5 Verdades Que Deberías Saber Sobre Vivir En El Extranjero

Vivir en el extranjero es una droga. Un chute de vida, de energía. Como una montaña rusa espeluznante y sobrecogedora. El subidón del descenso es tan espectacular que siempre querremos volver a subir para sentir de nuevo el viento en nuestras mejillas, chillar como locos, enfrentarnos a nuestros miedos y a otros nuevos, desahogarnos, divertirnos, y superarlo todo de vuelta a tierra.


 Soñar despiertos o vivir el sueño

Muchas personas fantasean con un destino paradisíaco, con una vida ajetreada y social en una gran urbe, paseos románticos por las ciudades europeas, paisajes fantásticos jamás tocados por el hombre y aventuras en los confines del mundo. Pero solo algunos cierran la maleta, se suben a un avión y viven el sueño.


 Acojonarnos es normal

Hay gente que jura que al llegar a su destino se adaptó en un suspiro como si allí hubiera nacido. Pero unos cuantos lloramos en la despedida, nos desesperamos en la búsqueda de piso, sudamos la gota gorda para hacernos entender en otro idioma que aún no dominábamos, y lloramos de nuevo al descubrir que nadie nos entendía. Berreamos cuando nos perdimos por enésima vez buscando nuestra clase o cuando dejamos tropecientos currículums y nadie nos respondía. Hicimos pucheros pensando que nadie querría ser nuestro amigo, y nos arrepentimos varias veces de haber partido antes de que hubiera pasado la primera semana.


 Nos superamos

Pasado el shock, nos reímos de nuestros miedos, encontramos nuestra madriguera, sustituimos el jamón por la golosina local y nos damos cuenta de que cada cosa tiene su encanto. Hacemos amigos muy rápido, porque cualquier expatriado sabe lo difícil que es llegar solo a un nuevo lugar, así que el testigo se va pasando, y los amigos se van heredando. Existen cadenas infinitas por el mundo de gente que ha vivido en una misma ciudad, y se ha pasado amigos.


La rutina desaparece

En nuestra ciudad de origen solemos parar siempre por el mismo bar, frecuentamos las mismas personas y repetimos pautas. Pero cuando estamos fuera, todo es absolutamente nuevo, así que vamos a ver todos los museos, probamos la cocina local, nos reunimos siempre en sitios distintos, cada día conocemos gente y nos apuntamos a todas las excursiones, incluso algunas sin ningún sentido. Te dicen: “Este fin de semana queremos ir a ver unas cuevas que están a 600 kilómetros por carretera en un bus cochambroso, luego hay que hacer 50 metros de escalada libre, saltar a un lago de montaña y pelear con un cocodrilo-tigre. ¿Te apuntas?” Y vas.


Crecemos

Aprendemos a ritmos acelerados, incomprensibles para nuestro Yo anterior. Crecemos tan rápido que la persona que regresa (o a veces la que se queda) es completamente distinta a la que partió; más fuerte, más optimista, más libre. Una persona que sabe que la vida está hecha de muchas más opciones, infinitas. Y sobre todo, una persona que sabe que todas esas opciones están a su alcance, y que puede lograr cualquier cosa que se proponga.

Incluso, ganar al cocodrilo-tigre.

Crédito de la imagen: Jairo Álvarez     Música: Jahzzar     Locución: Jesús Ranchal

La música empleada en esta locución está registrada bajo una licencia Creative Commons