo con más diversidad genética están en África. Sus más de 3.000 grupos étnicos y 2.000 lenguas hacen que la diferencia, tanto cultural como genética, entre un europeo y un asiático sea menor que entre un Amhara (una de las comunidades de Etopía) y un Hausa (grupo étnico presente en varios países como Nigeria y Camerún).

No contamos con referencias con las que trazarnos una imagen real de la África de hoy. En nuestras mentes desinformadas sí creemos que todo lo que define lo africano podría estar escrito en piedra o que existe una especie de tratado en el que se nos explique claramente qué es, o no es, lo africano. Existen vínculos políticos entre los países africanos, organismos como la Unión Africana, pero también hay una Unión Europea y me gustaría cuestionar cuánto se parece la cultura española a la holandesa o la polaca.

Saliendo del pensamiento único

Las definiciones que conocemos de este continente hablan más de quien las pronuncia que de lo que tratan de explicar. Véase, sin ir más lejos, la negatividad de las desgracias, hambrunas, epidemias y guerras con la que los medios de comunicación representan siempre a África. Tampoco sería eso África y, por lo tanto, seria conveniente revisar todas nuestras creencias y andarnos con pies de plomo tratándose de una zona del mundo tan desconocida -o tan mal representada-. Esto es lo que propuso el año pasado la exposición Making Africa en el CCCB de Barcelona.

Muchos jóvenes artistas y creadores africanos de hoy para nada tienen que ver con nuestra idea de lo africano. Su obra se sale de ese pensamiento único y están muy hartos de la moral cristiana que se extiende a lo largo y ancho del continente y con la que se ha intentado alejar a la gente de temas mucho más importantes y de calado más social.

Olvidando lo africano para aprender sobre África

Vestimos y peinamos a lo africano, escuchamos los ritmos de allí en las mezclas de nuestros djs, a los festivales nos traen lo africano porque nosotros hoy estamos por esta moda. Aunque finalmente no represente a la África actual, realmente estamos interesados en esa música, ese estilo, ese arte. Y así es que nos quedamos solo con la punta del iceberg.

Si fuésemos conscientes de la de capas subyacentes que hay bajo todo eso y de la inmensa diversidad social y cultural que no alcanza a abarcar el concepto de lo africano, quizá entenderíamos que mirar hacia este continente es como mirar en un espejo las propias vergüenzas y miserias de lo que (¿también generalizando?) llamamos occidente, empezando por su desastroso pasado colonial. Quizás si te interesa ahondar en el arte y la cultura que proviene de este continente lo más interesante seria empezar por las partes para intentar crear tu propia idea fundamentada del "todo".

https://www.youtube.com/watch?v=3evJzFqmZuo