Vuelve Sherlock Más Oscuro Y Sarcástico Que Nunca (Sí, Todavía Más)

¿Elemental? Sí, aunque también moderno, oscuro y tremendamente sarcástico. Tres años después, sin contar con el especial navideño de 2016 'La novia abominable', Sherlock vuelve a la pequeña pantalla, esta vez gracias a Netflix y su increíble poder de seducción. El canto de sirenas de la plataforma americana se ha hecho con piezas maestras de la BBC. Para este 2017, la cuarta temporada de Sherlock promete el mismo análisis, la misma deducción y el mismo misterio. Y sorpresas, muchas sorpresas, quizá más de las habituales. No hay nada como los acertijos imposibles.

Aunque lo nuevo de Sherlock empieza con un Holmes igual de ácido y brillante que en temporadas pasadas, con la habitual carcasa de pasotismo y frialdad de siempre, percibiremos un cambio en su actitud hacia la tristeza, o tal vez apatía, con el paso de los minutos. De alguna forma, el ambiente transforma su composición y las sorpresas, incluso las más inesperadas, saltan y varían el escenario de confort del detective.

De hecho, en una charla en Londres de la que se ha hecho eco el portal Deadline Hollywood, Benedict Cumberbacth aseguró que su personaje será "menos capullo". A su vez, Steven Moffat, uno de los creadores de la serie, añadió que "si Holmes es menos capullo, entonces Watson lo será un poco más". Blanco y en botella; con un cambio en la mentalidad de los personajes, el descubrimiento de nuevas personalidades y con un Sherlock más humano, pero con muchos más cabos sueltos.

Colocando el contexto para los más rezagados, Sherlock (a secas, sin apellidos ni subtítulos) supone una nueva adaptación de las aventuras del mítico detective Sherlock Holmes escritas por Sir Arthur Conan Doyle (sabemos que lo habías deducido). Esta vez, las peripecias de Holmes y Watson tienen lugar en el Londres del siglo XXI, con las tecnologías en alza y el frenético ir y venir de la sociedad londinense moderna, pero sin restar un ápice de elegancia y buen gusto a cada una de las historias.

Aunque resulta inimaginable pensar en un Sherlock Holmes sin sombrero, pipa y alejado de una sociedad y atmósfera victorianas, este invento de la BBC resulta efectivo y cinematográficamente superlativo, con capítulos que son películas y un cuidado extremo por los detalles, planos maestros, montaje excelente y guiones perfectamente hilados. Para los más puristas, varias cosas: hay un 221B de Baker Street, un Watson, una señora Hudson y el resto de elementos que sostienen las tramas originales. La producción de series británica ya lo ha petado con Misfits, Black Mirror, Utopía, Downton Abbey, Roma o Doctor Who. Sherlock, que triunfa desde 2010, es poesía, qué narices, tanto visual como narrativamente.

Una de las virtudes de la serie es la brillante interpretación del venerado por las masas Benedict Cumberbatch como Holmes (curioso que recientemente se haya descubierto un parentesco lejano entre el actor y el autor de las novelas). Sus fans, conocidos como 'cumberbitches', consideran al genio británico el mejor detective de Baker Street, sin que Robert Downey Jr. siquiera haya conseguido hacerle sombra. Su carisma es parte de su éxito, además de las múltiples aristas incluidas en su personaje, mucho más concienzudo en el análisis al vivir en una sociedad más compleja. También es más borde, toca-pelotas, listillo, sarcástico y genio, una mezcla entre el doctor House y Sheldon Cooper, con el componente antisocial que viene asociado a ellos: "No soy un psicópata, soy un sociópata con muchas habilidades", dice el amigo. Watson (encarnado por Martin Freeman, nuestro Bilbo Bolsón actual), que guarda el mismo espíritu de fiel y leal acompañante y consejero, sigue haciendo las veces de genial Sancho Panza, Samsagaz Gamyi, Leonard Hofstader, Pepito Grillo o Doctor Wilson, aunque con un poquito de 'malafollá'.

Las tramas de la serie siguen los argumentos de las novelas de Conan Doyle, pero adaptadas a los tiempos, con nuevos elementos y dosis extras de picardía. Encontramos títulos célebres como 'Estudio en rosa' (Estudio en escarlata) o 'Los perros de Baskerville' (El perro de los Baskerville). Para la cuarta temporada, nos acompañan 'Las seis Thatchers', 'El detective mentiroso' y 'El problema final'.

En la nueva entrega, la obsesión del protagonista con el villano, Moriarty, se dilatará hasta niveles extremos, a pesar del final de la tercera temporada (tranquilo, no va a haber spoilers). Como en cursos pasados, la brillante capacidad de Sherlock para llegar a determinadas conclusiones consiste en un análisis perpetuo de la vida, de cada elemento, de cada situación. Con este modus operandi, no es difícil llegar a esta pregunta: ¿estamos a salvo? Parece que cualquier cosa puede suscitar una muerte, una ruptura u otras historias de final fatal. En la cuarta temporada se revalorizará este concepto. Asimismo, la transformación de personajes nos traerá nuevas cotas de emoción en Sherlock. Pero, ¿todos los personajes cambian para bien? No lo sabemos, pero nos morimos de ganas de descubrirlo.

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