La Puñalada Sexista A Las Jugadoras De Tenis

"Si yo fuera una mujer tenista, me arrodillaría cada noche y daría gracias a Dios por el nacimiento de Roger Federer y Rafa Nadal. Ellos son quienes han llevado el peso de este deporte", es la declaración incendiaria de Raymond Moore, desde ayer ex director del torneo Indian Wells, que no se le ocurrió otra cosa que soltar en su charla con los medios que en su próxima vida quiere formar parte del circuito femenino (WTA) porque las tenistas se "aprovechan del éxito de los hombres".

Horas más tarde llegó el turno de Novak Djokovic, que no sabemos qué necesidad tiene de meterse en estos fregaos en lugar de tirar de tópicos como haría cualquiera. Él opina que los jugadores deberían cobrar más que las jugadoras porque según las estadísticas generan más atención. La misma historia pero en versión infantil.

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Y decimos que el serbio se mete tontamente en un jardín por dos razones: la primera es que este debate, que lleva años dando titulares, es de difícil solución porque ambas posturas tienen argumentos en los que apoyarse; la segunda, porque es jodido pensar que a un tío que, según Forbes, en 2015 se embolsó 48 millones de euros, le vaya de unos kilos arriba o abajo.

Pero hay que analizar la situación dejando de lado lo mal elegidas que están las palabras, sobre todo por parte de Moore. En primer lugar, ¿cómo funciona el sistema de torneos Master? Mediante una organización conjunta de cada evento para los circuitos masculinos y femeninos. Es decir, se juegan los torneos bajo el mismo formato, y cada organizador establece los premios en función de los ingresos registrados mediante contratos televisivos, patrocinios, ventas de entradas y merchandising... y pese a que dentro del mismo evento hay cuatro torneos (singles y dobles masculino y femenino) el organizador "lo vende" como uno solo.

Por tanto, haciendo referencia a la queja de Moore de que las mujeres se aprovechan del tirón mediático de los hombres, es imposible saber a ciencia cierta si realmente los patrocinadores y las televisiones han puesto el dinero solo por la fama de la ATP (masculino). Lo que sí es cierto y se puede comprobar es que a nivel de asistencia a los partidos las mujeres llenan mucho menos que los hombres. Sin ir más lejos, en el propio torneo de Indian Wells se vivió algo bastante curioso hace un par de años: jugó Rafa Nadal contra Radek Stepanek y la pista estaba llena, acto seguido jugaba Sloane Stephens (que siendo americana debería tener tirón en suelo estadounidense), y prácticamente todos los espectadores se fueron.

No obstante, y aunque tengan razón, este parece un argumento pobre para defender que los hombres deban cobrar más. Es cierto que el propio Djokovic, Federer, Murray o Nadal mueven a muchos fans, pero no es menos cierto que el BNP Paribas WTA Finals, donde se dan cita las diez mejores tenistas del año, lleva dos ediciones reuniendo a más 100.000 personas. Por tanto es un hecho que la WTA no atrae tanto, pero atrae. Tal vez nos encontramos ante el problema del pez que se muerde la cola: la WTA no tiene tanto seguimiento entre el público como la ATP porque los medios no le dan la misma atención o los medios no le dan la misma atención porque no tiene tanto seguimiento entre el público.

Puede que por condiciones atléticas un partido de tenis femenino no tenga la espectacularidad que pueda tener uno masculino, pero no cabe duda de que la dedicación, el esfuerzo, los sacrificios personales y todo lo que el tenis conlleva como trabajo es lo mismo para hombres que para mujeres. Por ello, las declaraciones de Djokovic, si bien están argumentadas, parecen una puñalada trapera a las que al fin y al cabo no dejan de ser compañeras de profesión que trabajan exactamente igual que él.

Crédito de la imagen: rogerfedererfans.com