Así Es Mi Vida Desde Que Mi Novio Ha Caído En Las Garras De Pokémon Go

Yo vivía feliz y ajena a lo que se me venía encima. Veía a la gente descargarse el ya famoso Pokémon Go y a priori no parecía una amenaza. ¿Qué iba a tener de malo? Pues un juego como otros tantos. Mi novio y yo observábamos a nuestros amigos empezar a hablar de ello cada día por los tropecientos grupos de Whatsapp que tenemos. Pero yo estaba contenta y orgullosa de él por seguir en el club de la gente adulta que lo mira desde lejos.

Pero mira por dónde, va a ser que no. Que me lo creía yo. Un buen día viendo la televisión me di cuenta de que ya estaba mirando sospechosamente su teléfono demasiado rato. Y a mi, con toda mi inocencia e ignorancia se me ocurrió girarme a ver qué hace. "¿Te estás descargando Pokémon Go?", ilusa de mí. Y efectivamente. Ya lo tenía ahí, invadiendo mi vida sin control. A los cinco segundos, sin saber muy bien cómo, lo tenía levantándose y dando vueltas por la casa observando la pantalla del móvil y hablando consigo mismo en voz alta, "¿pero por qué no hay ni un puto Pokémon en esta casa? Qué mierda".

Ahí lo descubrí. Le había perdido para siempre. Qué pena, tan joven. Porque aquello solo fue el principio, y el momento más esperado del día para él ya no era llegar a la cama conmigo antes de dormirnos (ya me entendéis, cuando sí jugábamos de verdad). Ahora quiere que cenemos temprano para ir a cazar Pokémons por el barrio hasta tarde, y lo peor es que quiere que le acompañe. Obviamente, ante mis caras de aburrimiento y condescendencia solemos tener discusiones del tipo:

- "No te interesa una mierda, ¿verdad?"

- "Sí cariño, está bien, mola. Pero cuéntame un poco mejor porque no me entero mucho..."  (MENTIRA)

Sé que tengo que apoyarle en sus hobbies, o eso se supone que hacen las parejas felices, aunque creas que lo que le gusta es una verdadera tontada. Y aquí me tenéis paseando a su lado cual perro-dueño. Como cuando tu madre te apunta a ballet y tú no das ni una. Ella sonríe y te mira de lejos, aunque por dentro piensa que eres una maldita torpe.

La cosa no termina ahí, porque nuestra rutina se ha convertido en ir al trabajo (Y A TODAS PARTES) andando para cazar a esos seres rarunos. Que si Charmanders, que si Rattatas y no sé qué otros nombres extraños que yo mira, no sé ni pronunciar.

Ahora madrugamos los fines de semana y nos acostamos tarde siempre y le acompaño a las "Pokeparadas" (traducción: concentración de gente juntándose en un espacio público para jugar con sus móviles y perseguir animalejos imaginarios por los que NO hace falta pelearse ni correr. De verdad, chicos, tranquilidad, están ahí para todos). Y ahí está él hablando con un señor medio calvo de mediana edad, vestido con una gorra Pokémon y una camiseta blanca marca Condis, que si tú qué Pokémon tienes, que si has estado en este gimnasio, que si tira un cebo que esto está más muerto que muerto. 

Y además resulta que si dejo notar un poco el profundo sueño que me entra cada vez que oigo la palabra "Pokémon", él se mosquea y se lía gorda. Viene a ser algo así: "Vale, no, ok. Que no te interese, da igual. Tú sigue siendo adulta y aburrida". Porque ahora resulta que los raros somos los que no jugamos a esto cada día, CADA SEGUNDO. Dios mío, ¿pero qué he hecho yo para merecer eso? Pero bueno, por lo menos he conseguido que haga algo de deporte...