Tiger King se ha convertido en un clásico en un tiempo récord

La realidad no es mala, es triste y es rara

Desde hace un par de años me encuentro con un meme recurrente llamado Florida Man que sirve como recopilación titulares locos sobre hombres de Florida. No es un meme al uso, sino un chiste interno de Internet en el que se asume y se construye una narrativa en la que Florida Man es una única persona que hace todas estas cosas de las que se le acusa en los titulares, “el peor superhéroe del mundo”Indudablemente, Florida, a parte de tener una política especial entre los policías y los periodistas que permite que toda esta información salga a la luz, es un lugar peculiar al que me gustaría mirar desde lejos.

Desde Florida a mi casa

En unos días en los que buscaba tranquilidad, estar zen en medio de mis dramas mentales, Tiger King vino como quien está nadando tranquilito en el mar y es sacudido por una ola de varios metros de altura. Una ola fresca, que te atrapa y te arrastra por donde le da la gana. Y no tenía ni idea de que Tiger King era justo lo que necesitábamos para desconectar de esta realidad surrealista que estamos viviendo: viajar a una realidad aún más surrealista llamada Florida.

La serie de Netflix se ha convertido en un documental clave de cultura pop en un tiempo récord. No solo el contenido de la historia es oro puro, sino que el propio creador del documental llevaba años grabando y siguiendo de cerca a los protagonistas, por lo que tenemos material de sobra y años y años de dramas grabados en cámara. 

Escribir un artículo spoileando Tiger King sería un trabajo costoso: para cuando su premisa se revela en penúltimo capítulo de la serie documental (que su protagonista Joe Exotic está encarcelado por contratar a un sicario para matar a otra cuidadora de tigres, Carole Baskin) el documental ya ha dado ocho giros cuatro piruetas y seis saltos mortales.

Y es que lo tiene todo: gente heterosexual en relaciones homosexuales, poligamia, tigres enjaulados, mucha droga, asesinatos sin resolver, innuendos sexuales hacia leones, piercings muy mal puestos y canciones country sobre tigres. Su trama parece haber sido creada cogiendo un puñado de titulares del meme Florida Man y atándolas con conectores como “posteriormente”, “después”, “más tarde”. 

Encontrando oro

Netflix, que siempre ha tenido el problema de intentar alargar docuseries que no tienen suficiente contenido y con protagonistas sin ningún tipo de carisma, como pasaba con Making a Murderer (en el que se centraban durante tediosos capítulos en detalles de la investigación y la trama avanzaba a ritmo tortuga) han dado con un pozo sin fondo con Tiger King. Tiene suficiente drama, suficiente gente cucú y bifurcaciones de la historia como para hacerte una franquicia como la de Marvel.

Como dice en el propio documental Rick Kirkham, periodista que intentó hacer un reality show de Joe Exotic, este es el sueño de cualquier productor. La guerra para tener el control de la industria del tigre en Estados Unidos está regida, para sorpresa de nadie, por egomaníacos frikis con demasiado dinero y muy mal gusto por la decoración de interiores. En este ring lleno de personajes que parecen tener líneas narrativas sacadas de Pressing Catch, tenemos a Joe Exotic, redneck, gay y partidario de las armas, a Carole Baskin, la extrapolación a felinos grandes de la señora loca de los gatos, y a Doc Antle, un señor que se autodenomina “maestro del universo” y convive con múltiples esposas a las que hace vestirse de tigresas.

La historia que persigue Tiger King se asemeja al descenso a los infiernos de Dante donde a cada nivel diferentes personajes dicen la frase “ahí es donde se empezó a volver loco” sobre Joe Exotic. No hay un solo héroe en este documental, ninguna persona por la que levantarías el puñito y dirías “¡dale!”. Por supuesto, seguramente defenderías que Joe Exotic no debería estar en la cárcel por las cosas de las que se le acusó, pero de ahí a decir que no debería estar en la cárcel hay un trecho. Sin conexión emocional que te atraiga a ello, tu propia relación con el documental es de espectador fascinado, viendo un accidente que ocurre en bucle una y otra y otra vez.

Desde mi casa a Florida

Como suele decir una amiga mia “la realidad es mi ficción favorita”. Tiger King parece superar cualquier cosa que pudiésemos habernos imaginado, ¿o no?

En la América de Donald Trump, Joe Exotic se presentó pocos años antes a la presidencia de Estados Unidos. Es en ese momento en el que el espectador toca el suelo que conoce y conecta con su propia realidad: una realización inmediata de que esta persona de la que llevamos riéndonos durante horas (con su propio permiso, señor showman), no se aleja mucho del perfil del presidente de la nación entera. Mismos dejes, ¿incluso un discurso ligeramente más progresista?

Sigue sin haber ninguna empatía hacia los personajes, pero sí cierto entendimiento de cómo el entorno hace a las personas y de cómo este tipo de gente atrae a los que están a su alrededorTiger King ha conseguido perfilar al que parece ser el votante medio republicano de Estados Unidos mucho mejor que cualquier caricatura de villanía que se nos ha dado explicada. La realidad no es mala, es triste y es rara.