Las 13 cosas que aprendí de erasmus y que me cambiaron la vida

“Le ha sido concedida una beca Erasmus para el próximo curso”. La aventura comienza con esta frase o una semejante. Cursar un año de universidad en el extranjero es una experiencia que marca y que se convierte en algo inolvidable. Hay tantas maneras de vivirla como estudiantes, aunque el imaginario colectivo la pinta como un continuo desenfreno lleno de orgías y alcohol en vena. Puede convertirse en eso si es lo que buscas, pero más allá, hay un sinfín de cosas que se aprenden en el Erasmus.


1. Lidiar con el casero en otro idioma

Si la relación con los arrendadores es muchas veces complicada en tu idioma, imagínate si tienes que lidiar con él en una lengua en la que a duras penas logras hacerte entender. En poco tiempo y por una cuestión de supervivencia debes ser capaz de manejarte con soltura con términos como fianza, contadores, factura, reparación, avería, alquiler, contrato o fontanero.


2. Dejarlo con tu pareja

Si es un tópico debe ser porque hay un motivo. Según los estudios de la prestigiosísima universidad Pamela Val (yo misma) solo 0,5 de cada 10 parejas sobreviven a esta experiencia. Las relaciones a distancia son chungas, pero lo son más cuando tienes 20 años, descubres que hay vida más allá de la que has tenido hasta ahora y quieres aprovecharla. En casa tu pareja no para de rayarse mientras lee artículos como este a miles de kilómetros de distancia.


3. Europa es pequeña

Por eso, pillarse un viernes por la noche billete para ir desde Copenhague hasta Bucarest el sábado por la mañana para pasar el día, te parece lo más normal del mundo. Tengo el convencimiento de que el 50% de los beneficios de Ryanair llegan gracias a este tipo de compras.


4. Enamorarse de un extranjero es bonito

El otro 50% de las ganancias de Ryanair vienen de las parejas a distancia que se forman después del Eramus. De esto también estoy segura. Pongámonos superficiales: ¿Tiene más glamour decir que tu novio es húngaro o que es de Parla? Que no se ofendan los parlenses.


5. Cómo enseñar una ciudad de 20 maneras diferentes

A tus padres, tus hermanos, los amigos del cole, los de la uni, a tu novio (si aún no lo has dejado)… TODO el mundo va visitarte y tú tienes que ingeniártelas para no acabar aborrecida de esa ciudad que se ha convertido en tu pequeño mundo.


6. Te conviertes en un guiri aunque no quieras

¿Sabéis esos bares que se ofertan específicamente para Erasmus en tu ciudad y de los que tú pasas olímpicamente? Cuando tú eres Erasmus vives en ellos cada día. Y no te parece que estén tan mal. Cuando vuelves a casa ya puedesa despreciarlos sistemáticamente.


7. Un grupo de desconocidos se convierte en tu familia

Los de Asturias, la casa gallega, la de Palencia (¿quién vive en Palencia?), las madrileñas… Un montón de extraños sin ton ni son se convierten en cuestión de una semana en íntimos. Normalmente se identifica a todo el grupo por topónimos, esto es así.


8. Estar sola

A pesar de todos los amiguis forever que has hecho en el Erasmus habrá algunos momentos en los que estés sola por un motivo u otro. Estás lejos de tu familia, tus amigos de siempre, tu casa y tus clases. Pero no pasa nada, sentirte un poco aislada del mundo de vez en cuando es sano.


9. Descubrir el sentido de la vida

Estar fuera de casa, lejos de la famosa 'zona de confort' y acumulando cientos de sensaciones cada día puede dar lugar a que vivas un momento místico en el que te conoces a ti mismo y te planteas tu vida.


10. Tu cuerpo tiene una capacidad inhumana para ensancharse

Darse a la comida rápida y grasienta es una gran tentación cuando por primera vez en tu vida no tienes a nadie detrás que te obligue a comer en verde. Descubrirás kilos en tu cuerpo que no sabías que podían llegar a existir.


11. Los profesores también te tienen manía en el extranjero

“Mira, tú vas al profe, le dices que eres Erasmus y te aprueba en seguida”, te dicen. Yo debo ser la mayor pringada del mundo porque mi primera conversación con una profesora de mi nueva universidad fue algo así:

- ¡Hola! Soy una alumna Erasmus.

- Eh… vale

Ahí pense: Vale, esto no va como yo pensaba.

- Me da igual de donde seas, tienes que venir a clase y estudiar el manual. Y espero que el día del examen hables el idioma mejor de lo que lo estás hablando hoy.


12. Es posible almacenar nueve meses de tu vida en una maleta

La ropa de invierno, la de verano, las cosas del baño, ropa de cama, ordenador, cargadores varios, decenas de zapatillas… Creerás que preparar la maleta para la ida es una odisea. Prepárate para la vuelta. Pero es posible, lo garantizo.


13. La depresión post Erasmus existe

Y es lo peor. Tu existencia ya no tiene sentido, te aburre volver a salir por tu aburrida ciudad, comparas todo con el paraíso idílico que es tu ciudad Eramus, tu madre te hace ver que la experiencia te ha ensanchado y quién sabe por qué, a ella no le parece tan buena idea lo de los billetes de avión exprés. Pero todo pasa. Volverás a apreciar tu vida normal, pero tu mente seguirá durante mucho tiempo a cientos de kilómetros de distancia. 

Después, pasarán los años y te quedarán esos amigos que hiciste y a los que el Erasmus también les cambió la vida.