El ‘Principio De Pitufina’, Esa Tendencia Machista De Tus Pelis Y Series Favoritas

Pitufina debe morir. Como lo oyes. Sí, la Pitufina en la que estás pensando, ese estereotipo azul que corretea en tacones por el bosque y cuya melena rubia flota entre nabos y berenjenas. Pitufina –o Smurfette, en su francés original— debe perecer, pero no es la única. Penny de The Big Bang Theory, otra rubia entre tubérculos, también debe moriral menos, durante las primeras temporadas de la serie sobre nerds—.

Pitufina-igualdad-codigo-nuevo

El mismo destino funesto debería caer sobre seres tan dispares como la princesa Leia, la Cerdita Peggy de los Teleñecos, Wonder Woman, la capitana Uhura en Star Trek, la reportera April que acompaña a las Tortugas Ninja o la ardilla Sandy, la amiga de Bob Esponja. Supongo que ya estarás viendo el patrón, ¿no? Antes de que llames a un psiquiatra para que me internen por trastorno psicopático severo dirigido a personajes de ficción, aclaremos la situación.

Todos los ejemplos planteados responden a lo que se conoce como ‘Principio de Pitufina’: un grupo de cuatro o más personajes masculinos al que se suma una única chica. Una mujer entre hombres, una Pitufina entre pitufos: es este desequilibrio el que —y ahora sí, con toda vehemencia— debe terminar.

¿Que por qué? Toca dar voz a la articulista que acuño el término en 1991: en una columna publicada el 7 de abril de aquel año en The New York Times, Katha Pollitt usó por primera vez el término ‘Principio de Pitufina’ para describir la injusticia que se encontraba cada vez que hacía zapping buscando dibujos animados para su hija de tres años. Pollitt lo disparaba así:

“Las series contemporáneas o son directamente un todo masculino, como Garfield, o bien se organizan alrededor de lo que llamo el Principio de Pitufina: un grupo de machos se acentúa por una fémina solitaria, definida de forma estereotipada(...) El mensaje está claro. Los chicos son la norma, las chicas, la excepción; los chicos son centro, las chicas, periferia; los chicos son individuos, las chicas, tipos. Los personajes masculinos definen el grupo, la historia y el código de valores, mientras que los femeninos existen solo en relación a los primeros”

Ellas son las novias de, las hermanas de, las amigas de, las madres de, o alguien que pasaba por ahí. He aquí el problema: seguir esta tendencia perpetua una desigualdad absurda, fortalece en el inconsciente colectivo la idea de que lo masculino es lo normal, lo básico, y lo femenino, una desviación de este. Es el mismo razonamiento que está detrás de Ms. Pacman –que no es otra cosa que la forma neutra, un Pacman, con lacito rosa- o Minnie Mouse, una Mickey con falda. Según, la conocida analista feminista y youtuber, Anita Sarkeesian, se trata de un ‘tropo’ dañino, es decir, “un patrón común o un atributo reconocible en un personaje que transmite información a la audiencia.

Pitufina-igualdad-codigo-nuevo

Además, Sarkeesian señala que esta tendencia en la ficción a aislar a las mujeres entre un océano de hombres ignora el hecho de que aproximadamente la mitad de la raza humana es femenina. Un diagnóstico similar al que realiza Margaret McGowan en una columna en Reel Girl en la que destaca que las mujeres representan el 51% de la población, pero son minoría tanto en personajes imaginarios como en posiciones de poder en la vida real.

Lamentablemente, lo que Pollitt criticaba hace más de 25 años no ha desaparecido. Recientemente, hemos visto Pitufinas en forma de superheroínas —la Viuda Negra entre los Vengadores, Gamora entre los Guardianes de la Galaxia—, policías —Kanga en Hawaii 5.0, Kima en The Wire— o personajes de videojuegos —Amy Rose, la erizo rosa creada como pareja de Sonic, o la propia Samus Aran, paradigma de mujer fuerte y guerrera que en Metroid Prime Hunters queda encajonada entre otros seis cazarrecompensas masculinos—.

Concluyamos nuestro análisis volviendo al origen, al primer artículo sobre el principio que nos ocupa. “El sexismo en la cultura preescolar deforma tanto a chicos como a chicas: las niñas pequeñas aprenden a dividir su conciencia, filtrando sus sueños y ambiciones a través de personajes masculinos mientras admiran las ropas de la princesa, (...) mientras que los chicos –que raramente se enfrentan a historias en las que los hombres tengan papeles menores- aprenden una lección más simple: que las chicas tampoco importan demasiado”, denuncia Pollitt. Está claro, Pitufina debe morir, y solo nosotros, armados con nuestro renovado sentido de la igualdad, podremos matarla.