Stockholm, la película que te hará replantearte este comportamiento tan común

Al principio, Stockholm parece la típica película: una fiesta, alcohol, música, desconocidos y, en medio del barullo, chico conoce a chica. La chica es frágil y tímida pero maravillosa. Él es guapo y lanzado. Todo apunta a que vamos a presenciar una historia de amor. Pero, en esta película, las cosas no son lo que parecen.

Él la aborda diciendo que se acaba de enamorar de ella a primera vista. Que es muy raro, pero que ha pasado y que qué hacen. Ella sonríe y, con educación, le dice que cambie de objetivo. Sin embargo, él no puede dejarla pasar, así que insiste. E, insistiendo, va arrancándole más sonrisas y, con cada sonrisa, él entiende que va ganando permiso y sus pasos son más osados. 

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Stockholm describe muy bien una conducta social que hemos asumido como si fuera algo normal y natural. Unas actitudes que cualquiera ha puesto en práctica más de una vez. ¿De qué estamos hablando? Habitualmente, se da por hecho que el hombre debe conquistar y la mujer otorgar. Toda esa cultura de "el que la sigue la consigue" se encuentra de frente con la de "si eres fácil, no te respetan" y el resultado es aterrador: él tiene que insistir para no ser un cobarde y ella no puede decir claramente lo que quiere (tanto si le gusta el chico como si no). No nos comunicamos: interpretamos. No somos claros y siempre hay brechas para justificar los malentendidos. Y una de las peores consecuencias de todo esto es que si un "no" no es tajante, a menudo porque ser brusca o firme provoca agresividad en el otro, puede dar a entender un "sí". 

Por mucho que hayamos avanzado en la libertad sexual de ambos sexos, seguimos asumiendo ciertos roles. Todavía es muy habitual que a los hombres los eduquen para ser fuertes y para ganar y a las mujeres para agradar. Esto, a la hora de relacionarse, puede resultar fatal. Debido a esto, un chico tiende a pensar que una mujer tiene que sentirse agradecida al recibir un piropo no solicitado: si das por hecho que lo que quiere una chica es sentirte deseada, crees que le estás dando lo que quiere. Y no tiene por qué ser así.

Así que, según estos roles, él debe insistir - por el juego de la 'conquista' y porque sabe que ellas han sido advertidas de ello- y, de esa manera, ganarse el permiso para entrar en la cama de ella, es algo en lo que insisten ciertos medios o libros que se venden como 'manuales de seducción' para hombres. Es el caso de El método o Cómo follar con todas. En este último, el autor promete a su lector que lo convertirá "en un sensual varón que nunca pedirá disculpas" y le insta a dejar de ser un "pardillo". Se sobreentiende que a las mujeres hay que "convencerlas". Como si, en realidad, todas quisieran follar contigo desde el principio, pero todavía no lo saben. 

Y de eso va Stockholm. Lo más terrible de todo es que la mayoría del comportamiento, tanto el de él como el de ella, nos resultan naturales. Entendemos que, si ella no le manda directamente a la mierda, es normal que él dé por hecho que está interesada. Que, si ella ha hecho algunas concesiones, él pueda considerarla una "calienta-braguetas" que le está vacilando.

El filme, que fue financiado mediante crowfunding, lo dirige Rodrigo Sorogoyen y lo protagonizan Aura Garrido y Javier Pereira. Los tres fueron nominados al Goya y este último obtuvo el galardón por su papel que nos deja mucho más que un buen trabajo: otro paso para la 'desnormalización' de conductas contra la libertad sexual de ambos sexos, cosa que traerá relaciones sexuales mucho más sanas y respetuosas. Stockholm se atrevió a librar a unos del papel de conquistador, como a otros del de conquistado.