Cómo comportarte en la cena de empresa de Navidad para no perder tu trabajo

Llega la cena de empresa de Navidad y con ella una infinidad de contratiempos para los que nadie nos ha preparado. Ese momento en el que compartiremos con nuestros compañeros y superiores unas horas distendidas o, al menos, eso dice la teoría. En definitiva, la oportunidad perfecta para que nuestra reputación suba como la espuma o para que caiga a 20 metros bajo suelo provocando que nuestro jefe o jefa se pregunte: ¿en qué momento se me ocurrió contratar a esta persona?

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Puede ser que pienses que por fin ha llegado el momento de explotar. De decirle a tu compañero de mesa que detestas que se recorte la barba a 50 cm del teclado de tu Mac, de acusar a otro de robarte los tuppers que tu madre te reclama cada día o de jurar amor eterno a la compañera o compañero con el que has intercambiado dos saludos incómodos al salir del baño. Aunque, ¿crees qué será el mejor momento para salir triunfante?¿podrás volver a la oficina el lunes con la certeza de que nadie ha lanzado cianuro a tu taza del café?

Para uno de los psicólogos del Instituto de Psicología de Madrid, Héctor Galván, la clave en estos compromisos sociolaborales está en saber calibrar nuestros niveles de entusiasmo (y de alcohol en sangre). De hecho, por mucho que seamos libres de elegir las circunstancias más adecuadas para expresar nuestros sentimientos, recomienda que lo hagamos cuando estemos seguros de que nos tomarán en serio y “sin que los excesos ni los efectos de alcohol medien”. En otras palabras, si las copas te suelen convertir en la niña del exorcista, esconde tus sentimientos hasta convertirte en una piedra o vete actualizando tu Linkedin.

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De lo que seguro que no podrás escapar en toda cena de empresa que se precie —sobre todo si es en esos curros que os llevan a restaurantes caros— será de tener que ingeniártelas para salir iles@ de la clásica chapita paternalista o de coleguita de alguno de tus jefes. Estará un poco (o bastante) borracho/a y tú tampoco te habrás controlado demasiado con los chupitos así que las posibilidades de liarla, y de paso quedarte en el paro, se multiplican al mismo ritmo que tu hígado absorbe el Jägermeister.

El sentido común es tu mejor aliado

En este momento crítico de la noche, el experto va más allá al aconsejar que "lo mejor es guiarse por el sentido común".  Aunque este sea precisamente el menos común de los sentidos, Galván recomiendo que no trates a tu jefe (o jefa) como a un amigo al que le confesarías que era un fetichista de pies ni como a un familiar al que le reconocerías que mojaste la cama hasta los 12 años por culpa de la señorita Trunchbull de Matilda. Eso sí, tampoco tienen un remedio universal para estos casos.

"Por sentido común, no nos comportaremos de igual modo con nuestro jefe que con un amigo o familiar aunque el ambiente sea distendido y estemos fuera de nuestra jornada laboral. Si durante la cena de empresa nuestro jefe se ha pasado con el alcohol, lamentablemente no podemos ofrecer un consejo universal sobre cómo actuar. Lidiar con lo que puede ser una situación comprometida será cuestión de saber manejarla con nuestras propias herramientas y habilidades, adaptándonos a la persona que tenemos en frente", recuerda el experto.

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Una retirada a tiempo es una victoria

Ok, supongamos que has resistido el alcohol, la conversación con los jefes y los ajustes de cuentas con los compañeros más irritantes con éxito. Es entonces cuando una de las dudas más inquietantes asalta nuestra mente: ¿cuál es el momento oportuno para abandonar el barco? Si te marchas el primero darás la sensación al resto de que no tienes ni el mínimo interés por la empresa (sobre todo si te piras justo cuando el grupo se mueve del restaurante al karaoke o similares) y si te quedas hasta que el camarero se niegue a servirte, quedarás como un personaje infame.

¿La solución? Que te importe tres pepinos la opinión de los demás. Aunque eso sí, siguiendo el consejo de Galván, mejor olvida la coreografía de Coyote Dax que has preparado para comerte la barra después de los postres. “No por marcharse el primero ni por hacerlo el último, la opinión que tienen los demás de nosotros debería cambiar. Siempre que actuemos con cordura y educación podremos estar tranquilos con nuestra actuación”, resume el psicólogo apelando una vez más al sentido común (y del ridículo).Resultado de imagen de party gif

Sé tú mismo/a, aunque ‘no moles’

A pesar de que no será fácil sobrellevar ninguna de las situaciones descritas en este artículo, los que lo tendrán más difícil son los nuevos de la empresa. Aquellos que mientras leen estas líneas están pensando: ¿y ahora tengo que comer con decenas de desconocidos que ni siquiera me importan? No desesperes. No será tan difícil aguantarles mientras, como dice el experto, seas tú mism@ y controles tus ganas de agradar a un grupo cerrado que ya tiene sus simpatías repartidas.

Eso quiere decir que nada de tirarte el rollo haciendo ver que has visto todos los capítulos de Black Mirror o que conoces las delicatessen de los mejores restaurantes de la ciudad. Eso significaría que tendrías que mantener este listón durante el resto de los días de trabajo, y sabes muy bien que no estás para ostias y que, al final, en el curro siempre acaba viendo lo enrollado (o no) que es cada uno/a.

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Así que después de reflexionar sobre los consejos del experto y recuperar nuestro sentido común, ya tenemos la fórmula ideal para tu cena de Navidad. Ni bebas (demasiado), ni te declares, pasa de los compañeros con los que simplemente no tienes afinidad y no te acerques a tu jefe (por si acaso). Si sigues estos consejos, (casi) nada puede salir mal y, quien sabe, a lo mejor te cae un ascenso para los Reyes. ¡Buena suerte!