‘Sharp objects’, el thriller psicológico de HBO que está dando mucho de qué hablar

El thriller del año, televisivo o no, explora la violencia y el man que se esconden en una pequeña comunidad

De un tiempo a esta parte, en el debate sobre las series ha aparecido una idea que parece estar calando entre el público: las actuales series de televisión como sustituto de objetos culturales y de entretenimiento del pasado, ya sean el cine o la novela. Podremos estar más o menos de acuerdo, pero lo cierto es que cada vez son más los que, en vez de dedicar dos horas a una película, hacen maratones de temporadas enteras, en lo que se ha llamado binge watching. Algunos géneros son más proclives a esto que otros, está claro, y el thriller policiaco quizá sea el que con más soltura se ha adaptado al formato televisivo.

Hay una continuidad clara entre obras de los 90 y 2000 como El silencio de los corderos, Seven o Memories of Murder, y algunas series que han aparecido los últimos años. Por supuesto, nos referimos a True Detective, a Fargo y a Mindhunter, piezas maduras y oscuras que han demostrado que el relevo televisivo del género no tiene por qué implicar una menor seriedad. Sharp Objects, la nueva serie de HBO, quiere ayudar a consagrar el thriller policiaco serial, a la vez que trata de introducir una perspectiva nueva y refrescante en él.

Camille Breaker (Amy Adams) es una reportera que vuelve a su pueblo natal, Wind Gap, un lugar sórdido y empobrecido del Medio Oeste americano, para escribir acerca del asesinato de dos chicas adolescentes. Su estancia allí le obligará a retomar el contacto con su familia y con el paisaje que la vio crecer, despertando los demonios que la llevan persiguiendo desde su traumática infancia. Los fantasmas de Camille son muchos: el alcoholismo, un largo historial de automutilación, su dominante madre Adora (Patricia Clarkson) y una hermanastra a la que nunca ha conocido, Amma (Eliza Scanlen).

La serie es una suma de los esfuerzos de personalidades muy reconocidas en sus ámbitos: Jean-Marc Vallé (Dallas Buyers Club, Big Little Lies) dirige todos los episodios, mientras que Marti Noxon (Buffy Cazavampiros, Hasta los huesos) ejerce de showrunner y Amy Adams (La llegada, Animales nocturnos) protagoniza y produce la serie. Este despliegue de medios está destinado a adaptar la novela del mismo nombre con la que debutó Gillian Flynn, prestigiosa autora del género que saltó a la fama con Perdida, la obra que David Fincher convirtió en un fenómeno de masas en 2014.

Jean-Marc Vallée

A pesar de compartir algunos elementos con otras series similares, como es el uso de un tiempo pausado y símbolos recurrentes para crear una atmósfera oscura, cargada, con un sutil tono esotérico, también consta de suficientes recursos propios que le dan una personalidad singular. Es el caso de su montaje desordenado, habitual en su director, que alterna entre pasado y presente de manera orgánica, y crea constantes asociaciones visuales, ofreciéndonos una mirada a la mente de Camille, constantemente asaltada por recuerdos traumáticos.

La serie, no obstante, dosifica mucho la información que se muestra en estos flashbacks, dejando siempre al espectador con ganas de saber más sobre el pasado de la protagonista, que siempre permanece rodeada por un aura de misterio y angustia. En este sentido, hay que destacar el sobrecogedor papel de Amy Adams, que encarna con naturalidad y una potencia cautivadora a su personaje.

Con apenas cuatro episodios emitidos hasta el momento, Sharp Objects ha despertado el elogio de la crítica, así como numerosas comparaciones con la primera temporada de True Detective. Ambas beben de la tradición literaria del gótico sureño, que utiliza escenarios afectados por la pobreza material y espiritual para hacer un comentario pesimista sobre la existencia humana. Por otra parte, ambas juegan con sus protagonistas, estableciendo interesantes correlaciones entre su pasado y el caso que están investigando. Sin embargo, el hecho de que en Sharp Objects prime la mirada femenina sobre la acción la distingue definitivamente de otras series. Si en True Detective se recurría al tópico de que asesino e investigador no son tan diferentes, aquí Camille se enfrenta a la terrible amenaza de parecerse a las víctimas.

Jean-Marc Vallée

En el fondo, el mal del que nos habla Sharp Objects es uno mucho más común de lo que creemos: es el patriarcado, el puritanismo de las zonas más pobres de nuestra geografía, una visión represora según la que las mujeres jóvenes e independientes son criaturas salvajes, que coquetean con el peligro. La serie explora de qué manera estas ideas se infiltran hasta en las interacciones más cotidianas, incluso en boca de otras mujeres. Camille ha sido repudiada por un pueblo que la tacha de puta y traidora, que la ve como una amenaza.

Los límites de una comunidad tan pequeña como Wind Gap hacen que este juicio silencioso sea más claustrofóbico e impregne cada minuto de la serie. El comentario es brillante, único en el panorama televisivo, y utiliza los instrumentos del género para meter el dedo todavía más en la llaga. Sharp Objects quizá sea el thriller del año, y no podemos esperar para ver cómo acaba.