5 Prostitutas Cuentan La Diferencia Sobre Ejercer Libremente Y Ser Una Explotada Sexual

Llega sobre la hora acordada. Emana seguridad, carisma, belleza y simpatía. Cuando la veo más de cerca, confirmo que es una diosa: una puta diosa. Pide un café y un dulce mientras yo sonrío como una adolescente enamorada. Las compañeras del Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo (CATS), con las que comparto muchas luchas sociales, ya me habían avisado de que E. me iba a fascinar y así es. 

E. tiene una experiencia como prostituta de 11 años en 10 países distintos. Agradece que queramos contar su historia y lo único que pide es que cuidemos su anonimato, pues la discreción es un valor importante en su trabajo. Sabe que la prostitución continúa siendo un tema polémico y por eso, se muestra rotunda desde el principio: “Las trabajadoras sexuales estamos en contra de la trata con fines de explotación sexual”. Las diferencias entre prostitución y trata son también un tema al que alude otra compañera de profesión, Vanesa Vera. Además de puta, es la vicepresidenta de CATS y a menudo, la voz de muchas otras chicas que no pueden dar la cara por miedo al rechazo de la sociedad.

Vanesa es adorable. La entrevisto por escrito porque esta semana tiene muchos clientes a los que atender. ¿Alguna vez has visto un hada? Pues yo la veo cada vez que trato con ella. Nos explica que la prostitución es un tipo de trabajo sexual que se ejerce de forma libre, sin coacciones y que permite a muchas personas vivir y conseguir independencia económica. Seguidamente, añade que la trata de personas con fines de explotación sexual es un delito, se realiza sin consentimiento y supone una violación de los derechos humanos.

La diferencia es el consentimiento

Esta demarcación también es compartida por Natalia Ferrari, una orgullosa puta feminista a la que he conocido a través de las redes sociales. Le paso la entrevista por correo y un día más tarde descubro, que como buena milenial, sus declaraciones son dinamita: “Solo hace falta nombrar una cosa para dejar claro que son fundamentalmente diferentes: el consentimiento. Dentro de las opciones laborales que tenemos a nuestro alcance, las trabajadoras sexuales elegimos libremente este trabajo porque es el que más se ajusta a nuestras necesidades e intereses. Una trabajadora sexual puede ser autónoma o trabajar para terceros, con mejores o peores condiciones laborales, pero aún así elige estar ahí y el único agente externo que nos coacciona es el sistema capitalista, como a cualquier persona que trabaje en otro sector”.

Foto: Natalia Ferrari por Mai Oltra

Cuanto más intercambio impresiones con Natalia, más me deja sin aliento. Es una mujer con poder, con poder sobre sí misma y no consiente que los discursos paternalistas/abolicionistas quieran controlar su cuerpo o califiquen de “indigno” su trabajo: “Se habla de realidades que no son representativas usando cifras falsas, por ejemplo hay quien suelta la famosa cifra de que el 90% de las putas somos víctimas y estamos obligadas por mafias. Es muy irresponsable que desde organismos oficiales se anime a la desinformación”.

Detengámonos también en analizar lo que nos comenta Margarita Carreras, una de las caras más conocidas del colectivo en España. Aunque en nuestra sociedad se hable mucho de la trata con fines de explotación sexual, no es la única que existe. Podemos encontrar también la trata relacionada con el tráfico de órganos, la servidumbre y la mendicidad. Incluso existen casos de explotación en las fábricas, en el trabajo doméstico o en la hostelería. Sin embargo, a nadie se le ocurre abolir ni la industria conservera ni la profesión de camarero. Sin duda, la voz de Margarita es un “azote” para aquellos que quieren criminalizar y borrar la prostitución en la calle.

Por su parte, Paula Zkerra, feminista, anticapitalista y miembro de la asamblea pro trabajo sexual de Cataluña, añade un matiz revelador sobre la importancia de las trabajadoras sexuales como agentes para concienciar y detectar posibles casos de trata o/y explotación en los espacios de trabajo sexual: “Somos generadoras de confianza entre compañeras de trabajo y receptoras de información. Las compañeras con conciencia de clase y género juegan un papel importante para ayudar a una mujer a salir de esta situación terrible”. En serio, este mundo necesita más Paulas Zkerras y menos princesas Disney.

Algunas putas cotizan… y otras son violadas y extorsionadas

Otro tema en el que se muestran unánimes nuestras cinco chicas es en la mejora de las condiciones laborales. En España, la prostitución es alegal. No hay ninguna legislación que prohíba o penalice el ejercicio de la prostitución. Lo que sí hay son ordenanzas municipales que pueden limitar el ejercicio de la prostitución (por ejemplo en la calle) o llegar a penalizarla a través de multas a trabajadoras sexuales y clientes. Dado que es alegal, algunas chicas que trabajan de forma independiente se dan de alta como autónomas en la seguridad social y pueden entonces cotizar. Sí, como lees. En cambio, otras, sobre todo aquellas que no tienen regulada su situación en España y/o trabajan para terceros (locales, agencias, clubs), no ven reconocidos generalmente sus derechos laborales y por tanto, se las condena a situaciones de exclusión social y de pobreza.

Lo único que es ilegal en España según el Código Penal es el proxenetismo, que es beneficiarse económicamente a costa de la prostitución de otra persona. Pero esto también cuestiona cierto modelo de negocio, pues quienes trabajan en prostíbulos no pueden demostrar una relación laboral con un empresario. E incluso, en el caso de que existan abusos laborales de un empresario a una trabajadora, tampoco pueden ser demostrados. Esto, se agrava cuando la trabajadora no tiene regulada su situación, pues si denuncia, la policía la detiene como inmigrante ilegal y la deporta a su país de origen.

Tristemente, estas situaciones son más violentas cuando pasamos de la alegalidad a la ilegalidad. Es entonces cuando la prostituta es etiquetada como criminal: “Me han detenido y deportado. En Suecia y Noruega, en varias ocasiones, me echaron de apartamentos y hoteles, y la policía se quedó con mi dinero. Si fuera una chica con menos recursos, me habrían obligado a la mendicidad. Ante estas situaciones, no me atrevo a llamar a la policía. Perseguir la prostitución hace que exista más pobreza y más situaciones de vulnerabilidad. Me he visto obligada a casarme con alguien que no soporto para evitar que me deporten”, confiesa E.

Paula Zkerra

Para mejorar las condiciones de las trabajadoras sexuales y acabar con la violencia (física, psicológica, sexual e institucional) que sufren, abogan por despenalizar la prostitución. E. piensa que si tuviera que cambiar algo de su trabajo sería “el marco legal”. Valora positivamente el modelo de trabajo sexual de Nueva Zelanda, algo que también es compartido con otras compañeras porque hay más seguridad, independencia, permite elegir clientes y vela por la salud de la profesional del sexo.

Pese a este panorama, hay espacio para la esperanza. Las condiciones de las trabajadoras sexuales cambian según el país, las regiones y la legislación. Por ejemplo, el caso de Finlandia, es diferente al de Suecia y Noruega. Allí, la policía sí protege a las trabajadoras sexuales y esto repercute positivamente en la actitud de los clientes, quienes se muestran mucho más respetuosos.

El mensaje de las trabajadoras sexuales a la sociedad

Antes de acabar la entrevista, E. lanza un mensaje atronador: “Abolir la prostitución es una utopía, es lo que piensan las personas privilegiadas o que pueden tener algún prejuicio sobre la sexualidad. Y perseguirla crea más situaciones de vulnerabilidad y pobreza. Pediría a los políticos que consulten con nosotras en lo que respecta al trabajo sexual, pues somos las expertas, sabemos cómo hacerlo de la mejor manera”.

Seguridad y conocimiento también se desprenden de la voz de Natalia Ferrari: “si se reconoce la prostitución como una opción laboral legítima, se quita a las prostitutas de las estadísticas de trata. Tiene sentido pensar que si algo está regulado y no es perseguido, todo aquello que funcione fuera de la ley en el mismo mercado pueda ser detectado con mayor facilidad”.

Crédito de la imagen: modelo Natalia Ferrari