Cuántas de las cosas normales del día a día no decimos que hacemos por miedo a ser juzgados

Adelante, venga. Se sincero.

¿Alguna vez has meado en la ducha?

¿Alguna vez has querido ir en bolas a la playa y no te has atrevido?

¿Te tapas por las noches con la sábana creyendo que es un escudo infranqueable?

No pasa nada, no tienes que ocultarle. Es natural darte cuenta de que no siempre eres tan transparente,  te sorprendería conocer la cantidad de gente que adopta esta misma conducta.

Mentir.

Ocultar.

Esconder.

Disfrazar.

Desde nuestra infancia nos enseñan normas que damos por correctas y que creemos que hay que cumplir. Las chicas por ser chicas tienen que depilarse, los hombres por ser hombres no pueden mostrarse débiles. Los pezones no se enseñan, la desnudez se oculta, mear en la ducha es de guarros. Todo esto, en una etapa donde estamos creciendo, experimentando y comenzando a generar un pensamiento propio, consigue que tomemos esas ‘dictaduras’ como verdades absolutas. Y no lo son.

¿Pero por qué a veces llevamos esa especie de máscara?

Según el pensamiento categórico, el ser humano tiene a dividir y categorizar todo lo que ocurre en su vida. Se trata de un mecanismo a través del cual simplificamos las dificultades y el que también nos hace que, inconscientemente. agrupemos a la gente en un grupo o en otro.

Es lo que se conoce como ‘endogrupos’ y ‘exogrupos’.

Los endogrupos corresponden a ese conjunto de personas al que pertenecemos, o lo que comúnmente llamamos ‘nosotros’. En el lado opuesto, los exogrupos, son ese conjunto de personas al que no pertenecemos, es decir ‘el resto’. Esto quiere decir, explicado de una forma menos compleja, que nos unimos a la gente que se asemeja a nuestra forma de pensar y por eso, cuando pensamos algo que la mayoría de ese ‘nosotros’ no debería pensar, preferimos mentir o esconder la verdad por miedo a no ser aceptados.

Pero si hasta el mismo Michael Phelps reconoció que todo el mundo mea en las piscinas, ¿por qué nosotros todavía nos negamos a asumirlo? Puede ser que en este momento sigas pensando que eres una persona transparente, que haces lo que te da la gana, que dices lo que piensas, que no te ocultas. 'Yo es que voy de cara y digo las cosas tal y como son'. Ok, bien, es estupendo. Pero entonces,  ¿por qué a veces ponemos nuestro Spotify en oculto cuando escuchamos a Pablo Alborán? Porque creemos que no estamos en la norma, porque no es guay escuchar a Bisbal, a Raphael o a Britney Spears. No es cool, no es de molabilidad alta. Todos nos hemos creído ese rollo del “soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma”, pero si fuera así, seguramente no viviríamos tan limitados como vivimos actualmente.

Pero como esto es no es algo que pensemos nosotros sino que es aplicable al resto de humanos, decidimos que lo mejor sería preguntaros a vosotros. Y esto es lo que vimos:

Una vez analizadas vuestras respuestas, la cosa está clara. Nos cuesta ser totalmente sinceros. Y no solo eso sino que además hemos normalizado conductas equivocadas. Ocultar cosas tan naturales como el vello, la desnudez, o una forma de ser ético medioambientalmente como lo eres cuando decides ahorrar agua si meas en la ducha, es un error.

Si usas bragas de cuello vuelto porque hace frío, dilo.  Si te apetecen tus axilas tan pobladas como la ciudad de México, adelante. Si meas en la ducha, conviértelo en trending topic. Y si quieres ir en bolas por la playa, oye, eres libre para poder hacerlo. Demuestra que eres una persona totalmente transparente y únete a la filosofía #NothingtoHide de Absolut. Porque no tienes nada que esconder y porque no hay mejor forma de desnudarse literal y metafóricamente para convertirte en embajador de hacer y pensar lo que te dé la gana.