Mis amigas están teniendo bebés pero yo no me lo puedo permitir

Siempre compartimos el deseo de ser madres pero nunca tuve la conciencia real de que en algún momento fuera a suceder y ahora ya hay pequeños humanos viniendo en camino

Hace dos días que se terminó mi síndrome premenstrual. Hace exactamente dos días que tendría que haberme venido la regla. Tengo un retraso de dos días. No me alarmo. Aunque suelo ser bastante regular, dos días no son muchos días. Me alarmaré cuando llevaba una semana de retraso. Alarma. Pienso que, inconscientemente, he asociado la palabra alarma al hecho de que exista un solo síntoma de que puedo estar embarazada. Pienso que he sido cuidadosa en mis relaciones sexuales. Cuidadosa. Pienso cómo esa palabra denomina que hay un riesgo al que podría enfrentarme. Riesgo. El riesgo del embarazo. Me doy cuenta que tengo, sin haberlo planeado ni pensado, una red de un vocabulario que parece maldito. Todo indicio que pueda hacerme sospechar que estoy embarazada me preocupa. Pero ¿por qué?

Charlábamos, a partir de nuestros 19 o 20 años, de que sería una locura ser madres: "si me quedo embarazada, aborto, obviamente". Y todas asentíamos en silencio ciegamente seguras de todas las frases que llevaran la palabra "aborto" incluida. Pasó mucho tiempo y nos separamos, cuando terminamos la carrera cada una de mis amigas tomó un rumbo diferente. Ahora somos mujeres haciendo realidad nuestros sueños con la precariedad de la mano. Todo a nuestro alrededor nos indica que ser madres será MUY complicado. En este terreno rocoso y caótico no nos planteamos serlo. Pero llegó. Llegó el primer bebé de una de mis amigas y ahora está en camino. En mitad del confinamiento una videollamada hizo que me emocionara y gritara como loca. Dos rayitas en el test de embarazo. Cuando recobré la calma mi primera frase fue: ¿lo vas a tener? 

Sí, claro que lo voy a tener

Abro el libro de Noemí López Trujillo El vientre vacío porque quiero utilizarlo como manual para explicar, con sus palabras, partes de este artículo. Cuando lo abro, salto a un recuerdo: mi viaje en solitario a Berlín. Me llevé este libro como acompañante para el viaje y guardé dentro un montón de flyers, tickets o entradas de museos por los que pasé en esa maravillosa experiencia. Intercambiaba mensajes con mis amigas comentándoles lo increíble que era ese lugar y le escribía a una joder, tía, tenemos que venir juntas, te va a encantar. Ella respondía igual de emocionada la cantidad de cosas que podríamos hacer si nos íbamos allí de viaje. Ahora ella va a ser madre y ya no sé si podremos ir a Berlín juntas, al menos no ella y yo solas. Sé que estaré encantada en ir con su bebé pero será distinto. Ahora todo lo será.

Hemos escuchado cientos de veces en boca de nuestras madres o padres: "lo que yo no tuve que lo tengan ellas". "Pero, ¿qué tenemos? ¿Qué hemos conseguido? ¿Qué albergamos? Nada. Una generación radiante que brilla pero rota. Una generación llena de trabajo y esfuerzo de nuestros padres y nuestras madres que no para de chocarse con el muro de la precariedad una y otra vez”. Así habla la autora María Sánchez en el prólogo del libro de Noemí López Trujillo. Así nos introduce en una realidad turbia que nos indica que tener hijos debe darnos pánico pero no tenerlos, cuando lo deseas con tantas ganas, también lo da. Bromeo, de vez en cuando, con estos límites. Realidad, no realidad. Me acerco a mi compañera de piso y le digo tía me van a explotar los pechos, me duelen un montón y estoy cansada, Google dice que estoy embarazada, ¿lo estaré? Pues espero que no, me responde. 

Frente a este contexto, no obstante, celebramos con toneladas de felicidad que nuestras amigas vayan a ser madres. Vemos las fotos en Instagram con sus barrigas creciendo y sus pechos llenándose de leche y las compartimos y las aplaudimos y like, like, like, comentario, corazones, más likes, reacciones a las historias, todo. Nos envían audios contando cómo es sentir las primeras patadas y fotos de las ecografías y lloramos felices. Mis amigas están teniendo bebés y estoy feliz pero a la vez veo a cámara lenta cómo se podrían llegar a dividir nuestros caminos para siempre. Entonces pienso ¿cuándo los tendré yo?, ¿cuándo debería tenerlos?, ¿debo empezar a planteármelo ya? Anhelo, de repente, una estabilidad completa que me permita hablar de este deseo como quien puede acceder a él en cualquier momento.

¿El momento es siempre?

Mi amigo Daniel me manda una imagen de la última ecografía que se hizo su pareja. Me dice ¿le ves la cabecita? Y sí, la veo, la veo perfectamente. Me cuenta, además, que según el número de semanas de embarazo el bebé ya tiene el mismo tamaño que un conejito. Hay una aplicación que te va contando los detalles de la gestación y cómo va cambiando todo según la fase en la que se encuentre. Así también supe cuando el bebé tenía el mismo tamaño que una naranja, un patito o un cono de helado, ya que hay diferentes categorías con las que mostrar su medida. Me encanta esto, me parece súper divertido y siempre pienso: me descargaré esta app cuando esté embarazada. 

Él y su novia sí buscaban tener un bebé. Él y su novia son el claro ejemplo de pareja estable que ha ido construyendo su entorno para tener una familia. Ellos crearon el momento, fueron pasito a pasito hasta que supieron que ahora sí. No veo otra forma en la que pueda haber un instante concreto. Una de mis amigas, la más tierra, la más naturaleza, la más espiritual me dijo una vez que se quedó embarazada: ¿te acuerdas todas las veces que decíamos muy seguras que abortaríamos si nos quedábamos embarazadas? Todo cambia cuando ves esas dos rayitas, amiga, y de repente eres consciente de que algo puede estar creciéndote dentro. Tengo la sensación de que no hay un momento ideal, y que si existe parece que está tremendamente lejos. 

Aunque esto sea así, poco a poco se nota en el ambiente. Sin ir más lejos el viernes de la semana pasada hicimos una cena en mi piso, varias parejas y amigxs. Cuando menos nos dimos cuenta estábamos hablando de bebés, de congelar óvulos, de cuándo es el momento, de siempre es el momento, de nunca es el momento o de ya mismo puede ser el momento.

El confinamiento también resultó ser un contexto en el que muchas de ellas se plantearon un embarazo. Es más, será a finales de este año cuando se sepa con certeza si nacerá una oleada de bebés como han pronosticado varios expertos. Esta será la generación denominada coronaboomers. Así lo explica el sexólogo Ivan Rotella, responsable del Centro de Atención Sexual de Avilés (CASA), para el periódico ABC. Él se muestra convencido de que "el confinamiento para combatir la pandemia provocará un nuevo 'baby boom' en España". Eso sí, quienes parecen más propensos a darse esa alegría de la nueva vida son quienes más dinero tienen, lo que Rotella ha denominado: millonarios con tiempo.

CN