Un científico te explica cómo dejar K.O cualquier argumento sexista

El pasado verano Google despidió a un tal James Damore por publicar en un foro interno de la compañía un documento donde defendía la baja presencia de mujeres en la industria tecnológica por "causas biológicas". Damore era ingeniero de software en Google desde 2013 y doctor en sistemas biológicos por la Universidad de Harvard. El documento en cuestión se publicó internamente el 4 de agosto y rápidamente se viralizó entre los trabajadores filtrándose a la prensa.

En cuestión de días se desató un debate público entre científicos, medios y ciudadanos sobre la libertad de expresión en el trabajo y sobre el peligro del sexismo justificado por argumentos tomados de la ciencia. Pero el punto que más ampollas levantó es que el suceso se diese en una compañía en la que la diversidad de género brilla por su ausencia: las mujeres solo cubren el 20% de puestos técnicos en Google y el Ministerio de Trabajo de Estados Unidos les acusa de pagar menos a las mujeres.

Entre otra joyas, Damore expuso que las mujeres son más neuróticas, que toleran menos el estrés o que los hombres son más competitivos que las mujeres. Mientras que para Kant el hombre es lo que la educación hace de él, para Damore y los seguidores del determinismo biológico, los humanos no son otra cosa distinta que sus genes, un producto predeterminado con un comportamiento invariable desde que se conciben. De modo que, para debatir los argumentos del ingeniero, hemos charlado con un genetista para qué nos cuente más sobre determinismo biológico.

El ‘sexismo biológico’

"No hay evidencias que demuestren que las mujeres y los hombres están programados genéticamente para comportarse de una manera determinada. Sí que hay estudios científicos que indican que mujeres y hombres tienen genéticas distintas que pueden influir en su comportamiento, como pasa en las hembras y machos de otras especies animales. Son programas genéticos básicos con base evolutiva. Pero esto no quiere decir que los individuos no se puedan sobreponer a ellos, ni que sean un manual de órdenes que vayamos a cumplir", dice el doctor en Genética y Biología Celular, investigador y profesor en la Universidad Autónoma de Madrid y autor del libro El ADN dictador, Miguel Pita.

En esta misma línea, Angela Saini, periodista científica, contestó al documento de James Damore (el ingeniero de Google despedido) dos días después de que se publicara. Según Saini, que no dudó en echar mano a la convención científica, las diferencias neurológicas individuales no tienen nada que ver con el género: "No hay un neurocientífico vivo que pueda afirmar a qué sexo pertenece un cerebro determinado".

Otro asunto es que, en su documento, Damore citó estudios aislados para justificar sus tesis, algo que Saini también le reprocha repitiendo que "no hay consenso científico". A este respecto, Pita confirma que algunos estudios están en permanente discusión científica y no existe un acuerdo definitivo: "puede que en el futuro sean más esclarecedores, pero la ciencia aporta y refuta conocimientos durante largos periodos antes de acercarse a ser concluyente sobre un tema".

El marketing del determinismo

Pero, como suele decirse: cuando el río suena, agua lleva. Diferentes instituciones como la Universidad de Arizona o las líneas del Washington Post han alertado del resurgimiento del racismo y la homofobia justificada con argumentos tomados del determinismo biológico. Pero es importante matizar que esta no es una tesis de consenso, sino una visión reduccionista sobre los seres humanos que minimiza la importancia del contexto social.

Incluso, la Universidad de Stanford explicó, en una nota de 2010 sobre estereotipos e identidad, que la mayoría de experimentos científicos no ha podido demostrar diferencias entre sexos a la hora de procesar, seleccionar y almacenar información en nuestros cerebros.

"Utilizar la ciencia es un recurso fácil que engaña a la gente poco preparada con argumentos falsos de autoridad. Hay que estar muy seguros de lo que averiguamos en nuestras investigaciones antes de ser tajantes y hay que ser conscientes de que la ciencia consolida sus descubrimientos muy lentamente. Sin embargo, la sociedad tiende a hacer uso demagógico muy rápidamente", alerta el genetista Miguel Pita.

El científico insiste en que la genética no sirve para anticipar comportamientos y que el ambiente, pero también la voluntad de cada individuo, tienen la última palabra. "No puede utilizarse la genética para limitar los derechos de los individuo ni tampoco puede servir de excusa para eludir nuestra responsabilidad individual", concluye.

Por su parte, el filósofo Serafín Torres opina que "para la mayoría de la gente el atractivo de una postura determinista es la ilusión de predictibilidad que proporciona" y añade que "la ciencia acepta de entrada la complejidad del mundo e intenta, poco a poco, destejer esa complejidad. Los atajos desembocan en formas de superstición, generalmente religiosas, o en diversos tipos de dogmatismo" para concluir que "la genética no se libra de esa instrumentación dogmática. Está de moda".

Así que, tras escuchar a los científicos y a un filósofo hacerse cruces con las tesis defendidas por Damore, queda claro que usar la biología para justificar el racismo o la misoginia no es solo mala ciencia, sino que también es peligroso.