Los versos que ella le escribía cada noche después de su muerte son ahora un libro de poesía

María y Charlie se casaron a los treinta y poco, y se quedaron embarazados al momento. Ella siempre había escrito poesía amateur, y tenía un blog en el que colgaba versos sobre lo que le removía. Siempre había preferido expresarse por escrito, así que a veces Charlie se metía a leerlo para saber cómo estaba ella aquél día. Pero tan solo seis meses después, se paralizó su mundo: le diagnosticaron a Charlie un cáncer de estómago muy avanzado.

Ella es María Leach y es la protagonista, y la autora, de su propia historia que se ha materializado en el libro de poemas No te acabes nunca publicado por Espasa e ilustrado por Paula Bonet. Con el diagnóstico, María dejó de escribir durante un tiempo. "No sé por qué, quizás porque para mí era algo muy propio e íntimo, y el cáncer había que lucharlo en pareja", nos cuenta María con mucha naturalidad y destilando, desde el primer momento, ganas de vivir y magnetismo. Cuando habla de Charlie, no cabe duda de que la hizo muy feliz.

Tras la llorera inicial, empezaron a tomárselo con todo el humor que podían. Cuenta que Charlie había pedido mucho peso por la enfermedad y ella estaba cada vez más hinchada por el embarazo. Antes de la cuarta sesión de quimio, nació Nico. "En las últimas semanas de Charlie empecé a tomar notas... yo creo que ya era casi una forma de despedirme". La despedida llegó, poco después.

Código Nuevo: ¿Cómo te ha cambiado esta experiencia? Imagino que hiciste un máster en relativizar las cosas...

María Leach: Claro, por ejemplo encaré la maternidad de forma mucho más tranquila. Al principio estaba acojonada, pensaba 'no sabré cambiar un pañal', y cuando pasó lo del cáncer, ya no tenía miedo. Por otro lado, ahora me intento juntar más con personas que quieren que su paso por el mundo aporte algo bueno y positivo, del cariz que sea.

¿Y dónde meto el amor / que no te puedo dar?

Lo primero que hizo cuando murió Charlie fue plantarse en la consulta de una psicóloga experta en duelos por cáncer y preguntarle qué podía hacer para salir adelante. Pero ella le dijo que volviese a los 15 días, que todavía estaba en shock.

— ¿Y qué hago yo hasta entonces?, le preguntó.

— A ti qué te gusta hacer?, le dijo la psicóloga.

— ¿A mí...? escribir.

— Pues escribe. Cada día.

Sin saberlo, le dio la clave para superarlo todo

"Al principio, mis días eran como si no hubiera pasado nada, porque estaba bloqueada, y el ratito de escribir era el de pensar en eso", explica la autora. Tras la muerte de Charlie, María se trasladó a casa de su madre pero, durante tres meses, tras acostar al niño, bajaba a su piso y escribía. Cada noche. Ahí empezó un ritual de intercambio con el pasado: le escribía un poema a Charlie, lo colgaba en su blog, y se llevaba algún objeto de él: una camiseta, un libro.... Poco a poco fue vaciando la casa y llenando sin saberlo el que sería su primer libro de poesía.

C.N.: Desnudar tus pensamientos frente al mundo ¿no te ha hecho sentir un poco expuesta?

M.L.: Sí, yo siempre he escrito porque me cuesta hablar las cosas que me duelen y ahora lo estoy hablando con medios de comunicación, y con mucha gente… pero ahora es más que mi historia, es un libro, y explicarlo tiene algo de liberador. Estoy mucho mejor, y si no podía explicarlo antes era porque no me lo creía. Me decían 'llora, que va muy bien' y yo no podía llorar. Ahora lloro mucho más que hace tres años, lloro ahora porque puedo. Supongo que llorar es un síntoma de que te has relajado.

C.N.: ¿Te cabreaste contra esta enfermedad tan inexplicable?

M.L.: No... A veces todavía le lanzo algún exabrupto a Charlie por haberme dejado sola (sonríe). Pero no hay que buscar un por qué a algo tan aleatorio. Es puro azar, como el que no puede tener hijos. Hemos creado una sociedad en la que el cáncer, la enfermedad, se ven como fracasos, y no es el caso.

María expuso algunos poemas junto a ilustraciones que su amiga Paula Bonet había hecho especialmente, en una muestra por la que pasaron unas dos mil personas. "Para mí fue como un funeral", cuenta María Leach y, sobre las imágenes de Paula, dice que te inundan cuando las ves"Quiso volver a usar técnicas como el óleo y el grabado, que requieren paciencia y son lentas, y para ella representaban bien el proceso del duelo: un poco cada día". Las ilustraciones en No te acabes nunca no se hacen rápido, igual que no puedes dibujar una nueva vida o reconstruirte por dentro en un minuto.

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C.N.: Tiene algo de mágico conectar con quienes no conocen tu historia, ¿no?

M.L.: Sí, y que de lo peor que me ha pasado en la vida haya salido esto, es el mejor regalo. No haberme convertido en una amargada de por vida, conectar con gente y que me digan que se han sentido arropados. Cuando la que se muere es tu pareja, nadie comparte ese dolor concreto contigo, no es como si a unos hermanos se les muere el padre. Sentirte identificado con algo es importante. Paula me regaló un libro de Rosa Montero llamado 'La ridícula idea de no volver a verte', que está deliciosamente bien escrito y me ayudó mucho porque me leía en algunas líneas suyas.

C.N.: ¿Cómo sería la historia del arte sin dolor? 

Para mí el dolor ha sido siempre el motor de inspiración. Quizás no sea tan malo el dolor, aunque le tengamos miedo. Me he dado cuenta también de que vivimos de espaldas a la muerte, es un tema tabú. No hay que negarla, hay que asumirla.

Hablar con María Leach es pensar que si el dolor es creativo, el arte es curativo. Que arte y dolor se dan y se quitan, como María intercambiaba, cada noche, un objeto de Charlie por uno de estos poemas que supuran realidad y belleza.