¿Es cierto que una cabeza puede reaccionar después de ser cortada?

A lo largo de los siglos han aparecido numerosas historias que aseguran que las cabezas de los ajusticiados podían expresar emociones después de ser cortadas

Es imposible pensar en la Revolución Francesa sin verla como el triunfo de las ideas de libertad e igualdad de todos los ciudadanos frente al absolutismo del Antiguo Régimen. Sin embargo, no es menos cierto que esa libertad no fue algo gratuito. Durante la época del Terror la guillotina se convirtió en el símbolo más tenebroso de la revolución y no fueron pocas las personas (en total 16.594 personas) que perdieron la cabeza con este método que en su época se veía como algo menos brutal. Y sí, aunque cueste creerlo, la guillotina, obra del cirujano francés Joseph Ignace Guillotin, se suponía mucho menos brutal y efectiva que la decapitación por espada o hacha. Algo que, por otra parte, era reservado a la alta nobleza mientras que el populacho solía ser quemado o ahorcado. De hecho, se pensaba que la muerte era tan rápida e indolora que muchos pensaban que los decapitados mantenían la conciencia durante algunos segundos después de que la hoja separara la cabeza del cuerpo. 

Así la leyenda recoge cómo la cabeza de Charlotte Corday, la asesina del político Jean Paul Marat, reaccionó con indignación e incluso llegó a sonrojarse en las mejillas cuando, una vez cortada, cayó al cesto de la guillotina y un tal François le Gros la recogió para abofetearla. De igual manera, la leyenda inglesa afirma que la cabeza de la reina Ana Bolena (cuyo único pecado fue no darle un hijo varón a Enrique VIII aunque este la acusó de adulterio) intentó hablar después de ser decapitada pero esta vez por un verdugo experto traído específicamente desde Calais para la labor.  

La creencia popular es que el corte de la espada fue de tal calidad que preservó la vida de Bolena durante unos segundos. Pero, ¿es posible que una cabeza mantenga su consciencia después de ser separada del cuerpo? Según un interesante artículo publicado por The Conversation, el principal motivo para pensar que la cabeza es incapaz de mantener la consciencia al ser separada es el alto consumo de oxígeno que precisa nuestro cerebro: en total el 20% del oxígeno de todo el cuerpo. Es por ese motivo que el oxígeno contenido en los tejidos (vasos sanguíneos y músculos) que permanezcan unidos a la cabeza tras la separación con los órganos vitales, no debería ser suficiente como para mantener la consciencia en el cerebro. No obstante, este no es el caso en otros animales como, por ejemplo, el pollo Mike que consiguió mantener la actividad de su cuerpo durante 18 meses después de ser decapitado de una manera equivocada (al parecer parte del tronco encefálico y la vena yugular sobrevivieron al corte). 

Es más, algunas personas que sufrieron experiencias cercanas a la muerte (ECM) afirmaron que su conciencia continuaba existiendo más allá del fallecimiento clínico de su cuerpo. Una teoría que la ciencia no descarta, ya que se ha detectado actividad en el cerebro de un fallecido después de 30 minutos sin actividad cardíaca. Al parecer esto se relaciona con la ola final de actividad que recorre el cerebro en forma de ondas cerebrales delta, las mismas que se activan durante las etapas de sueño y relajación. 

Incluso se apunta a que los genes continúan activos hasta 96 horas después del fallecimiento. Pero, aunque todos estos argumentos parezcan indicar que quizá sea posible que cierta conciencia pueda existir brevemente en una cabeza cercenada, la evidencia científica actual invita a pensar que tanto la historia de Ana Bolena como la de Charlotte Corday son más producto de la creencia popular que una realidad comprobable. El cerebro humano es una máquina demasiado compleja como para poder actuar sin un suministro constante de oxígeno o, al menos, el acumulado en el total del cuerpo. Sin una mínima reserva, cualquier movimiento o reacción física motivada por la consciencia es imposible.