5 personas nos cuentan su bonita experiencia como casa de acogida de gatos

Decisión tomada, quiero una mascota. Un momento que sabes cambiará tu vida y te enfrentará a tu primera gran elección: comprar o adoptar. Pero, ¿y por qué no ser casa de acogida? Para muchos, esta opción y las ventajas que conlleva son todavía desconocidas, sin embargo, podría ser la solución que mejor encaja con su estilo de vida. Si tienes verdadero amor por los animales, quieres compartir tu vida con uno pero tienes tus dudas o quieres adentrarte en el mundo animal poco a poco, deberías valorar y mucho ser casa de acogida. Es decir, actuar como un hogar temporal para uno o varios mininos hasta que la asociación que lo gestione encuentre sus respectivos dueños adoptivos. Algo muy de agradecer si se piensa que más de 138.000 animales de compañía —41% de ellos gatos— fueron abandonados en nuestro país solamente en 2016 . 

Eso es lo que hicieron nuestros siguientes protagonistas y esto es lo que te pueden explicar sobre una decisión que sí, les cambió la vida, a mejor.

Alexandra, fundadora del Jardinet del Gats y casa de acogida de Minipitu

En mi caso ‘de casta le viene al Galgo’. Soy hija y nieta de amantes de los animales. A lo largo de los años nos íbamos encontrando perros y gatos que íbamos colocando de manera particular y veía y acompañaba a mi abuela a dar de comer a gatos de la calle. Después de años de colaborar con diferentes entidades y de acoger gatos de manera particular, fundé con mis padres y mi abuela, El Jardinet dels Gats.

En nuestra asociación, a las personas que acogen se les proporciona el material necesario (arenero, juguetes, comederos, camitas y comida) y protecciones para ventanas y balcones, para evitar accidentes. La atención veterinaria va a cargo de la entidad y el tema de la alimentación, hay quien costea su comida o bien quien viene a buscarla a la entidad, según su situación personal. El requisito imprescindible de la casa de acogida es darle amor y un hogar al gato que lo necesita.

Hay diferentes tipos de casas. Para aquellos que nunca han tenido un gato, buscamos un felino muy bueno y, para aquellos con más experiencia, a veces les proponemos retos como cachorros o seniors. Son lo que llamamos, ‘casas especializadas’. Las casas de acogida pueden recibir visitas de posibles adoptantes que antes han pasado una entrevista con la responsable de adopciones. Gracias a las casas podemos tener un perfil muy definido del gato y así encajar mejor a felinos y familias. La acogida te permite vivir un sinfín de emociones, conocer muchos caracteres de gato distinto y es muy enriquecedor.

Antonio y Judith, casa de acogida de Ares y Xena

Nos encantan los gatos, pero no queríamos adoptar directamente, sino entrar en contacto con ellos de forma más gradual. Así descubrimos el concepto de casa de acogida. Adoptar ahora no es una opción para nosotros, pues nos falta estabilidad laboral suficiente como para responsabilizarnos al completo de todos los gastos o imprevistos que puedan surgir. Cuando nos decidimos a ser casa de acogida simplemente rellenamos un formulario online de la página del Jardinet dels Gats, explicando nuestra situación y voluntad de colaborar con ellos. A los pocos días se pusieron en contacto con nosotros y concertamos una reunión para conocernos.

Nos detallaron en qué consistía ser casa de acogida y los términos básicos que teníamos que cumplir. Se nos proporcionó el material necesario para el bienestar de los gatos y ese mismo día acogimos a dos gatas. El requisito básico es tener claro que estas a cargo de unos animales que no son tuyos, por lo que te comprometes a cuidarlos según los requerimientos de seguridad y alimentación de la protectora, e informar de cualquier cambio que afecte a los peludos.

Debido a la rotación de animales, el único esfuerzo que se requiere es el tiempo y cariño que hay que dedicar para ganarte su confianza. Sí que es cierto que cada día que pasa el vínculo que creas se hace más fuerte y, por lo tanto, más dura se hace la separación. Sin embargo, cuando lo damos a la familia adoptiva es más importante para nosotros saber que lo van a cuidar y va a tener el final feliz que se merece.

Rubén, adoptante de Max, Lola y Jon

Desde el verano pasado soy voluntario en la protectora de animales de Montgat-Tiana alimentando y controlando dos colonias de gatos callejeros en las afueras de Montgat. Tres veces por semana cargo pienso y agua en el coche y voy a rellenarles los comederos, limpio un poco el lugar y si llego a ver a los gatitos, vigilo que no haya ninguno herido o con signos de enfermedad.

A principios del pasado octubre, en una de estas visitas vi un gatito con una herida grande y fea en el cuello. Junto a una compañera, rescatamos al bebé. La herida del cuello estaba infectada, era una mordida hecha por algún otro animal. Además de la herida, la gatita estaba infestada de parásitos internos y externos, con una infección en los ojos que apenas le permitía abrirlos. La pobre estaba fatal. En el veterinario la trataron y cosieron la herida, pero allí no se podía quedar.

Devolverla a la calle en aquel estado era dejarla morir, así que me la traje para casa sin pensarlo y le habilitamos un cuarto solo para ella ya que viniendo de la calle y enferma era peligroso que tuviera contacto con nuestros tres gatos. Temíamos que no pasase de aquella noche porque estaba en los huesos, apenas se movía, no comía y no bebía pero, con cuidados, al día siguiente comenzó a recuperarse. Durante varias semanas le fuimos dando medicación para los parásitos y la infección, gotas para los ojos cada cuatro horas, etc. Pronto había cogido peso y parecía otra gatita, le pusimos de nombre Leela por un personaje de Futurama.

Al cabo de un tiempo apareció una pareja que quería adoptarla y tras algo más de tres meses, Leela se mudó a su casa definitiva. Hemos sido casa de acogida una sola vez y ha sido una experiencia muy positiva. Lo volveremos a hacer sin dudarlo.

Júlia, casa de acogida de Marquesa

Desde pequeñita siempre he tenido animales en casa y estoy acostumbrada a convivir con perros y gatos. En 2016 por fin pude independizarme y vi la ocasión perfecta para volver a tener animales en mi vida. Como no tenía claro que pudiera seguir viviendo en Barcelona mucho tiempo, no podía adoptar. Después de contactar con el Jardinet dels Gats lo tuve claro: quería ser casa de acogida. Pude preguntar cualquier duda al respecto, me explicaron el tema de las protecciones de ventanas y balcones y me ofrecieron su ayuda cuando les comenté que no sabía si podría asumir todos los gastos.

Cuando le comenté a mi madre que estaba informándome sobre el tema me dijo que tuviera cuidado, que a ver si luego la protectora se desentendía y me tenía que quedar el gato a la fuerza. Como yo estaba estudiando y viajaba a menudo me preocupaba saber quién se encargaría del gato mientras yo no estuviera. Todas estas dudas las comenté y siempre me han dado respuesta ya sea buscando otra casa de acogida temporal o bien utilizando el servicio de canguro que tenemos en la misma entidad. Hay un equipo humano muy potente detrás de toda esta labor y están siempre para apoyarte cuando lo necesitas.

Cuando les sale una casa de adopción definitiva es cierto que cuesta entregarlo pero el hecho de que un gato se vaya adoptado es un triunfo. Esta labor me aporta muchísima satisfacción y muchas alegrías. Ya no me imagino sin ser casa de acogida.