5 personas que hicieron bullying en el instituto nos cuentan su experiencia

En las últimas semanas hemos vivido un caso de acoso escolar en Palma de Mallorca que ha dado la vuelta a nuestro país, un suceso de una brutalidad inexplicable que ha terminado por enfrentar a padres, colegio y comunidad. El hecho se produjo por no tomar las medidas de prevención adecuadas, ya que el bullying continuado hacia la chica de 8 años terminó con una paliza tan terrible como injustificable en la que participaron hasta doce chicos de entre 12 y 14 años.

Por supuesto este sólo es uno más de los múltiples casos de violencia escolar que suceden en nuestro país, pero refrenda los datos que publicaron desde la Fundación ANAR sobre el perfil de los acosadores, ya que giran en torno a estas edades en ambos sexos y en un 75% de los casos actúan en grupo, ya sean dos o más de cinco personas. A pesar de que cada vez tenemos más información sobre el número de casos o denuncias, no existen tantos datos de los acosadores, no hay prácticamente testimonios de maltratadores ofreciendo su versión y los que existen están protegidos bajo el secreto médico de psiquiatras o la protección de datos LOPD.

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No obstante en la redacción nos interesaba conocer este punto de vista, pero no en el momento del acoso, sino años después. Para ello nos hemos puesto en contacto con diferentes asociaciones como AVALCAE que en boca de Franciso Sorolla, su Secretario General, nos han relatado que “tras más de 3.000 denuncias de acoso en los últimos 10 años, no han recibido ninguna llamada confesando haber hecho bullying o mostrando cualquier signo de arrepentimiento”. Por suerte esto no ocurre en la totalidad de los casos y más adelante relataremos otros datos ofrecidos por Sorolla junto a más expertos en la materia, pero antes queremos compartir algunos testimonios de acosadores que han terminado reconociendo los hechos años más tarde, aunque fuese a través de redes sociales o foros de Internet:

1. Luis (No especifica edad)

“En mi colegio había un niño regordete, de voz tibia y que era la comidilla diaria. Se volvió común molestarlo entre todos, por supuesto había violencia física y lo más aterrador era que él toleraba todo ese maltrato en su afán de ser aceptado. Dudo que le gustara, pero quizá le hacía sentirse parte del grupo. Con la distancia no es algo de lo que me enorgullezca, pero en ese momento significaba ser partícipe del grupo dominante. Años después, en la universidad, tuve la oportunidad de leer el excelente libro de Phillip Zimbardo, The Lucifer Effect. Entre otras cosas Zimbardo enumera las causas por las cuales los seres humanos podemos llegar a comportarnos de manera vil: por deshumanizar al prójimo o estar en un sistema donde estamos ciegos a las consecuencias de nuestros actos, entre otras cosas.

El niño suspendió y tuvo que repetir curso, por lo que perdí contacto con él. Un par de años después me enteré de que había vuelto a suspender y luego cambió de colegio. Nunca más he sabido de él. No puedo evitar preguntarme cómo será su vida ahora que es adulto y si guardará rencor contra todos aquellos que alguna vez lo hicimos víctima – me imagino que sí -. Pero por encima de todo me pregunto si, de haberlo tratado yo diferente o haberle tendido la mano, este niño habría tenido un mejor desarrollo escolar. Eso por supuesto, habría significado la muerte de mi reputación”.

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2. Hombre (23 años)

“Yo era prácticamente de lo más cabrón que se podía ser. Recuerdo que tenía un compañero de clase que era peor que yo y unimos fuerzas, era una mafia y teníamos explotados al resto de la clase. Luego me quedé yo solo porque le echaron, pero yo seguía siendo el peor de la clase. Recuerdo que había un guapearas rubio, que iba de listo y vacilón. Yo le tenía cierta envidia y más de una vez le abrí la cabeza, estuve a punto de dejarle sordo. Eso me costó mucho socialmente en el colegio, ya que era un círculo vicioso, la gente me tenía miedo y no me relacionaba con nadie, pero yo me volvía más violento. Todo eran chiquilladas, tendría 8-9 años, hasta que cambié de colegio porque se mudaron mis padres.

Aquí vino el problema, porque había algunos más ‘chungos’ que yo y para no ser sumiso, un día tuve que darle una buena paliza a otro. Lo que ignoraba es que otro día me iban a coger tres chicos cerca de mi casa y me darían un buen recuerdo de su parte. Decir que con mis ‘víctimas’, tengo buena relación porque sabemos que son chiquilladas. Y sí, me arrepiento de muchas cosas. Yo quería ser un niño normal, en una clase normal con unos amigos normales, teniendo una infancia normal y llevando una vida normal, pero no pudo ser…. Y todo porque con 4 años le dije a mi padre: ‘Papá, en el colegio a veces me pegan’, y él me contestó: ‘No dejes que te peguen, cada vez que te peguen tira al que te pegue al suelo y dale puñetazos hasta que sangre’. Pues a día de hoy, a mis 23 años, soy el tío más pacífico del mundo”.

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3. Kat (No especifica edad)

Yo sufrí bullying, al igual que muchos. Aunque mi caso en particular no fueron 1, 2 ó 3 años (no los contaré porque sonaría demasiado dramático y no es el objetivo), pero fue desde primaria hasta bachillerato. Tras esos años de sufrimiento se fue formando mi agresividad y dejé de considerarme víctima. Al principio sí lo fui, como todos, pero luego ya no más. Yo también le hice bullying a mis agresores, a sus amigos y a otros, me vengué durante años hasta saciar esa sed de justicia.

A muchos los les hacía daño físicamente y lo disfrutaba, porque sabía que ellos también me hicieron daño. Probar por primera vez esa sensación de venganza es embriagante y quieres más, quieres el miedo de la gente, quieres respeto y tener el poder en tus manos. Realmente fue divertido en ese aspecto, en ver sus reacciones y rabietas, aunque he de admitir que mi mayor felicidad fue al terminar el bachillerato y no ver a la mayoría nunca más. La universidad fue diferente para mí, fue agradable y nadie se metió conmigo. Logré una tranquilidad pura desde entonces y aprendí a convivir mejor con la gente".

4. Louie Amundson y Chad Michael Morrisette (34 años)

Tras recibir un sorprendente mensaje a través de las redes sociales, Chad Michael Morrissette hizo una curiosa revelación. Él, que ahora es consultor de diseño en Hollywood, había sido objeto de bullying cuando tuvo 14 años: "Todo el equipo de fútbol me acosaba. No era un solo chico, eran seis o siete que me seguían por los pasillos, insultaban e incluso amenazaban de muerte”. Sin embargo lo sorprendente no fue esta confesión, sino que Louie Amundson, uno de los acosadores, le había escrito para disculparse 20 años después.

Chad Michael Codigo Nuevo

 “Hola Chad. Estuve hablando recientemente con mi hija de 10 años sobre el bullying. Ella me preguntó si había hecho alguna vez y tristemente tuve que decir ‘sí’. Lo que viene a mi mente es lo que te hicimos en el instituto. Quiero disculparme. Si viviéramos en el mismo estado, me gustaría pedirte perdón en persona. No sé si tú te acordarás, pero quería decirte que lo siento”

Louie Amundson Codigo Nuevo

“Louie, me he emocionado con esto. Gracias y disculpas aceptadas. En 20 años has sido la única persona que me ha pedido perdón por haberme hecho bullying cuando éramos jóvenes. Espero que puedas contarle con orgullo a tu hija que me has pedido perdón, y que estamos en paz. Es increíble lo que 20 años y los niños pueden hacer por nosotros, ¿no? Gracias de nuevo y espero que luches contra el bullying cada vez que tengas ocasión. Que tengas un buen día, Chad Michael”.

Nos hubiera gustado ofrecer más testimonios, pero lo cierto es que conseguirlos no ha sido nada fácil, aunque la privacidad de Internet y el anonimato que tiene puede ser el lugar perfecto para confesar o desahogarse años más tarde, contando un relato que podría ayudar a niños de la actualidad a cambiar su comportamiento. Como apunta Diana Díaz, psicóloga de la Fundación Anar, aunque ellos “reciben algunas llamadas de acosadores en su teléfono, lo cierto es que son una minoría, el porcentaje es ínfimo”.

No obstante, Díaz en nuestra entrevista comenta que ellos están “preparados para atender llamadas de acosadores y ayudarles, porque la sociedad no puede darles la espalda y se pueden reencauzar, además es muy importante escucharles y que conozcan también las consecuencias de sus actos”. Tras comentarnos que “en 2015 ha crecido un 75% el número de llamadas denunciando casos de bullying respecto al año anterior y que la violencia ha aumentado hasta en un 40%”, parece que una de las soluciones puede pasar por conocer la situación de los acosadores años más tarde, que ellos compartan sus sentimientos con el resto y saber si se juzgan a sí mismos o si piensan en las vidas que pudieron arruinar con su acoso.

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Reflexionar es trabajo de todos, al igual que combatir esa “falta de empatía, la necesidad de ser popular o el deseo de venganza”, rasgos que suelen poseer los acosadores según datos de la Fundación ANAR, cuyos estudios sobre el ciberbullyng nos han impactado. Algunos testimonios eran más potentes y otras confesiones más tibias o desalentadores, pero casos al fin y al cabo, porque como indica Francisco Sorolla: “los acosadores escolares normalmente no reconocen que lo son. Simplemente dicen que jugaban, que le hacían una broma, o que su intención no era hacer daño a la víctima”. Las declaraciones del Secretario General de AVALCAE nos sirvieron para interpretar el mensaje de Isaías, al que contactamos vía Twitter.

Fue este tipo de respuestas y las continuas negativas los que nos llevó a realizar entrevistas con expertos, personas cercanas a los acosadores que ofrecieran su versión como Sorolla, ofreciendo más información sobre el perfil del acosador: “Los pocos agresores que “creemos” conocer son ya jóvenes mayores de unos 25 a 35 años y ni reconocen el hecho ni le dan importancia. Por supuesto nunca suelen pedir ayudar a nuestra asociación, ni creen necesitarla, cuando en realidad un acosador es lo que es, porque también tiene sus enfermedades psíquicas, manías, neuras o fobias. Son gente con falsa autoestima, irascibles, compulsivos, con mal genio, que en su niñez han presentado trastornos familiares o de socialización. Todo ello les ha conducido a tratar mal a sus compañeros y a no respetar a los demás niños de su entorno”.

Preguntado por si cree que los acosadores se arrepienten, Sorolla afirma: “Yo personalmente no creo que se arrepientan, ya que para arrepentirse de algo lo primero es reconocer los hechos, es difícil sentir pena por algo, si crees que no has hecho nada malo.” Y es que, en palabras del Secretario General de AVALCAE, el sentimiento compungirse y retractarse es muy escaso: “según los psicólogos, los maltratadores que de adultos piden ayuda porque lo han sido de pequeños es del 1%, un porcentaje muy pequeño ya que casi nadie reconoce haber sido un acosador”. Aunque nos gustaría tener más testimonios, la visibilidad de las declaraciones ofrecidas en el artículo podría ayudar a que se abriera la veda, demostrar a futuros acosadores las consecuencias de los actos que están viviendo otros en la actualidad, como el caso de Britney Mazzoncini y su suicido con 16 años. La solución pasa por pedir perdón, pero también hablar, ser sinceros y compartir las experiencias, es imposible prevenir los males del futuro si no se conoce la historia de nuestros pasados.

*Todas las imágenes son de la película Cobardes, de José Corbacho y Juan Cruz.