Tres Fórmulas Para Ejecutar Una Bomba De Humo Perfecta

Son casi las seis de la mañana y no aguantas más en la discoteca, aunque tus amigos quieren quedarse hasta el ‘chape’ porque la noche está saliendo de puta madre. De puta madre para ellos, tú lo que quieres es largarte sin dar explicaciones. Si tienes 'mala suerte', es posible que a nadie le importe que te vayas, pero no suele ser lo habitual. Lo normal es que no te dejen ir y que te insistan para seguir un rato más porque según ellos "no has bebido lo suficiente".

Y ahí vienen las caras rancias y la presión social "pero joder, ¿ya?", "siempre estás igual, eres un puto abuelo", "no, no, tú no te vas ni de coña, tía". Pero eso refuerza todavía más tus ganas de irte y más que nunca empiezas a desear tu cama.  Y te imaginas entrando en tu casa y tirando tu ropa por el suelo para acabar dando un tripe salto mortal que te deje enterrado entre tus sábanas. Ahí es cuando lo descubres, algo te cosquillea el estómago. Un aviso, una llamada interior, tu voz de la conciencia que te repite: Vete. Haz una bomba de humo. 

Es más popular de lo que pensamos y, aunque parece un invento de nuestra época, lo cierto es que la técnica viene de lejos. Inventada en Francia, allá por el siglo XVIII, era común entre la burguesía gala que no quería despedirse en las fiestas, así fue como se popularizó como ‘despedirse a la francesa’. Un noble arte que debemos reivindicar con este alegato para su aceptación mundial, porque irse sin decir nada debería ser una opción muy válida, no una desfachatez. 

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1. El Planteamiento

Es imposible estirar más la noche y lo último que te apetece es seguir bebiendo. Además tu cuerpo ya empieza a estar resentido, llega la bajona y parece que se te haya metido alguien de la 3ª edad dentro. Lo sabes, lo intuyes: ha llegado el momento y el momento es perfecto. Tus amigos están ligando, han ido a hacer la ronda de putivuelta, están en pleno subidón de baile y nadie te está observando. Miras a tu alrededor y lo ves claro, ahora o nunca.

La clave: Pensar rápido. Decir que vas al baño y ‘vuelves’, a saludar a alguien allí al fondo, a fumar con un amigo o que te están llamando. No importa la excusa, cada uno conoce a sus amigos, así que debes actuar tan rápido y bien como John Wayne, pero añadiendo tu ‘moonwalk’ particular con mucho estilo.

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2. La huida

Es el instante de la ejecución y no puedes mirar atrás. Lo dicho, en la discoteca no suele haber mucha luz y todo es ruido, pasión, desenfreno, borrachera… ¿Qué puede fallar? En general la mejor opción es ir al baño porque, aunque alguien te acompañe, es el lugar ideal para darte a la fuga cuando os separéis allí dentro.

La clave: El manual del escapista lo tiene claro: huye cuando todos parpadeen. Igual te ven, pero ya da igual. Si tienes la mala suerte de no estar en un lugar oscuro, siempre puedes coger tus cosas porque necesitas ir al banco para sacar pasta. Nadie sospechará nada. Una vez salgas por la puerta, corre, corre como si se acabara el mundo. 

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3. Humor final

Igual pasan 15 ó 30 minutos hasta que se dan cuenta de tu ausencia, pero a veces van tan ciegos que se les pasa rápido. La mayoría seguirá bebiendo, intentará comerse una boca o se darán la ronda de inspección ‘a ver qué pasa’. Para quitar leña al asunto lo mejor es mandar un mensaje divertido al grupo. Tú eliges el método, pero la combinación ganadora es: nota de voz + foto con texto gracioso diciendo que te has pirado. Lo más probable es que te piten los oídos en ese momento y te pondrán motes como ‘Bomber Man’, ‘la rajada’ o ‘el bombita’ (como Ricardo Darín en Relatos Salvajes) pero nadie va a discutirte que ha sido la mejor decisión posible.

Había que irse y lo has hecho con estilo, despidiéndote ‘a la francesa’. Ahora es momento de andar, coger el bus o pillar un taxi para llegar cuanto antes a tu cama. Allí se produce la escena final, la pasión definitiva, esa en la que miras a la almohada para decirle: “Dios, qué ganas tenía de revolcarme contigo”.