Aborté Y Me Desgarró El Alma Pero Si Volviera Atrás Lo Volvería A Hacer

La primera vez que aborté no sentí nada. Tenía 20 años, un novio con el que no sabía a dónde llegaría y todavía estaba estudiando. Quedé tan aliviada con el gigantesco peso que me quitaba de encima que corrí rápidamente un tupido velo y seguí con mi vida como si no hubiera pasado nada. Pero la segunda vez fue diferente.

El aborto siempre ha sido, y seguirá siendo, uno de los temas más polémicos en nuestra sociedad occidental, con una división que muchas veces viene dictada por valores morales o religiosos. Más allá de lo que dice la ciencia, unos consideran que se está matando una vida y otros que la mujer debe tener libertad sobre la suya propia para decidir si seguir adelante o no con un embarazo.

Pero parece que los unos no tienen en cuenta lo que puede implicar tener un hijo no deseado al que no se le puede dar todo lo que necesita y los otros pegan gritos de "mi coño es mío" y hablan de libertad como si una fuera a elegir el tinte que se pone en el pelo, olvidando todas las consecuencias emocionales que puede, o no, tener un aborto durante el resto de la vida de la mujer.

En mi caso, la segunda vez mi situación era prácticamente la misma que en la primera, solo que con algún año más, pero seguía sin ser un buen momento para todo lo que conlleva tener un hijo. Así que decidí volver a interrumpir el embarazo. Pero esta vez lo viví mucho peor, me pasé varias semanas llorando y el alivio de poder seguir con mis estudios quedó ensombrecido por la sensación de que se me había muerto algo por dentro. Tenía miedo de no poder nunca ser madre y me horrorizaba pensar que a lo mejor me merecía no poder nunca ser madre. Así que me prometí a mí misma que nunca más lo volvería a hacer.

Sin embargo nunca me atrevería a recomendarle a una persona que no lo hiciera. Tomar esa decisión puede ser muy duro, porque si te planteas ser madre en un futuro, aspiras a darle a tu hijo lo mejor, tanto emocional como materialmente y para eso necesitas construir unas bases que teniendo un niño antes de tiempo se te pueden desmoronar.

Por mi parte, aunque no soy creyente, durante muchos años cargué con un pesado sentimiento de culpa sobre los hombros. Mi vida siguió adelante, me acabé casando con aquel primer novio y tuve tres maravillosas hijas, pero de vez en cuando se me cruzaban preguntas por la cabeza. "¿Habrían sido niños o niñas? ¿Qué edad tendrían ahora? ¿Cómo serían?".

Pero un día me di cuenta de que la culpa no me aportaba nada, era solo un lastre que me impedía seguir caminando por una situación que ya no podía cambiar. Así que decidí perdonarme a mí misma y despedirme del recuerdo de lo que nunca fue, porque supongo que no tenía que haber sido.

De todo esto aprendí que el aborto no es un método anticonceptivo que se pueda usar a la ligera porque a ti o a tu pareja no os apetezca utilizar un condón, que puede tener consecuencias dramáticas para tu salud emocional el resto de tu vida. Pero, teniendo en cuenta que la ciencia lo permite, creo que ni una ley ni una iglesia debería tomar por ti una decisión como esta. Porque mirando atrás y a pesar de todo, yo lo volvería a hacer y agradezco haber tenido la libertad de elegir cómo vivir mi vida y cuándo darle vida a otro ser.

Crédito de la imagen: Tarryn Hatchett