Por Qué Viciarse A Videojuegos Te Hace Una Persona Más Completa

Sí, yo he jugado mucho a videojuegos. Me he pegado viciadas de apagar la videoconsola por la noche, irme a dormir, y soñar que seguía jugando. He tenido días en que dudaba de si jugaba yo con la Play o la Play estaba jugando conmigo. Pero la perspectiva del tiempo me ha hecho ver que, contrariamente a lo que dicen de que los videojuegos "no sirven de nada" e "incitan a la violencia", he aprendido mucho y no me he vuelto un sociópata. De hecho, si estás dispuesto a aprender, los videojuegos te pueden dar lecciones que te hacen una persona más completa:

Nos enseñaron a ser precavidos

Los mileniales crecimos con el boom de las videoconsolas y sufrimos en nuestras carnes los defectos básicos. Como aquello de que no existiese el guardado de partida automático. También debo decir que a nosotros nos gustaba vivir al límite y nos tirábamos tres horas jugando sin guardar, por lo que entonces podían pasar tres cosas:

  1. Se bloqueaba el juego.
  2. Se iba la luz.
  3. Por cualquier accidente (aquí se incluye el enfado de una madre) la videoconsola se desenchufaba.

Todo el progreso conseguido a la mierda. A la cuarta o quinta vez que te pasaba, aprendías que hay que ser siempre precavido.


Demuestran que si actúas enfadado solo pierdes tú

Esto es algo muy de juegos deportivos. Gol en el último minuto; canasta sobre la bocina tras una remontada de 20 puntos; o mi favorita, cuando jugando al Tekken al rival solo le queda un golpe para morir y a ti toda la vida, y entonces empieza a pegarte sin dejar que te muevas hasta dejarte KO. ¿Quién o qué paga las consecuencias de la rabia? El mando -o en casos extremos, la televisión-, que sufre todo tipo de violencia física gratuita y acaba roto/a. Ahora te compras otro, por gilipollas.


El camino correcto es el que tiene obstáculos

En la vida nos suelen gustar las cosas fáciles, sin dificultades, pero si algo dejan claro los videojuegos es que si en un camino no encuentras problemas es que estás perdido. Las cosas realmente valiosas están escondidas y protegidas por enemigos, cuantos más mejor, y para llegar a ellas tienes que luchar y puede que pasarlo mal, pero son las que valen la pena.


Mejoran la lógica

El que haya jugado a los Final Fantasy sabe a lo que me refiero. Esta saga ha ido evolucionando con los años y perfeccionando su técnica para hacer que los jugadores se tengan que rebanar los sesos para pasárselos. Porque tienes mil tipos de luchadores, mil tipos de poderes y mil tipos de enemigos, y si quieres avanzar prácticamente tienes que crear una fórmula matemática para combinarlo todo a la perfección.

Y, ojo, que esto no lo digo yo. Hay estudios que afirman que la gente que usa frecuentemente videojuegos es más lógica, tiene más reflejos y es más creativa, entre otros beneficios.


Enseñan a valorar y administrar lo que se tiene

Los juegos de estrategia a tiempo real son una putada si no haces trucos. Por ejemplo, el Age of Empires. En este juego tienes que crear una ciudad y un ejército que la defienda y conquiste las demás. Para ello, necesitas madera, piedra, oro y comida, recursos que tienes que conseguir, y hay que ver la de rato que se tarda en talar un bosque. Cuando después de tres horas viendo a tus ciudadanos virtuales talar, picar en cantera y pastorear cometes un error en la administración de los recursos y tienes que volver a empezar, aprendes una valiosa lección: que tienes que valorar lo que consigues y pensar dos veces antes de gastarlo.


Te invitan a no rendirte nunca

Porque hay veces en las que te entran ganas de apagar la videoconsola, sacar el juego y partirlo por la mitad. A mí me suele pasar cuando me han matado 25 veces en el mismo punto, pero cada uno tiene su límite. ¿Pero me rindo? No, porque tengo un objetivo. Los videojuegos nos vuelven más competitivos y persistentes.


Te enseñan que siempre hay otra manera de hacer las cosas

Lección patrocinada por los camperos (gente que se pasa la partida escondida) del Call of Duty. Cuando este tipo de jugadores te matan en el modo online jode mucho, y la primera reacción es ir a por ellos a lo loco; pero eso solo lleva a que te maten otra vez, entrando en un bucle sin fin en el que probablemente el que acabe perdiendo sea tu mando. Pero entonces te calmas y recuerdas que siempre hay otro camino y que la venganza se sirve fría. Das un par de vueltas; te colocas detrás del campero; le envías un mensaje: "Turn around (date la vuelta)"; vuelves al juego y te esperas a que se gire; le acuchillas (desde el cariño); saboreas el triunfo.


Disuaden de hacer cosas malas

Grand Theft Auto tiene muchas críticas porque es demasiado explícito, tiene lenguaje soez, machista y racista e incita a la violencia. Nada más lejos de la realidad: si algo he aprendido de este maravilloso juego es que si te metes en líos acabas muerto. ¿Te juntas con mafiosos? Vienen otros mafiosos y mueres; ¿matas a alguien en plena calle? Viene la policía y mueres; ¿saltas de un avión sin paracaídas? Al caer al suelo mueres. ¿Puede haber lecciones más valiosas que estas?

También dejan entrever que si contratas una prostituta ganas vida, pero esto no es verdad. Aunque este juego da para un análisis aparte.