Tao Lin, De Looser A Escritor Que Todo Milenial Debería Leer

¿Cómo un chaval que pasa absolutamente de la opinión de los demás, que casi no tiene amigos, que reduce su vida a la supervivencia, que no pisa un bar así lo maten y que se dedica únicamente a dormir-trabajar-comer puede convertirse en la voz de una generación? Pues puede que precisamente por todo lo anterior. Porque Tao Lin escribe lo que a él le gustaría leer. Y porque ha detectado perfectamente los miedos de una generación, la nuestra, que a veces no encuentra su sitio y vive en un permanente déjà-vu.

Tao Lin jamás ha pretendido ser el representante de nada pero, aún sin buscarlo, es el escritor joven más conocido del mundo y se le considera la figura más importante de la ‘Alt-Lit’, la Literatura Alternativa, algo así como la rama hipster de la ficción norteamericana. Pero seguimos en las mismas: ¿cómo ha llegado a ello? Pues capturando la soledad, la falta de dirección de muchísimos mileniales de aquí y de allá que buscan acabar con su apatía chateando, leyendo blogs o viendo YouTube.

En su último libro, Nadie sabe por qué estamos aquí, Tao Lin elabora, probablemente sin pretenderlo, una guía de supervivencia para todos esos jóvenes que son capaces de estar en 8 chats de whatsapp al mismo tiempo pero que se abruman cuando piensan en mantener una conversación cara a cara con alguien. Lin recopila sus ensayos más famosos de los últimos diez años en los que habla de drogas, de apariencias, de Internet, de medicinas y, sobre todo, de soledad.

Así conecta Lin con muchos mileniales. Mileniales a los que, en definitiva, no les pasa nada, pero tienen algo así como ‘mal de vivir’. Los personajes de sus novelas son jóvenes de veintitantos o treintaypocos, urbanitas, bohemios, que tampoco necesitan grandes estímulos materiales pero que, sin saber por qué, sienten una profunda tristeza y no pueden, o no saben, relacionarse con los demás. Lin capta esa sensación y la sabe expresar perfectamente porque todas sus novelas tienen mucho de autobiográfico.

Estadounidense de padres taiwaneses, Lin tiene 32 años y vive en un estudio en Manhatann. Su vida es sencilla: se levanta, escribe desde una biblioteca pública de Nueva York y vuelve a casa para cenar y dormir. Entre una cosa y otra suele darle algunas caladas a un porro de maría. Esa es la única droga que mantiene; después de catarlas casi todas, se ha quitado hasta la cafeína. Y en pocos años ha editado cuatro novelas (Richard Yates, Eeeee Eee Eeeee, Robar en American Apparel, Taipei), dos libros de cuentos (Hoy el cielo está azul y blanco con manchas azul brillante y una luna pálida y pequeña y voy a destruir nuestra relación hoy, Bed) y dos poemarios (You are a little bit happier than I am, Cognitive-behavioral Therapy).

En una de sus últimas entrevistas ha dicho que la soledad ya no le da miedo. “Creo que ahora siento miedo muy pocas veces. No sé ni de qué tener miedo”. Puede que, como la mayoría de sus personajes, ya está tan cansado de sí mismo como de los demás. Esta es la nueva realidad para millones de mileniales. Y es normal: nueva generación, nuevos problemas y nueva literatura.