Jamás colocaré este condón inteligente en mi cosita (y espero que tú tampoco)

El i.Con será capaz de medir la velocidad máxima y media de penetración, el número de penetraciones, el tiempo exacto del acto sexual, la temperatura de la piel, las calorías quemadas, el grosor del pene y la variación de los ángulos de entrada. Pero de detectar enfermedades, nada

"La has metido 557 veces a una velocidad de 10 centímetros por segundo y has quemado 429 calorías. Enhorabuena, has subido a nivel fucker supremo". De momento es una ficción, pero este podría ser el mensaje que aparecería después de echar un polvo en la pantalla de tu smartphone si se confirma el inminente lanzamiento del i.Con, es decir, el primer condón inteligente de la historia y que ya lleva varios años amenazando con su llegada (la primera vez que se habló de él fue por 2017). Cuando leí la noticia en un diario deportivo el fin de semana me eché a reír y después de pensarlo un rato, a llorar. Y no porque me preocupe un solo segundo por mi "performance sexual", al menos no en términos matemáticos, sino porque el sexo era la última parte de nuestra intimidad que un algoritmo no iba a poder cuantificar, cualificar y comercializar.

Pero antes de empezar a rajar contra lo que me parece el invento más perverso desde  los bailes de TikTok, vale la pena detenerse a explicar en qué consiste el smartcondom este y por qué se supone que deberías tener la brillante idea de ponértelo en el nabo. Para empezar NO es un condón, no. Se trata de un anillo que se coloca en la base del pene y que, en teoría, debería ir acompañado de un preservativo tradicional para su funcionamiento. Entre otras funciones, este dispositivo que parece un smartwatch reducido a la mínima expresión es capaz de medir la velocidad máxima y media de penetración, el número de penetraciones, el tiempo exacto del acto sexual, la temperatura de la piel, las calorías quemadas, el grosor del pene y la variación de los ángulos de entrada, es decir, las posturitas. Ya podría encargarse de cosas útiles como detectar una ITS (algo todavía imposible porque se requiere un análisis microbiológico), pero no. Lo que quieren es salseo. 

Esta joyita de la tecnología utiliza el bluetooth para decirle lo malote que estás siendo a tu móvil y una app se encarga de acumular esos datos para elaborar estadísticas e informarte de lo machote que eres y si estás cerca de las capacidades de auténticos sementales como Nacho Vidal. Y vale, si eres un flipado de la vida y tu baja autoestima hace que necesites medirte continuamente para estar satisfecho, no me voy a meter en eso (aunque te recomiendo que madures). Lo que realmente me jode es que lo más probable es que cuando instales la app del i.Con en tu móvil te hagan aceptar unas condiciones a las que le darás "acepto" sin pensar y todos los metadatos que genere tu polla se irán directos a la base de datos de la compañía que las venderá al mejor postor en cero coma. Y lo peor es que te habrás dejado 67 euros en hacerte el moderno, el guay y el empotrador. Ole tú.

Y, aunque aseguren que la app se podrá usar de manera anónima, ya verás qué gracia cuando un día no rindas (porque tienes un resacón de la muerte o que simplemente no estás muy motivado) y se te llene el navegador de spam de viagra. O imagínate si resulta que no tienes pollón y te recomiendan un alargamiento de pene. Compararte continuamente es la mejor manera de cargarte tu autoestima. Es insano, es absurdo y, sobre todo, se olvida de algo muy importante: en el sexo hay otra persona que no es una portería de fútbol o el botón de la Playstation. Que te estés fijando en mejorar tus cifras en una absurda competeción contra tu ego podría ser la mejor forma de arruinar algo tan íntimo y tan sutil como el sexo. Si hay una cosa clara es que no es posible cuantificar el buen sexo: es una cuestión de conexión, de entender lo que te piden y lo que necesitas, que no se puede analizar matemáticamente, sorry.

Ya hemos dejado que un algoritmo decida con quién vas a ligar (Tinder) y con qué te vas a masturbar (motores de búsqueda en los tubes de porno), la compañías ya saben mejor que tú mismo qué te pone cachondo y el tipo de pareja que buscas. Solo faltaba ahora decirles lo bueno o malo que, en teoría, eres en la cama. Que decidan si vale la pena ofrecerte lubricante, condones o un psicólogo (por los complejos que te va a causar la app) en las publicidades. Y ya no voy a hablar de la incomodidad tanto para ti como para tu pareja de llevar el anillo, al menos los anillos vibradores o estranguladores ofrecen algo a cambio, pero aquí serás tú el que estarás pagando por vender tu intimidad y sin que te regalen un orgasmo vibratorio para tu pareja o una erección de caballo a cambio. Tú mismo, pero a mí la idea de ponerme un condón inteligente en el nabo no me seduce lo más mínimo. 

Con lo paranóico que me pongo cuando en el smartwatch me suben las pulsaciones a más de 90 o no alcanzo los 10.000 pasos al día, como para comenzar a obsesionarme cuando el grosor de mi pene baje unos milímetros. Qué pereza, de verdad. Y, para acabar, por mucho que algunas empresas quieran crearte nuevas necesidades, recuerda que la función del condón es: evitar embarazos no deseados y prevenir la transmisión de enfermedades que SOLO pueden ser diagnosticadas con un análisis médico. Por suerte, los condones de toda la vida cada vez son más baratos, más cómodos y con infinidad de posibilidades. No tienes excusa para elegir bien tu condón. 

CN