Tarantino Firma Su Última Película Con Sangre Y Mala Baba

Un aspecto crucial del cine moderno es su enfoque de la palabra; el cine moderno toma el texto como un objeto, donde las palabras convierten las imágenes. En este sentido, Quentin Tarantino es un director moderno, y lo demostró desde la primera escena de su primer largometraje, Reservoir Dogs, que abría con la exégesis de Like a Virgin.

La nueva película de Tarantino, Los odiosos Ocho, es una película moderna vestida con atuendo clásico, con su obertura orquestal señalando el comienzo, y sus más de tres horas de metraje, marcadas por un intermedio que divide la película en dos partes.

'Los Odiosos Ocho' sin spoilers

Se trata de un western que se establece alrededor de una década después del final de la Guerra Civil, en Wyoming, donde un cazador de recompensas (Kurt Russell), transporta en diligencia a una sospechosa de asesinato (Jennifer Jason Leigh), a la ciudad de Red Rock para su juicio. Pero en el camino, una tormenta de nieve lo obliga a refugiarse en una solitaria estación de paso, junto a un grupo de pintorescos y peligrosos personajes. (Samuel L. Jackson, Walton GogginsJames ParksBruce DernTim Roth, Michael Madsen y Demián Bichir).

Enseguida, esa ratonera digna de un sádico Gran Hermano, provoca violencia con una base política, derivada de las heridas no cicatrizadas de la Guerra Civil.

Diálogos ardientes y confusos Flashbacks

Como en cualquier película del cineasta, a pesar de todas las diversas variedades de exhibición de violencia y derramamiento de sangre, casi siempre domina el diálogo. El texto es profuso, y está encajado en la acción, donde la narración es elemental. El personaje de Samuel L. Jackson en particular, es un gran cuenta cuentos, un hechicero real, que narra historias para subsistir. Es parte de sus habilidades de supervivencia, como hombre negro en un país hostil. Pero también, en el transcurso de la película, cuenta historias por el bien de la venganza, con el fin de provocar la violencia. Al hacerlo, la película inicia a deslizarse por su pendiente carnicera, desde el microcosmos de una guerra reciente a la repetición de la eterna guerra de todos contra todos en un reino natural, sin control de ningún tipo.

Tarantino hace alarde de una alegría narrativa en Los odiosos Ocho que supera cualquiera de sus trabajos anteriores desde quizá Pulp Fiction. Convierte el salón en el que los personajes se han reunido, en una especie de teatro en el que las cosas no son lo que parecen. Haciéndole un guiño a El hombre que mató a Liberty Valance, Tarantino presenta el retroceso de una escena narrada anteriormente, esta vez desde un ángulo alternativo, con el fin de arrojar luz sobre un misterio. Pero lo hace tan sólo para crear un nuevo misterio. Como  narrador omnisciente, Tarantino se basa en el flashback para entregar sus piezas de información con el único propósito de retener mucho más: establece un misterio epistemológico, el proceso por el cual averiguamos cómo y por qué un personaje particular hace determinadas inferencias. La película es una historia, los personajes tienen unas motivaciones, y si alguien va a disparar, otro alguien nos va a contar cómo y por qué, antes o después.

Y esto es así, Los odiosos ocho, al igual que el resto de la filmografía de este rey de la cultura pop, está hecha de palabras. Palabras salpicadas de sangre y mala baba. Pero palabras. Y son a fin de cuentas, palabras lo que se necesita para firmar al final del papel, y desde luego, pocos directores como Tarantino, firman con tanta claridad como lo hace él.