7 cosas que siguen existiendo, aunque no lo creas

En la generación milenial pegas una patada a una piedra y debajo surge algo de nostalgia. El pasado está por todas partes: en el cine, en las series, en la moda y en lugares insospechados. Está en objetos y tendencias que marcaron nuestra infancia y nuestra adolescencia. Cosas que ya dábamos por muertas, pero que se resisten a desaparecer. Aquí recopilamos siete de estos supervivientes. Siete realidades que, aunque ya hace años que pasaron por su época dorada, siguen dando guerra. Siguen reinventándose y adaptándose a los nuevos tiempos. Y es que, a la vez que mantienen el encanto de tiempos pasados, los integrantes de esta lista se sacuden el polvo del olvido día a día, manteniéndose relevantes en un mundo que ya mira hacia otro lado.

1. Las cabinas telefónicas

Suenan los acordes de John Williams. Clark Kent entra en una cabina de teléfonos hecho un tirillas y sale convertido en ese que ni es un pájaro ni es un avión. Mientras se aleja volando por el cielo, en la acera queda solitaria la cabina telefónica: símbolos de toda una época pretérita que, hoy en día, aún pueblan muchas calles y esquinas. En concreto, según los datos que ofrece Telefónica, en España quedan 18.000 de ellas en activo. Cada una registra, de media, poco más de una llamada al día, aunque la mitad no suelen llegar ni a eso. Ahora que todos llevamos el equivalente a un súper-ordenador en el bolsillo, el futuro de las cabinas cada vez parece más negro y por eso algunas se reinventan. En Reino Unido, hogar de esas telephone boxes rojas tan instagrameables, las transforman, por ejemplo, en restaurantes enanos, galerías de arte en miniatura o puntos de intercambio de libros.


2. El Windows XP

Lo de los ordenadores es una evolución tan hiperacelerada que a veces cuesta seguir el ritmo. Pasa con el hardware, sí, pero también con los sistemas operativos, y pocos hay más emblemáticos que el viejo Windows XP. ¿Era ese fondo de hierba verde bajo un cielo veraniego demasiado bonito para durar? Seguramente, y por eso el 8 de abril de 2014, Microsoft anunció que dejaba de actualizarlo y de darle soporte técnico. Sin embargo, eso no significa que XP haya dejado de utilizarse. Para nada. Más allá de todos aquellos que trabajan en este sistema operativo porque es el que hay en su trabajo o porque no pueden permitirse una nueva versión, hay un caso curioso: el ejército de los EEUU, que paga miles de millones de dólares a Microsoft por el privilegio de seguir contando con actualizaciones de seguridad para el Windows XP. Por cierto, si leer este punto te ha despertado el gusanillo de la arqueología informática, aquí va un regalo extra. ¿Sabías que la primera web de todo Internet aún sigue operativa? Aquí está, para que la disfrutes.


3. El fax

Oficinas llenas de gente fumando y máquinas de fax pitando, imprimiendo mensajes recibidos por vía telefónica. Esta estampa ya es historia, y la tecnología del fax —que se inventó en el lejano 1842— es solo un recuerdo en las mentes de la mayoría de trabajadores que apuran su ‘piti’ fuera del edificio. A no ser, claro, que uno esté en Japón, donde las máquinas de fax siguen siendo muy populares. El motivo, según analiza el periodista de la BBC Michael Fitzpatrick, es la mezcla de un conservadurismo cerril en muchas empresas niponas y de la dificultad del propio alfabeto japonés. Con miles y miles de caracteres distintos, la escritura a mano cobra mucha importancia, y el fax permite enviar estas cartas de forma rápida, sencilla y sin que se pierdan los matices.


4. Las terapias de electroshock

Décadas y décadas de películas de miedo nos han llevado a ver las terapias de electroshock como algo del pasado. Nos han llevado a concebirlas como una tortura terrible, aplicada para hacer hablar a chivatos y ‘curar’ a homosexuales cuando, en realidad, se calcula que hoy en día alrededor de un millón de personas recibe cada año terapia electroconvulsiva —sí, este es el nombre técnico— en países como Japón, Turquía, Nigeria e incluso Estados Unidos. Suele prescribirse para pacientes psiquiátricos que no responden bien a los medicamentos. Dicho de otro modo, es un segundo recurso con el que se puede tratar a personas que sufren depresión, esquizofrenia, catatonia o según algunos estudios recientes también síndrome de estrés post-traumático. El modo de aplicarlo sí que se parece a lo que nos imaginamos: electrodos a ambos lados de la cabeza y descargas que provocan convulsiones controladas.


5. Patoaventuras

Youtube

Si eres de los que pasamos buena parte de la infancia pegados a la tele y viendo desfilar dibujos animados, te sonarán nombres como La banda del patio, Rugrats o Vaca y pollo, todas ellas historias que terminaron y se han quedado como recuerdos del pasado. Todas, menos una: Patoaventuras, esa serie sobre el Tío Gilito y sus tres sobrinos tocapelotas, sigue viva hoy en día gracias al reboot que comenzó a emitir Disney el año pasado. Más estilizada y con más variedad —¡sí, personajes femeninos!—, esta nueva Patoaventuras traslada a las nuevas generaciones las mismas sensaciones de aventura y buen humor que vivimos los que éramos niños en los 90. Muchas aves, espíritu juguetón y, sí, la misma cancioncilla pegadiza que hace veinte años.


6. Los teléfonos ‘tontos’

Hoy vivimos rodeados de smartphones, de “eléfonos inteligentes que nos hacen olvidar una época en la que los móviles eran bastante más tontos. Ni conexión a internet, ni mensajería instantánea, ni fotos con tropecientos megapíxels, ni historias: los móviles, para llamar, como dicen las abuelas. Aun hoy en día estos ladrillos siguen dominando algunos mercados, sobre todo en el África subsahariana. Más allá de la necesidad, también en nuestro Occidente súper smart está creciendo la necesidad de dejarse de mandangas y volver a la simplicidad. Nokia, Alcatel o Telefunken son algunos de los nombres que más suenan entre este nicho de mercado. Uno en el que los más listos son los que escapan de la black mirror y apuestan por lo básico.


7. Los telegramas

Acabamos esta lista —que podría incluir muchas otras cosas más, como la televisión en blanco y negro o las cámaras de fotos de usar y tirar— con un auténtico fósil. El telegrama está en nuestra imaginación como ese aparato extraño que aparece en las películas antiguas, ese que habla un lenguaje extraño de puntos y rayas. Una tecnología olvidada que, sin embargo, empresas como la International Telegram Company mantienen viva. Según Colin Stone, portavoz de esta compañía, 20 millones de telegramas aún se envían cada año alrededor del mundo. “La gente utiliza los telegramas para cancelar contratos y para enviar notificaciones legales, porque una copia del mensaje se guarda en nuestros archivos durante siete años, y puede ser legalmente verificado”, explicó Stone. Una muestra más de cómo el pasado se mantiene aferrado con fuerza, pegado al presente y más vivo que nunca.