Salí de fiesta y acabé enviando una postal desde París: las noches más locas de 6 personas

Porque en las noches de fiesta pasa de todo menos lo que tenía que ocurrir. 

'Una noche fuera de control', te acerca las historias más locas de 6 personas

En las noches de fiesta pasa de todo menos lo que tenía que ocurrir. Algunas son tan épicas que nos las han tenido que contar nuestros amigos, otras quedan grabadas a fuego en nuestra memoria (nos guste o no). Les hemos pedido a seis personas que nos cuenten sus noches más desmadradas. Nunca sabremos si se han querido guardar algún detalle comprometido... o si directamente no se acuerdan.

Retrasado 'dental' (Edu, 26 años)

Siempre he sido de entregarme a la noche, pero hubo una noche en la que me dejé más de lo previsto en mi misión carpe diem. Estábamos en una discoteca, y a media fiesta salí con intenciones difusas y me puse a hablar con todo ser vivo que fumaba en la puerta. Lo siguiente que recuerdo es estar apoyado en una barandilla a unos cuantos metros y ver la cara a cuadros de un colega que me decía "tíotíotío, ¿qué te ha pasado?". Yo no entendía su preocupación, y le dije "nada, he salido a tomar el aire". Sentía que podía comerme el mundo, pero lo que me había comido era la barandilla resbalándome. O eso dedujimos, porque me faltaban los dos incisivos, y aunque al día siguiente no me hacía tanta gracia, solo me arrepiento de que nadie me sacara una foto sonriendo en aquel momento sin paletas. Me lo gané.

Hubo una noche en la que me dejé más de lo previsto en mi misión carpe diem


Exploración botánica (Maitane, 31 años)

Te voy a contar la más destroyer que monté en mi casa: Alguien hizo tortilla de kiwi, el otro deshizo un rollo de papel higiénico en mi salón y lo usamos de confeti, el vecino subió a quejarse del ruido y le abrí sin pantalones porque estábamos jugando a verdad o atrevimiento,... Una amiga se quedó dormida en el baño y para abrirlo tuvimos que hacer manualidades con una tarjeta de biblioteca, con la banda sonora de MacGyver de fondo. Pero el momentazo llegó cuando mi amiga María decidió que quería, en ese preciso instante, un bocadillo de pollo empanado. Eran las seis y todos le dijimos que en mi barrio a esa hora no hay nada abierto, pero ella salió corriendo de mi casa descalza en busca de su destino. Luís decidió perseguirla (en calzoncillos) por la calle, y el resto del grupo comentábamos la jugada desde la ventana. Era una carrera bastante igualada, pero María le hizo una emboscada y en un despiste, lo empujó a unos matorrales. Alguien exclamó "¡Lo ha tirado a los 'arbustros'!" (cita textual), como si no lo hubiéramos visto. Pero el grito generalizado llegó cuando ella se abalanzó sobre él y ambos se besaron. Vaya panorama.

¡Lo ha tirado a los 'arbustros'!


La fruta, bien madura (Juan, 25 años)

Podría haber sido un viernes de farra tonta como cualquier otro, pero fue un ritual para mis sentidos que nunca olvidaré. No me preguntes cómo pero acabé haciendo un trío con dos mujeres que me sacaban al menos veinticinco años. Cuando a las siete de la mañana reuní la poca fuerza que me quedaba para salir de su casa, horror: no tenía ni cartera, ni llaves, ni móvil. Hice un penoso 'walk of shame' bajo la solana hasta que no sentía los pies y me metí en una frutería (yo tampoco entiendo el criterio) a pedir que me dejasen hacer una llamada. Mierda: mis compañeros de piso no contestaban. Desistí y retomé mi camino deshidratado, y a media calle el frutero se asomó desde su tienda y gritó "EH! ¡Usted! ¡Le han devuelto la llamada!". Buena gente. No sé qué pensarían los transeúntes.

Fue un ritual para mis sentidos que nunca olvidaré.


Siempre nos quedará... (Beatriz, 26 años)

No te puedo expresar lo poco que me esperaba que un jueves cualquiera terminase así. Fuimos con un par de compañeros de curro al bar de siempre, y ese día había un grupo de francesas dándolo todo en su última noche en la ciudad. Nos invitaron a una ronda de chupitos, y cuando mis colegas se quisieron ir para casa, yo creo que a mi me picó la mosca del Erasmus y me vine arriba. Me quedé con las francesas dándole al vino y me lié de fiesta hasta acabar desayunando al día siguiente. Recuerdo que una de las chicas me arrancó el croissant de la mano. "Esto que comes es mentira", me decía, "tienes que venir con nosotras a París a probar uno de verdad". Cómo pasé de ahí a pillar con ellas el Ave de las seis de la mañana sigue siendo para mí pura magia. Me quedé frita entre risas y desperté en París a las 12:20 del mediodía. Llamé como pude a un compañero de trabajo y le conté desesperada lo que había hecho. El tío me dijo "Laura, qué grande eres. Ya nos habíamos preocupado. Yo le digo a la jefa que no te encuentras bien, pero a cambio quédate ahí el finde y mándame una postal". No he vuelto a salir un jueves, pero qué bueno estaba el croissant que me comí de resaca.

Tú a cambio quédate ahí el finde y mándame una postal


Ventana de oportunidad (Toni, 30 años)

Fue después de una cena con los del equipo de handball que terminó a las seis de la mañana. Me dormí en el andén esperando el tren y me desperté justo cuando lo acababa de perder. Cogí el siguiente y me puse una alarma para despertarme antes de llegar a mi parada, pero me volví a quedar dormido y llegué hasta el pueblo siguiente. Eso parecía la Odisea borrachuza. Pillé el tren de vuelta y me puse a andar por el vagón para mantenerme despierto. Al llegar a mi estación me estaba meando, así que lo hice en un árbol con tan mala puntería que me mojé toda la pierna del pantalón. Cuando por fin llegué a casa de mis padres, descubrí que habían dejado las llaves puestas al cerrar por dentro. De coña. Forcé la persiana de mi cocina, abrí la ventana, y cuando estaba a cuatro patas intentando entrar apareció mi padre con cara de póker. Sus tres palabras resonaron en mi cabeza: "Antonio, ¿qué haces?". Todavía tenía la pierna empapada.

La odisea borrachuza


Presentación de fin de after (Olga, 24 años)

La gente no se cree esta historia. Una noche después de la discoteca nos fuimos unos cuantos a la playa de after, y allí conocí a un chico misterioso cuyos bellos ojos verdes observaban el mar. Nos bañamos juntos, amanecimos besándonos y pasamos horas paseando por la ciudad. Se me hacía raro que hablase poco, pero como soy una cotorra no le di mucha importancia. A las nueve de la mañana recordé que le había prometido a mi mejor amiga ir a la presentación de su trabajo de fin de grado, que era en una hora. Así que corrí, chico desconocido en mano, hacia su universidad. Llegamos tarde, nos metimos en el auditorio y el chico se durmió en la butaca. Qué mono, pensé. Al terminar la presentación saludé al resto de colegas que habían venido, y me preguntaron qué coño había fumado. A mis amigos les pareció evidente que el chaval era indigente y tenía serios problemas mentales, pero los cabrones me dijeron que olíamos los dos tan mal que hacíamos buena pareja. Solo agradezco que no le diese por hacer algo raro en ese auditorio.

Un chico misterioso cuyos bellos ojos verdes observaban el mar

Las noches más salvajes nunca salen como se planean, y sino que se lo cuenten a los personajes de Una noche fuera de control, la película que se estrena el 21 de julio en la que Scarlett Johansson la lía en su despedida de soltera. Mientras vamos preparando las palomitas, cuéntanos: ¿cuál ha sido tu noche más loca?