Vivo en las afueras, no en Mordor

Si has crecido pensando que en el centro de las ciudades solo viven ricos, matrimonios mayores con pasta y que el resto son básicamente oficinas, eres de los nuestros: una persona de extrarradio. Y si eres una persona de los alrededores (por decirlo finamente) , habrás vivido mil doscientas veces este momento: alguien te pregunta donde vives, tu contestas “X” (póngase Carabanchel, póngase Cornellà) y ese alguien te contesta “ufff... eso está súper lejos, ¿que palo, no?”.

También habrás notado otras reacciones tipo:

1. Que esa persona se siente tan impresionada por tu revelación que consigue casi unir cejas, ojos y nariz.

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2. Que parece creer que vivir en el extrarradio te equipara a un sherpa de las montañas del Nepal, que solo acude a la gran ciudad un par de veces al año en busca de provisiones. Dios mío, qué suerte ha tenido de coincidir contigo.

Reflexionemos sobre la realidad de este fenómeno:


El gran agujero espacio-temporal que separa tu ciudad del centro: 15 minutos en transporte público

Tiempo equivalente a:

- 2 canciones de Arcade Fire

- Leer 15 memes de un grupo de Whatsapp

- Media charla telefónica con tu amiga contándole los dramas del día

- Con un poco suerte, en frente tendrás sentado a un desconocido explicando su propio drama a otra persona. Y Dios sabe que no hay nada más entretenido que sumergirte en una tragedia ajena... desearás que el metro llegue hasta Albacete para poder acabar de escuchar la historia.

Pues eso, que 15 minutos no son para tanto.


Ironías e injusticias de la vida

Hagamos una regresión a la bendita E.S.O. (sigue llamándose así) y planteemos un problema:

Situación a) Tú y tu colega vivís en la misma ciudad, cada uno en una punta. Os separan 10 km. Todo está bien. Todos felices.

Situación b) Tu colega vive en el centro y tú vives en otra ciudad, a 10 km de distancia. Y siempre eres tú el que tiene que ir a verle porque para él “luego volver es un palo”.

Pregunta: ¿son más largos los km cuando sales de la ciudad?

Conclusión: la gente es tonta.


Por suerte o por desgracia, el hipsterismo ya es universal

Ya no necesitas vivir en un barrio donde los alquileres cuestan sangre de unicornio para poder desayunar carrot cake en un local con sillas de colores pastel envejecidas y maceteros de mimbre en cada mesa: el moderneo ha rebasado las murallas de las metropolis, eso es así.

Así que no dejes que te vengan con el rollo de que “allí no hay nada, que ahora todos los barrios tienen su vinatería ecológica, sus food trucks y sus tiendas de comida orgánica a granel.


Maravillas de extrarradio

Eso sí, la globalización no funciona en sentido contrario: puedes encontrar lo mejor de la gran ciudad fuera de ella, pero no lo mejor de tu barrio en el centro.

Tener una taquería en cada calle, más tiendas de sneakers que supermercados  y muchos locales de zumos orgánicos está genial. Pero todos sabemos que no pueden competir en estas materias:

1. Cientos de bares de viejos con tapas gratis cocinadas por un entrañable matrimonio que emigró desde Andalucía en los 60s.

2. La felicidad de que la misma panadera lleve vendiéndote madalenas (que no muffins) desde 1993.

3. Que lo más parecido a un piso turístico sean esos vecinos a los que su familia de Extremadura viene a visitar una vez al año.

4. Tener mercados. Pero mercados de verdad, no de esos donde hay paradas de fruta cortada para guiris y 5 tiendas de sushi.

5. En materias de centros comerciales nadie gana al extrarradio. Todo el mundo dice que los odia, pero entonces que alguien me explique por qué están siempre llenos. Y eso sí que es una verdad como un templo.

Así que la próxima vez que que te vuelvan a contestar “ufff... qué palo”, les llevas a comer croquetas caseras a los bares de tapas de tu barrio por cuatro duros, a ver si se atreven a decírselo a la señora Paquita.

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