5 Historias Reales De Personas Que Han Vivido Experiencias Aterradoras

Las historias de miedo, si son reales, dan dos veces miedo. Estas son algunas de las más espeluznantes entre las que los usuarios dejaron en una entrada de Reddit con el título: "En el espíritu de Halloween: Sea o no paranormal, ¿cual ha sido la experiencia más aterradora, horripilante o desconcertante de tu vida?" Olvídate de los viejos cuentos de brujas, esta mierda te podría pasar a ti.

Miré por la ventana y entonces lo vi

Tenía 19 años. Una noche llegué a casa del trabajo muy cansada y fui a la habitación directa para ponerme el pijama. Me empecé a desnudar y miré hacia la ventana para ver mi reflejo... pero lo que vi fue la cara de un hombre. Me tiré de golpe al suelo, cagada de miedo, y apagué la luz como pude, para que al menos ya no pudiese verme él. Mientras intentaba volverme a vestir histérica vi que en la ventana ya no había una cara... sino una cámara. Una puta cámara, enfocándome mientras yo intentaba reaccionar. Salí disparada de la habitación y alerté a mi madre y a mi hermano, que salió al jardín y se encontró la escalera que teníamos en nuestro garaje apoyada contra mi ventana. Pero ahí ya no había nadie. No pude dormir durante un año, mirando esa ventana fijamente. Me pregunto quién tiene ahora ese vídeo.

Fue demasiado tarde para ayudarla

Trabajaba en una centralita de emergencias médicas cuando me pasó esta historia. Alrededor de las tres de la madrugada nos llamó una señora mayor diciendo que no se encontraba bien. Intenté obtener más información de los síntomas como indica el protocolo, pero ella solo me decía "es que no me encuentro bien, ¿puedes mandar a alguien para que me ayude?" Me dio su dirección y su número, y me dijo que no había nadie en casa, pero que la puerta estaba abierta, así que podían entrar los médicos. Al cabo de un minuto me dijo que se iba al baño y que dejaba el teléfono un momento, yo le pedí que antes me contara qué le ocurría exactamente mientras le mandábamos una ambulancia. Me repitió que se iba al baño un minuto, y no la volví a oír más.

Pasaron dos minutos más y me llamó uno de los auxiliares que ya había llegado a casa de la mujer, y su tono de voz me dio mal rollo en seguida. "Emergencias... cómo se ha recibido la llamada exactamente?" le expliqué que había sido la propia paciente desde el fijo, y él no me contestó directamente sino que usó su móvil para llamar a la oficina, como si no quisiera que le oyeran por radio. "¿Estás segura de que no ha llamado otro miembro de la familia o algo?" Le expliqué que la llamada la había hecho la paciente hacía unos 8 minutos, y aluciné con lo que me dijo. "Está en el baño, pero esta mujer lleva muerta al menos 12 horas. Necesitaremos que venga aquí un agente".

La voz que venía del osito de mi infancia

Mi familia y yo estábamos a punto de mudarnos de la casa en la que habíamos vivido toda la vida hasta mis 16 años. Como te imaginarás, nos daba pena dejar atrás tantos recuerdos. Unos días antes de la mudanza decidí rememorar algo que solía hacer de pequeña: meterme en el almacén/armario que tenemos debajo de las escaleras y ponerme a leer con una linterna. Allí me sentía como en un refugio y como guardábamos un montón de colchas y peluches, era perfecto para reclinarse y leer.

Al cabo de media hora me moví un poco para ponerme cómoda y, de repente, escuché una voz suave, lenta y rasgada que me susurró al oído "siempre me haces feliz". Del susto que me pegué me golpeé la cabeza con el techo y casi rompo la puerta para salir de ahí. Después de hiperventilar y de explicarle a mi familia por qué tenía la cara blanca, descubrimos que la voz venía del osito de peluche que me compraron cuando tenía tres años y que habla cuando le presionas la barriga. Debí de reclinarme sobre él sin querer, pero cuando lo volví a apretar no volvió a emitir sonido alguno.

'Déjame entrar, mi marido me quiere matar'

Mi hermana acababa de tener su primer bebé, su marido tenía turno de noche y estaba sola en casa cuando pasó esto. A las dos de la madrugada alguien golpeó su puerta con fuerza, y al mirar por la ventana ella vio a una mujer que le pedía que la dejase entrar. "Mi marido me ha pegado, me ha dado una paliza... y ahora me está buscando", le dijo la mujer. Mi hermana no sabía qué hacer, porque teniendo un recién nacido en la casa no quería involucrarse, así que le dijo que lo mejor que podía hacer por ella era llamar a la policía. La mujer dijo que no llamase a la policía, que la dejase pasar. Ahí fue cuando mi hermana sospechó, y le dijo que iba a llamar directamente. Al volver a la puerta, la mujer había desaparecido. La policía llegó unos minutos más tarde y le contaron que había pasado lo mismo unas calles más abajo, en ese mismo barrio. Resulta que era una técnica que usaban para entrar en casas ajenas. Puede que esto sea más común de lo que creo, pero saber que ha estado a punto de pasarle a mi hermana me hizo temblar.

Una noche que me perturbó durante años

Esto pasó cuando tenía unos 8 años. Mi habitación era la única que daba a la calle en mi casa. Una noche me despertó mi padre diciéndome, firme pero tranquilamente, que me levantase, me fuese al baño y cerrase la puerta. Le hice caso refunfuñando por lo cansado que estaba y, sin pensarlo, me quedé totalmente dormido en el suelo del baño. La mañana siguiente, cuando le pregunté a mi madre qué había pasado, parecía confundida. Mi padre me negó haberme despertado esa noche, y por más que me frustré e incluso lloré porque no me creían, acabé olvidando aquel episodio.

Cuando ya estaba en el instituto, en uno de esos flashbacks que a uno le vienen de la infancia, le volví a preguntar a mi padre por esa noche que todavía no entendía. Esta vez mi padre dijo: "¡Ja! No sabía ni si te acordabas de eso." Habían entrado a robar por el garaje y mi padre sabía que había un extraño en nuestra casa, así que me puso a salvo sin hacer ruido. Llamaron a la policía, el tío escapó y nunca lo pillaron. Pero mis padres no querían aterrorizarme, así que fingieron que nada había ocurrido. No sería paranormal, pero desde luego fue perturbador.

Crédito de la imagen: Emily Knecht