Ann Hodges, la mujer a la que le cayó un meteorito mientras se echaba una siesta y vivió para contarlo

La tarde del 30 de noviembre de 1957 recibió el impacto de una roca extraterrestre mientras descansaba en su casa de Sylacauga, en el estado americano de Alabama

Imagínate estar plácidamente echando una siesta en tu cama y, de repente, sentir el brutal impacto de un meteorito que atraviesa el techo de tu habitación y te golpea en el abdomen. Suena a ciencia ficción, de hecho, casi lo es porque las probabilidades de que esto ocurra son de aproximadamente una entre 1,6 millones. Sin embargo, Ann Hodges pudo contar durante años que fue la única persona de la Tierra que fue alcanzada por un meteorito y vivió para contarlo. 

Todo ocurrió la tarde del 30 de noviembre de 1957 cuando Ann descansaba en su casa de Sylacauga, en el estado americano de Alabama. Momentos antes de alcanzar su domicilio, los vecinos del lugar habían sido sorprendidos por “una luz rojiza brillante” o “una bola de fuego describiendo una arco gigantesco”, según los testimonios recogidos en su momento por la revista National Geographic y recuperadas en un artículo del diario ABC. No era para menos si se piensa que el objeto de cuatro kilos de peso viajaba a más de 200 kilómetros por hora mientras atravesaba el suelo de Alabama.

Por suerte para Ann, el meteorito de Sylacauga (o “roca de Hodges” como fue posteriormente bautizado) se fragmentó momentos antes del impacto por lo que únicamente un fragmento menor llegó a impactar contra el costado izquierdo de su abdomen. El revuelo montado por el impacto fue mayúsculo y más en un contexto como el de la Guerra Fría en el que el pánico a un ataque nuclear impregnaba la mente de los habitantes de Estados Unidos. Es por ello que las Fuerzas Aéreas no tardaron en tomar posesión del objeto espacial prometiéndole el retorno a Hodges una vez estudiaran sus características. 

Sin embargo, la casera de Hodges, una tal Birdie Guy, reclamó la propiedad del objeto espacial. Finalmente, un litigio estableció que la casera recibiría 500 dólares en compensación por los destrozos de su propiedad pero que la propietaria del meteorito sería únicamente Ann Hodges y su marido quien poco después intentó venderlo sin éxito. Aunque pueda parecer surrealista, el fragmento acabó en las estanterías del domicilio familiar hasta que acabó siendo donada al Museo de Historia Natural de Alabama. Allí concluyeron que se trataba de un meteorito de contrita con una antigüedad de 4.500 millones de años y que, probablemente, procedía del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter.

Quizá no obtuvo un reconocimiento económico, pero su extraña historia le valió una gran fama en su momento y protagonizar la portada de la prestigiosa revista Life en diciembre de 1954. Pero tanta atención acabó pasándole factura a Ann quien se recuperó rápidamente del enorme hematoma que le produjo el meteorito pero que fue incapaz de asimilar la exposición mediática de su historia. Tras desarrollar diversos problemas mentales, que comportaron su divorcio, murió debido a una insuficiencia renal cuando apenas tenía 52 años.