Acudimos a una cita entre una persona discapacitada y su acompañante sexual

Tandem Team es una asociación sin ánimo de lucro que se encarga de poner en contacto a personas con discapacidad y sus acompañantes sexuales

Raquel y Xavi tienen una cita muy especial. No son pareja, no son amigos ‘con derecho a roce’, ni tampoco son amigos ‘a secas’. Ella padece artrogriposis, una enfermedad degenerativa que agarrota articulaciones y músculos y que la sentó en una silla de ruedas cuando era una adolescente. Él es su acompañante en sus encuentros íntimos y eróticos. Hemos quedado en un hotel del barrio barcelonés de Poblenou, un sitio fijo para sus acompañamientos. Uno de sus momentos de intimidad que repetirán en cuanto terminemos con la entrevista. 

“De pequeñita, el médico me dijo que iba a ser una niña de madera, que no me podría mover, y caminar, no puedo, pero, ¡mira cómo muevo los brazos!”, dice Raquel, de 33 años, con una sonrisa amplia. Diez años mayor que ella, Xavi tiene su profesión y su vida al margen de los acompañamientos, que hace de forma puntual. “No sabía nada de este mundo hasta que vi un reportaje de Tandem Team en televisión. Me apunté a una formación y sentí que iba conmigo. Luego tuve una entrevista y supe que era mi lugar. Todos tenemos alguna diversidad funcional, tú, yo, todos… no solo existen las que se ven, también están las emocionales, y a mí esto me completa como persona”, explica mientras nos acomodamos en la terraza del hotel.

Romina Vallés

También ha venido a la entrevista María Clemente Martori, psicóloga y sexóloga experta en neurorehabilitación por el Instituto Guttmann y vicepresidenta de Tandem Team. Esta asociación sin ánimo de lucro es pionera (y una de las pocas que hay) en ofrecer estos servicios en nuestro país, es decir, se encarga de poner en contacto acompañantes con usuarios con discapacidad, aunque ellos prefieren hablar de diversidad funcional. “Hace 4 años y medio que empecé con Tándem, justo cuando la asociación comenzaba a funcionar. Antes, no me conocía a mí misma, no sabía lo que era vivir, nunca me había enrollado con un chico. María es como mi madre porque me ha descubierto un mundo, yo antes no sabía ni lo que era masturbarme. Pero lo más importante, lo que ansiaba por encima de todo era un beso y un abrazo. Be-so y a-bra-zo (repite con fuerza Raquel). Y en el primer encuentro que tuve con un acompañante, me enganché. Me da la vida”, dice emocionándose y mirando a María, que le devuelve una caricia en el brazo.

Carencias que complementan

“La primera experiencia de acompañamiento de Xavi fue muy fuerte también para él: sentí mucho miedo y respeto al principio, sensaciones normales en una situación así, pero poco a poco me empecé a encontrar bien con esa persona, porque sus carencias casaban con mis debilidades, así que nos convertimos en dos iguales. De eso va, de que el intercambio esté equilibrado, que no sea de ‘normal’ a ‘disminuído’. Al contrario de lo que puedas pensar, una persona que está tetrapléjica puede tener mas ganas de vivir que tú y que yo juntos, porque no entra en derrotismos, quiere estar vivo, es complaciente, dice lo que siente desde el corazón, sin filtros, no como nosotros. Cuando estoy con ellos, me entran más ganas de vivir”, explica Xavi.

María me cuenta que Tandem Team hace una selección previa de los perfiles de acompañantes y usuarios a partir de entrevistas y los junta en función de las preferencias de cada uno: “Un usuario puede pedir desde una carencia afectiva básica, caricias, un masaje, una charla, hasta una relación coital. A partir de ahí, los ponemos en contacto y tienen una primera cita para conocerse relajadamente. Luego pactan los términos del acompañamiento, porque siempre hay que hablar de los límites que quiere poner cada uno, tanto sexuales como emocionales.Y el precio también lo pactan entre ellos”.

Me provoca respeto preguntarles hasta dónde llegan Xavi y Raquel. Pero ahí va. Raquel ha tenido encuentros que han acabado en coito, pero “eso no es lo más importante para mí”. Podemos estar las tres horas que dura el encuentro charlando, abrazándonos y tocándonos el uno al otro sin más. Es tan mono, él…” (ella se ruboriza y nos reímos todos). “Solo te diré que antes del encuentro, estoy nerviosa, irascible, un poco estresada, y de bajón. Cuado salgo, estoy feliz, superalegre y relajada”.

Romina Vallés

“¿Y nunca te has enamorado de un acompañante?”, le pregunto. “Sí que es verdad que en los primeros acompañamientos con otro chico, me pareció que empezaba a sentir algo por él, pero eso es relativamente normal que suceda cuando te metes en esto. Ahora a Xavi yo lo veo como un amigo con derecho a roce y yo sé que cuando se acaba la cita, se acaba, y adiós muy buenas”, dice Raquel, que ha sacado un abanico rojo del bolso para aliviar el bochorno preestival.

“Yo, si veo que cuando estamos en la relación íntima, el otro se pasa de lo pactado, entonces lo paro. De igual manera, si veo que después de un acompañamiento, el usuario se pasa con los Whatsapps, le pongo freno porque se puede complicar la cosa…”, explica Xavi. Se acerca la hora y los chicos deben irse. “Prefiero que no pongas mi apellido, porque nadie de mi entorno (familia, amigos, pareja, no tengo) sabe que hago esto. El tabú me lo coloco yo al no compartirlo, no porque sea algo malo o feo; al contrario, es algo precioso, pero forma parte de mi intimidad. Y además, me ahorro problemas”, me comenta Xavi.

“Mi madre me dice: ‘Hala, vete a pasarlo bien’. Todos en mi entorno lo aprueban, porque mi vida es mía y hago lo que me de la gana”, añade Raquel, que gracias a los acompañamientos con Tandem ha descubierto, además, otra faceta que ni se imaginaba: le gustan tanto los chicos como las chicas, y por eso también tiene acompañamientos con mujeres. Me despido de Raquel y Xavi, que antes de marcharse se han cogido de las manos para que les haga la foto de arriba. Me quedo con una sensación agridulce: algo tan natural como la sexualidad debería ser un derecho para todos.

Si me pasara a mí...¿también pagaría por el servicio?

“Si la gente no conoce este servicio, nos preguntan si es prostitución para discapacitados. Pero la prostitución es otro paradigma, basado exclusivamente en la descarga genital, en el coito, el orgasmo, a cambio de una contraprestación económica. Nos han educado en el sexo coitocéntrico y la sexualidad humana va más allá. El acompañamiento es algo más sutil. Es erotismo, pero también es cariño, es compartir, son deseos y fantasías. Si alguien nos pide un servicio únicamente sexual, le aconsejo que opte por la prostitución. Aquí no se miran los relojes y el dinero no es lo fundamental. Hay incluso acompañantes que no cobran", me explica María.

Pero pensar en el sexo de una forma distinta a la que aprendimos no es fácil. Seguro que alguna vez, al ver a alguien en una silla de ruedas, se te ha pasado por la cabeza pensar: “Y si me sucediera a mí, además del trauma físico evidente, ¿podría volver a tener sexo?”. No, no eres raro ni un obseso/a. En mi caso lo pienso cada vez que me subo en una moto. Y es una de las primeras preocupaciones de quienes sufren un accidente grave o padecen una enfermedad degenerativa, después del “¿no volveré a andar?” o “¿me haré mis necesidades encima?”.

Romina Vallés

La sexualidad es una parte más del proceso de rehabilitación, como aprender a hacer las cosas de cero, a moverse con la silla o a interpretar las señales del propio cuerpo, como si, por ejemplo, toca ir al baño. Somos seres sexuales, por eso es completamente normal que sea una de las primeras preocupaciones. Eso sí, yo siempre recomiendo a los pacientes que tiempo al tiempo, hasta que no hay una mínima estabilidad física y emocional, es mejor no intentar trabajar la sexualidad, porque entonces la frustración puede ser muy grande”, explica Anna Gilabert, psicóloga experta en sexología del Instituto Guttmann, uno de los centros de referencia en neurorehabilitación en toda España.

Pero, ¿las personas con una discapacidad física severa, pueden llegar a  tener orgasmos o no? “Aparentemente, pensamos que los genitales son el centro de nuestra sexualidad y no. Hay personas que físicamente están bien, pero sus problemas cognitivos les impiden sentir deseo… Si eres capaz de estimularte, excitarte, captar las señales que te vienen del cuerpo dañado, integrar la parte afectada de otra manera, con la vista, el tacto…, puedes llegar a tener una vida sexual satisfactoria, diferente, pero satisfactoria. El sexo no está en el pene o la vagina. Está bastante más arriba”, añade al experta.

En el Instituto Guttmann me explican que ellos no ofrecen servicios de asistencia sexual a las personas con discapacidad, pero que no se cierran a hacerlo en un futuro. De momento, en nuestro país esta asistencia no está subvencionada, así me lo confirman desde el Ministerio de Sanidad y el Departament de Salut de la Generalitat en el caso de Cataluña. En Holanda, Bélgica o Dinamarca funciona como en España, dentro de una alegalidad consentida (no es ilegal porque, sencillamente, no está contemplado por ninguna ley). Suecia es quien ha llegado más lejos, con algunas subvenciones. “El problema de España es la mentalidad, la educación, que tiene que cambiar; hemos de abrir miras”, dice Gilabert.

Del acompañamiento a una amistad incondicional

Romina Vallés

Antonio tiene 44 años y va en silla de ruedas desde hace diez por una distrofia muscular degenerativa. Me cuenta que desde pequeño es extremadamente tímido, quizás porque en su casa no paraba de oír que nunca podría tener una vida normal, ni estudiar una carrera, ni casarse… “De adolescente me sentía anulado. Y de repente, te plantas en los 17 años con todas las hormonas revolucionadas y una apetencia sexual incontrolable. Por eso comencé a ir con prostitutas. Pero con los años, te vas dando cuenta de que te falta algo, que físicamente te descargas, pero no emocionalmente; ves que lo que necesitas es afecto”. Y en Tándem lo encontró.

“En mi caso te digo que cuantos menos límites genitales haya, mejor para mí, pero es muy diferente cuando hay un aporte emocional, porque es una persona que ya conoces, no una pura descarga, y eso te llena a todos los niveles”, cuenta. En los cuatro años que lleva con los acompañamientos ha hecho hasta un grupo de amigos, y que su autoestima ha subido un montón: “Es maravilloso ver que el hecho de que tu cuerpo no funcione como todos los demás, no significa que no puedas gustar a alguien”. Y alguien a quien gustó es a Lia, con la que vivió una intensa relación de acompañamientos durante un año, hasta que decidieron ponerle fin y guardar una bonita amistad, para hablar, apoyarse mútuamente o quedar para tomar algo.

“Antonio me impresionó desde la primera cita, que fue en mi casa. Es un hombre con una fuerza increíble, cuando estás con él un rato, dejas de ver la silla. En nuestro primer acompañamiento me temblaban las manos. Luego todo fue fluyendo y fue precioso, de las experiencias más intensas que he vivido. Duró siete horas”. Y prosigue: “Yo soy muy intensa y muy creativa, así que me gusta preparar a conciencia los acompañamientos; coloco velas perfumadas, compro aceites de masaje, pongo música… y lo vivo a tope, río, lloro, acaricio, hacemos el amor, si se tercia… no me gusta poner límites”. Lia no se llama Lia en realidad porque prefiere no decirlo para este reportaje, aunque su entorno (no tiene pareja) sabe que hace acompañamientos.

Romina Vallés

“Antes de comenzar con esto, ya colaboraba con una asociación de ayuda a personas con diversidad funcional. Pero esto me ha cambiado la vida, aquí me he encontrado con una parte de mí misma que me gusta, me ha abierto otro mundo de erotismo inmenso y desconocido, en el que hay un equilibrio entre ofrecer y recibir”. “Esta semana, justamente, vamos a vernos con Antonio. Te mandaré fotos, para que veas lo que nos queremos”. Y me describe una tarde en que, tras un acompañamiento, Antonio la llevó en la silla de ruedas por la Diagonal de Barcelona, sentada sobre sus rodillas, agarrada ella al cuello de él, durante más de dos horas.

Aprender a vivir con intensidad pase lo que pase

Esta tarde he vuelto a subirme de paquete en la moto de Carlos. Llovía y yo pensaba en lo resbaladiza que debía estar la calzada. “No te rayes, conduzco parado”, me ha repetido él al notar cómo le agarraba cada vez más fuerte por la cintura. No quiero que la moto derrape, no quiero que muramos ni que quedemos en silla de ruedas de por vida, vale. Pero, ¿sabes qué? Haciendo este reportaje he aprendido algo. He aprendido que hay que vivirlo todo con intensidad, tener siempre alguna ilusión por algo, decir lo que se siente y lo que se necesita, como hace Raquel, como hace Antonio. He aprendido que el sexo, “nuestro” sexo es muy importante, sí, pero que no solo existe una forma de disfrutarlo. Y que, a veces, lo que más te llena es un beso y un abrazo. Be-so y a-bra-zo. Que los verdaderos orgasmos están en el corazón.