Reverse Graffiti: del 'guarro límpiame' de tu parabrisas al arte de dibujar limpiando

Cualquiera que visite Moscú estos días podrá sorprenderse al observar camiones, coches y furgonetas transportando auténticas obras de arte cuya existencia apenas durará unas horas. Son las obras del artista ruso Nikita Golubev, más conocido como ProBoyNick, que se ha empeñado a demostrar a medio mundo que incluso el objeto más sucio puede convertirse en el escaparate perfecto para el arte.

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Con la única ayuda del polvo acumulado en la superficie de los vehículos y de sus propias manos, Nikita ha sido capaz de dar forma a gorilas, tiburones, pulpos, cocodrilos, rostros humanos y todo tipo de figuras que han sido recogidas en su cuenta de Instagram. Todo un trabajo de creatividad bajo el hashtag #dirtpainting que ha sido publicado en infinidad de medios de comunicación pero que, sin embargo, no es tan novedoso.

La técnica del reverse graffiti o directamente graffiti ecológico, que consiste en la creación de graffitis a través de la eliminación de la suciedad en una superficie, tuvo su origen en los secadales del estado norteamericano de Texas. Poco después, la técnica viajó a Londres y Nueva York y desde allí a países como Brasil o Sudáfrica. 

Estas son las historias de los tres artistas que podrían considerarse los verdaderos padres del reverse graffiti:

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Scott Wade, el niño que pintaba en el desierto

Aunque la mayoría del público lo ignora, el verdadero origen del reverse graffiti comenzó en el dedo del artista norteamericano Scott Wade. Como él mismo explica en su web Dirtycarart, su afición a limpiar las ventanillas de los automóviles comenzó en su infancia cada vez que su padre regresaba del trabajo tras conducir varios kilómetros en un camino polvoriento.

Poco a poco, Scott fue mejorando sus composiciones y empezó a innovar con las herramientas: comenzó con sus dedos pero acabó utilizando los palitos de madera de los helados. En 2003, a los 45 años, Wade dejó su trabajo y comenzó el proyecto Dirty Car Art (literalemente arte sobre coches sucios) que le ha dado cierto renombre pero que no ha le ha permitido disfrutar de la fama de los artistas del graffiti.

Sin embargo, Wade no duda en afirmar en su web que fue el primero en llevar esta forma de arte a su máxima expresión: “La incapacidad de este arte por permanecer es lo que más me apasiona de él. Me recuerda que todo en esta vida es una transición, que no estaré aquí mucho tiempo y que debo disfrutar de la belleza mientras esté aquí”.

Paul Curtis ‘Moose’, el gurú del reverse graffiti

“Mi arte otorga figura, no desfigura. Basta con restaurar una superficie a su estado original. Es muy temporal. El objeto brilla y luego se desvanece”. Con estas declaraciones Moose dejaba claro a The New York Times que lo que él hacía allá por 1999 no eran simples graffitis sino una forma de protesta y, por supuesto, todo un arte.

No en vano, en 2008 el británico dejó al mundo boquiabierto con su enorme mural en las paredes del túnel Francisco Broadway en San Francisco. Un bosque de 45 metros de largo con un claro mensaje medioambiental y patrocinado por la empresa de limpiadores ecológicos GreenWorks. A pesa de ello, su método de limpiar las paredes con agua a presión y detergente ecofriendly encontró opositores desde el primer momento por lo que también optó por usar simples cepillos de dientes.

“Hago que la gente se plantee si lo que les molesta es tener a personas limpiando las paredes o si realmente tienen un problema con la expresión personal”, explicó en otra de sus entrevistas después de que el ayuntamiento de la ciudad de Leeds decidiese multarlo por limpiar sin un permiso municipal. Un inconveniente que no le ha impedido convertirse en el artista referencia del graffiti ecológico y para la mayoría su creador.

Alexandre Orion, arte con y contra la polución

Este vecino de la metrópolis brasileña de Sao Paulo no alcanzó la fama de Moose pero fue capaz de llevar el arte con la suciedad a un nuevo nivel. Más que un grafitero, Alexandre se considera como artista que utiliza las intervenciones urbanas o performances como medio de expresión. Su obra Ossário fue realizada entre 2006 y 2011 y podría decirse que constituyó algo así como la Capilla Sixtina del graffiti ecológico.

Durante todos esos años, el brasileño dibujó montones de calaveras retirando la suciedad que se acumulaba a lo largo de los 360 metros del túnel Max Feffer de Sao Paulo hasta que, poco después, los servicios municipales de limpieza venían a ‘limpiar su limpieza’. Quizás, la más mediática de sus intervenciones junto a Ossário fue Poluiçao sobre o muro que en 2012 despertó un enorme debate sobre el problema de la contaminación en la mayor ciudad del hemisferio sur y el papel de los suburbios (favelas) en ella.

“Mi trabajo se centró en la percepción de las personas. Una pared es una pared, pero dependiendo de donde esté, lo que le atribuyen las personas o el escenario que dibuja, su significado puede cambiar completamente”, escribió en el libro Espólio en el cual relató sus problemas con la policía y las autoridades de Sao Paulo durante los cinco años del proyecto Ossário. Un proyecto que, gracias a la suciedad recogida en los túneles, le permitió pintar 600 metros cuadrados de murales en México, Francia y Estados Unidos.

La genialidad de Orion fue tal que, en 2009, desarrolló un sistema para producir obras de arte a través de los gases expulsados por los tubos de escape de los camiones. Una técnica que bautizó de ‘polugrafía’ y que sumó al desarrollo de un pigmento a base  de acrílicos unidos a los residuos de los tubos de escape junto a los científicos de la Universidad de Sao Paulo.