El arte finlandés de encontrar la felicidad en ropa interior

Hay muchas maneras de celebrar el Día Mundial de la Felicidad. En Finlandia, por ejemplo, existe una palabra específica para ese momento en el que estás en casa solx, tomando algo y sin ninguna intención de salir de fiesta. Esa palabra es kalsarikänni

En el año 2018, el Informe Anual de la Felicidad realizado por la ONU identificó a Finlandia como el país más feliz del mundo. Y es que resulta que los países nórdicos tienen muchísimos antídotos para quitarse la tristeza y la apatía. Varios estudios demuestran que, ante la rabia y el dolor del planeta, los escandinavos tienden a concentrarse en sí mismos y en la gente a la que quieren para que todo lo malo que aparezca y obstaculice sus rutinas sea más llevadero. Quizás hoy, a modo de celebración por el Día Mundial de la Felicidad, debamos tomar como consejo su manera de vivir el día a día.

En Suecia y en Noruega esta filosofía de vida y este enfrentamiento a las adversidades se representa con la palabra lagom, que podría traducirse en algo así como: un equilibrio perfecto. Donde está el lagom, todo está como debería ser. Dinamarca, por su lado, tiene su propia palabra: hygge. Esta ha sido (y es) mucho más famosa que la anterior y ya se ha expandido como una filosofía de vida. Hygge representa la felicidad de los detalles, de disfrutar en tranquilidad y de saborear el momento. Ambas filosofías tienen un aura un poco utópica, sin defectos. En Finlandia, son más naturales, más "despatarrados". Su filosofía se llama kalsarikänni y tiene que ver con el gustazo que da estar tumbadx en el sofá en ropa interior.

Qué es y cuáles son sus elementos

La palabra kalsarikänni resulta de la unión de dos palabras: kalsari (ropa interior) y känni (estado de embriaguez). Al menos así se describe en el libro Kalsarikänni, el arte finlandés de beber en ropa interior y encontrar la felicidad, escrito por Miska Rantanen y editado por Zenith, quien se ha pasado casi 50 años investigando el estilo de vida de los finlandeses. Así, en una sola palabra, se describe lo esencial de este arte que consiste en beber (no emborracharse a lo loco, sino tomarse una cerveza o una copa de vino) en casa, en ropa interior y sin ninguna intención de salir de fiesta. Esta filosofía no entra en conflicto ni con el lagom ni con el hygge. De hecho, las tres podrían complementarse entre sí ya que tienen los mismos objetivos: disfrutar de la tranquilidad, sentirse alegre en un entorno cómodo y una forma de compartir tiempo con uno mismo o con personas cercanas.

A muchos nos ha pasado. Esa sensación de llegar del trabajo o de la universidad y no tener ganas de hacer nada más allá de estar en el sofá o dentro de casa con ropa cómoda y viendo una serie o una película. El kalsarikänni representa, entonces, esa forma de desconectar de la rutina a través de los siguientes elementos:

Algo para beber

En el libro describen que este arte se practica con alguna bebida alcohólica no muy fuerte: cerveza o vino pero también puede disfrutarse con cualquier tipo de bebida. El motivo por el que nombran la cerveza es porque, de forma indirecta, “tiene como un puntillo de apalanque que va muy bien con este arte”.

Vestimenta

Para disfrutar del kalsarikänni más bien hay que desvestirse o al menos librarse de los pantalones apretados con los que fuiste a la uni o al trabajo, sacarse el sujetador, los calcetines y liberar los pies y el cuerpo de telas poco confortables. Si no te sientes a gusto en ropa interior porque en tu casa hace algo más de frío de lo esperado, puedes estar en chándal o con ropa más holgada. La cuestión es estar cómodx, con algo que te permita tirarte en el sofá.

Entretenimiento

Después de todo un día de estrés o de concentración en una tarea o estudio concreto, el cerebro humano necesita calma y con aquello que le permita realmente relajarse. Este punto es uno de los más subjetivos: puede ser un libro, la televisión, la radio, un equipo de música o incluso unas agujas para tejer. Las opciones son amplias y quedan a tu elección.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Algo de picar

Para que todo esté en equilibrio hay que acompañar la bebida con algún snack. El kalsarikänni te hace saltarte la dieta (en el caso de que la tengas) porque aconseja unir tu relajación con dulces, pizza a domicilio, tacos o la comida rápida que más te guste.

Qué hacer y cómo avanzar

El autor del libro ha ido analizando el contexto en el que se ha desarrollado a lo largo de la historia de Finlandia este arte para alcanzar la felicidad y qué consejos se deben seguir para practicarlo lo mejor posible. Así, explica: “Al igual que, si realizas un trabajo estático, mantenerte en esa postura todo el rato te provocará malestar en el cuerpo, si estás tumbado en el sofá de manera indefinida, no le estarás haciendo bien, el descanso también necesita de alguna pausa”. Otro de los puntos a destacar es que tampoco es necesario no hacer absolutamente nada, el kalsarikänni puede aprovecharse para desarrollar alguna tarea creativa y que haya lugar para algún tipo de ejercicio funcional, como por ejemplo, llevar a cabo tareas que den orden a tu vida y que no puedes realizar en otro momento.

Reivindicar tu espacio, conseguir desconectar y dedicar una parte de tu tiempo a lo que puede entenderse como un mimo, tendría que pasar a ocupar un lugar activo en la rutina. Para avanzar no solo en esta práctica en concreto sino también para asegurarnos de que es posible sacarle más provecho al trabajo o a los estudios, hay que reservar algunos días a la semana para verdaderamente desconectar. Seguramente, cada uno tendrá su forma particular de hacerlo, el kalsarikänni solo es una de las maneras.

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Entendemos que tendrá buenos resultados, al menos así lo aseguraba el Informe de la Felicidad Mundial realizado en el 2018, colocando a Finlandia como el país más feliz del mundo, aunque otros estudios sitúan en los puestos más altos de la felicidad a los países con más sol y vida callejera. Tenemos que dar con nuestro camino personal para poder fusionar el estrés del trabajo o los estudios con el descanso que nos merecemos y, ahora que llega también la primavera, equilibrar los días de pachorra casera con las actividades al aire libre.