La simbología por detrás de una película tan extraña y perturbadora como 'Mother!'

Tras ser abucheada en sus primeras proyecciones en el Festival de Venecia y el revuelo que ha generado en internet sus mil y una lecturas posibles, Mother!, el nuevo 'hijo' de Aronofsky, es una loca experiencia que tendrás que rumiar lentamente y a trocitos pequeños. Se esperaba con curiosidad y recelo por parte de los fans del director, después de la insoportable tortura —por no decir algo más soez e irrespetuoso— que nos hizo pasar con Noé. Lo más confuso fue el tufo de pseudo terror de serie B con el que se vendió el film en el trailer oficial, aunque, afortunadamente, lo arreglaron con sus inquietantes carteles a modo de ilustración hiperrealista que diseñó el artista neoyorkino, James Jean.

Carteles Mother! Carteles Mother!
Carteles de Mother!

Pero no te dejes engañar. Luego descubres que una vez más todo forma parte de su habitual atmósfera de angustia y terror psicológico aderezados con esos detalles desagradables que tanto le gustan al director: cómo olvidar ese pellejo interminable de Cisne Negro o el brazo de Jared Leto en Réquiem por un sueño. Por eso, no es de extrañar que el primer estado al salir de la película sea puro desconcierto debido a que no te queda muy claro si has visto la típica ‘paja mental’ —donde el concepto está bien, pero la ejecución mal— o una brillante obra maestra.

De ahí que la tarea sea digerirla a fuego lento, ya que es de ese tipo de obras que generan interminables horas de debate entre birras y colegas en un bar. De las que te dejan un mal poso final, pero ponen en marcha toda tu maquinaria reflexiva. El problema es cuando estás más perdido que ‘un pulpo en un garaje’ o te pica la curiosidad por saber qué opinan los demás y buceas entre las ‘guías’ que te revelan el verdadero significado y simbolismo de la película. Y, efectivamente, resulta que no te habías enterado de una mierda.

La versión oficial confirma que todo ese microclima de malestar, confusión y descontrol que se genera en esa puesta en escena casi teatral de la casa es una interpretación gamberra de la Biblia, en la que se ven representados Dios, La Madre Tierra, Adán y Eva, Caín y Abel, El Sagrado Corazón, Los Reyes Magos…Aunque es innegable que al leerlas todo cobra sentido y queda ‘bien mascadito’, como decía Scorsese “ninguna gran película se ha hecho para entenderla al momento” y con Mother! ocurre exactamente esto.

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Con este tipo de manuales de ‘por si no te habías enterado de una mierda’ se pierde la magia y el misterio, así como la oportunidad de interpretar por ti mismo. Por eso, a veces es mejor eso de ‘cada loco con su tema’. Porque, realmente, la cinta habla de muchas otras cosas aparte de estas representaciones bíblicas y, al final, todo va en función de con cuál de los temas presentados en el filme logres empatizar más a título personal.

Desde luego, uno de los primeros que aparece es el egocentrismo enfermizo del artista, en cierto sentido su motor de creación, representado por la figura de un escritor falto de inspiración y en absoluta sequía creativa, encarnado por Javier Bardem. Ese narcisismo excesivo, egoísmo extremo y ego insaciable que se alimenta con baños de masas y que es capaz de hacerle los mayores honores a cualquiera que dedique minutos u horas a avivarlo. Es la flaqueza y la fuerza del creador.

Y detrás de semejante personalidad está ella: la musa abnegada, joven, ingenua, frágil, bella y sensible que vive ‘por y para él’. La que construye el hogar acogedor, cálido y propicio para que el maestro florezca y encuentre la ansiada inspiración, interpretada por Jennifer Lawrence. Obviamente, todo este discurso encaja a la perfección con el del Dios creador —artista— y Madre Tierra —dadora de vida—.

Tras presentar a los personajes la cosa se va literalmente de madre y es cuando empiezan a ocurrir todo tipo de sucesos esperpénticos para culminar en el ansiado baño de sangre final: la destrucción. Otro punto interesante es el tipo de relación heterosexual prototípica y tóxica que muestra acompañada de un despampanante machismo (aún está por confirmar si el director lo ha hecho a modo de denuncia). Ese vínculo destructivo basado en la búsqueda freudiana de muchos hombres por encontrar siempre a la madre que les planche la camisa.

Los roles son los de siempre. El hombretón que ‘no hace ni el huevo’ en casa ni se preocupa por nada, más que de sí mismo, de brillar profesionalmente y, ya de paso, que le bailen el agua. Y la mujer sumisa que va limpiando todo lo que él y sus nuevos colegas ensucian, cuyo sentido vital es hacerle feliz. Esa relación enfermiza en la que teme perderle y solo quiere permanecer aislada y obnubilada, silenciando sus deseos ocultos de ser madre que son destapados por la experimentada y maquiavélica Michelle Pfeiffer. Ella sí que sabe lo que quieren los hombres, por algo es la pecadora más experimentada de la historia.

Al final, más allá de las guías y siendo sinceros, se puede decir que Mother! es esto y todo lo que te dé la gana. Sea cual sea tu interpretación, el debate está servido.