Asúmelo, te has convertido en ‘el padre’ de tu grupo de amigos

Son las cinco de la madrugada y es hora de irse de casa, pero antes de llegar a tu cama, primero tienes que hacer la ronda a dejar en su casa a todos sus amigos, ya que dudas de que sean capaces de abrir la puerta solos. Es el cumpleaños del novio de tu mejor amiga, pero a ella seguro que se le ha olvidado comprarle el regalo, así que ya te encargas tú de recordárselo e incluso de salir de compras para que no quede mal. La próxima semana es el examen final de Historia, pero tus amigos no saben ni el nombre del profesor, y mucho menos, tienen los apuntes, pero no hay problema, ya te encargas de acercarles a su casa las fotocopias y te explicarles todo lo que no entiendan del temario.

Si te sientes identificado con alguna de estas situaciones, asúmelo, te has convertido en el padre de tus amigos. En todos los grupos se repiten roles: el juerguista, el despistado, el gafe, el padre… Si te ha tocado este último, quizá es hora de que te replantees si quieres estar toda la vida solucionando sus problemas a tus colegas "No es una cuestión para angustiarse, ya que cuidar de los demás saca una parte muy bonita de ti”, explica la psicóloga Ana María Hidalgo que además apunta a que, posiblemente, te hayas convertido en el nexo que mantiene unido al grupo. El problema está cuando siempre eres tú el que se preocupa por lo demás, nunca son tus ellos los que están para ti.

No cruces la línea

Estar pendiente siempre de los demás puede llevarte a situaciones verdaderamente complicadas que generan roces en las relaciones de amistad. La psicóloga Rosa Luna pone un ejemplo: “Si te has metido un tortazo patinando y le dices a tu amiga que ni se le ocurra coger unos patines, estás privándole de una vivencia, una experiencia”. Y, aunque resulte difícil de entender, todos aprendemos de nuestros propios errores, no de los de los demás. En estas situación, has cruzado la línea. No puedes evitarles a los demás experiencias, ya que lo que te puede haber parecido un horror, para los demás puede ser el momento de sus vidas.

Pero hay otra forma de cruzar la línea, y en este caso, no eres tú, sino los demás quienes sobrepasan los límites. Cuando te conviertes en el padre de tus amigos, ellos esperan de ti comportamientos que no siempre estás dispuesto a hacer continuamente. De hecho, pueden llegar a echarte en cara que no hagas cosas por ellos que no son tu obligación, y que, además, ellos no han hecho nunca por ti. El hecho de que normalmente les recuerdes los cumpleaños de los unos a los otros, no implica que tengas que convertirte en su agenda, por ejemplo.

Pisa el freno

Romper estas dinámicas no es sencillo, ya que en todos los grupos cada uno juega un papel. Al final, una pandilla no deja de ser más que una sociedad en miniatura, en la que cada uno tiene su rol. Sin embargo, no hay que olvidar que en esos papeles todos se tienen que sentir cómodos. Si ya te has hartado de ser ‘el padre’, lo que tiene que hacer es una ‘terapia de choque’. Según indica Rosa Luna, “la estrategia es por ‘frenada’, es decir, tienes que dejar de dar soluciones, algo no es fácil si estás acostumbrado, y esperar a que sean ellos los que te pidan ayuda”.

Tu actitud tiene que ser más pasiva. ¿Qué vais a organizar las vacaciones de verano? Deja que sean los demás los que busquen alternativas e incluso pídelo, en vez de ser tú quien proponga el destino, las opciones de transporte y de alojamiento. Sin embargo, este cambio de actitud supone una pérdida de control sobre la situación. “Es una falacia de control”, observa Luna, “crees que si eres el que cuidas, tienes el control y así te quieren. Si dejas que sea al revés, corres el riesgo de que te decepcionen”.

Por lo tanto, tienes que trabajar bien tus expectativas. No esperes de los demás lo que tú harías por ellos, porque tu forma de darte a los demás no tiene que coincidir con la de tus amigos. Cada uno tiene su forma de ser, y no trates de cambiarlos para moldearlos según tus criterios.

Piensa en ti mismo

La comunicación, como en tantos otros aspectos de la vida, es fundamental. Tienes que aprender a decir que no a tus amigos, y a ‘defenderte’ cuando te recriminen algo que esperaban que hicieras. "Debes ser asertivo y defender tus derechos”, explica Hidalgo, sin atacar los demás ni ponerte a la defensiva, es básico. Y, como observa la psicóloga Paola Duchen, “hay relaciones que no se mantienen en el tiempo”. Así que si no quieres seguir siendo el padre de tus amigos y ellos no aceptan el cambio de roles, ha llegado el momento de dejarles volar del mundo y buscar nuevas compañías.