Las 3 mejores estrategias recomendadas por expertos en coaching para controlar el ego

Estás cenando tranquilamente con tu grupo de amig@s cuando alguno de ellos suelta algún comentario que contradice tus ideas sobre algún tema. Eres lo suficientemente inteligente para comprender que tiene derecho a mantener una opinión contraria a la tuya, que no tienes la obligación de convencerlo de que está equivocado y que, con toda certeza, intentarlo solo desencadenaría una discusión improductiva y costosa que arruinaría la armonía de la cena. Y, sin embargo, movido por un resorte interior incontenible, tus labios comienzan a moverse en slow motion para conformar una respuesta. Porque tú, yo y hasta la persona más espiritual del planeta vivimos, en menor o mayor medida, bajo la tiranía del ego.Resultado de imagen de egocentric gif

Este monstruo invencible, contra el que mantenemos una interminable y agotadora batalla, nos empuja con todas sus fuerzas hacia actitudes completamente ridículas, infantiles y negativas. Actúa como un veneno que reviste nuestras neuronas de vanidad, competitividad e incluso inseguridad cuando algo o alguien amenaza el más mínimo aspecto de nuestra identidad. Ya sea nuestra filosofía de vida, nuestras ideas políticas, nuestra opinión de la séptima temporada de Juego de Tronos o incluso nuestra visión de la economía zimbawense. No importa demasiado el qué: el ego vive en un constante estado de alerta, a la defensiva, esperando cualquier estímulo que nos contradiga o desestime para contratacar.

Pero vivir así es una absoluta putada. No merece la pena mantener alimentado el ego a cada instante si el precio a pagar puede ser nuestra tranquilidad o incluso nuestra felicidad. Y, aunque no podemos deshacernos de él, porque forma parte intrínseca de nosotros y de todas y cada una de las personas que nos rodean diariamente, hay pequeñas estrategias que podemos llevar a cabo con el objetivo de mantener la influencia ponzoñosa del ego dentro de unos límites sanos. Para sentirnos un poco más libres, estar algo más en paz con la vida y contaminar un poco menos al resto del mundo con tanta energía negativa. Aquí van las tres mejores:

1. Controla la necesidad de tener razón

Hay ocasiones en las que ofrecer tu opinión está más que justificada: si te la piden o si la situación tiene tintes intolerantes que dañan a terceras personas. Pero la gran mayoría de ocasiones, si prestas atención, comprobarás que nos dejamos la vida opinando sobre temas de lo más triviales que probablemente ni nos interesen del todo. Esa tentación irresistible a opinar proviene del ego, que necesita reafirmarse mediante todo lo que proyectas al mundo. Y se vuelve especialmente nociva cuando nos impulsa desesperadamente y por cualquier medio a tener razón. Porque, como se ha cansado de explicar la conocida coach sueca Emmy Petersson: incluso aunque el otro esté equivocado, no estás obligado a hacérselo ver. Respira y ‘pasapalabra’.Resultado de imagen de im right gif

2. No te ofendas tan fácilmente

Cuando alguien nos lanza una ofensa, independientemente de que tenga o no fundamento, nuestro ego se revuelve airadamente hasta conseguir que el organismo active el modo lucha con el objetivo de devolver el golpe. Pero sentirnos ofendidos, explica la psicoterapeuta estadounidense Terri Cole, nos desempodera e induce a una mentalidad de víctima. Un estado innecesario si tenemos en cuenta, como añade Cole, que no importa lo que otros piensen. "En tu vida, lo que importa es lo que tu piensas. Siempre que tú pienses que eres valioso e increíble no tienes necesidad de sentirte ofendido. Es una pérdida de tu precioso tiempo y energía y da a otros control sobre ti", apunta. No permitas que el ego ponga en manos ajenas tu autoestima.

3. Observa tu sed de atención

Gran parte de nuestro comportamiento ocurre sin que lleguemos a entenderlo del todo. Por eso, a veces basta con fijar la atención en ello, con observarlo 'objetivamente', para tomar constancia de repente de lo absurdo y banal que resulta. Como las millones de veces que presumes por algo o que te atribuyes méritos de cualquier tipo o que buscas desesperadamente la atención de los demás. Comportamientos movidos por un ego sediento de reconocimiento que se vuelven tremendamente obvios cuando hablamos de las redes sociales, ese terreno donde caemos todos en el sucio juego del ego. Quizá un buen ejercicio para reducir este comportamiento ególatra y egocéntrico sea pasar una temporadita sin postear. Matar de sed al ego y ver qué pasa.Imagen relacionada

Aunque el camino hasta disolver el ego podría llevarte toda una vida —e incluso muchas reencarnaciones según el budismo tántrico— al menos quizá aplicando estos tres consejos y practicando el arte de caminar por la vida mantiendo tanto ego a raya, consigas sentirte un poquito más ligero y libre.