Ellos Poetas Y Ellas Putas: Las Mujeres Silenciadas De La Generación Beat

Cuando pensamos en la transgresora generación Beat, automáticamente nos vienen a la cabeza cuatro escritores inconformistas: Jack Kerouac, William Burroughs, Neal Cassady y Allen Ginsberg. Cuatro grandes voces de la literatura universal. Pero no hay que olvidar que también hubo mujeres Beat, que subvirtieron las normas de esa norteamérica de los años 50 todavía más que sus compañeros, porque ellas se enfrentaban a las restricciones de género. Las llamadas beatniks escribieron, pensaron e influyeron en los que las rodeaban y en los que vinieron después.

Son mucho menos conocidas que los hombres de su generación, a pesar de que su creación poética es de una calidad incuestionable (muchas de ellas siguen en activo) y sus vidas son igual de interesantes.

La editorial Bartleby ha rescatado a algunas de estas mujeres y ha publicado una antología poética llamada Beat Attitude. En ella se pueden leer textos de Elise Cowen, Joanne Kyger, Lenore Kandel, Diane di Prima, Denise Levertov, ruth weiss, Janine Pommy Vega, Hettie Jones, Anne Waldman y Mary Norbert Körte.

¿Y van a cazar a la Loba?

Tontos, ¿Van a usar

lanza, arpón o flecha, pistola o

boomerang? ¿Creen poder atraparla

con las redes del amor? Ella monta

la luna creciente como una balsa

en la corriente tormentosa del cielo

DIANE DI PRIMA (fragmento)

ruth weiss, que expulsó las mayúsculas de su nombre porque en alemán se emplean para los sustantivos, era una joven de ascendencia judía que tuvo que huir de la Alemania nazi y la impulsora de las jam sessions (improvisaciones que incluyen jazz y poesía), pero otros se llevaron el crédito de sus innovaciones.

Otra poeta es Janine Pommy Vega, que vivió con Ginsberg y Orlovski siendo amiga del primero y amante del segundo. Más adelante viajó sola por todos los rincones del mundo, algo impensable para una mujer criada en los años 50.

Tenemos por otro lado a Elise Cowen. Ella y Allen Ginsberg siempre se consideraron almas gemelas porque se parecían físicamente y porque los dos habían pasado varias temporadas internos en instituciones psiquiátricas. A Elise sus padres solían tratarla de loca por ser lesbiana y por su forma de escribir sobre sexo y drogas. Con sólo 28 años, se suicidó tirándose por la ventana de su casa. Hay quien da a entender que Cowen se "volvió" lesbiana cuando Ginsberg, con quien tuvo un breve romance anteriormente, descubrió que él era homosexual. Sigue sin entenderse que estas mujeres fueron libres y abiertas con su sexualidad, tanto en sus vidas como en sus obras.

No todas las mujeres Beat fueron poetas, y hay vidas complejas más allá de la antología que mencionamos. El tema va de muertes prematuras a manos de hombres. Connie Sublette tenía solo 20 años cuando, desesperada tras la muerte de su novio saxofonista, borracha y puesta de heroína, se acostó con un marinero que encontró por la calle. En cierto momento empezó a gritar y el marinero la ahorcó con su pañuelo. El titular del periódico del día siguiente decía "Chica beatnik asesinada por un marinero que buscaba amor". Se entendía que, por ser beat, era una prostituta y, de algún modo, se había buscado su mala suerte.

beat codigo nuevo

Una de las historias más trágicas es la de Joan Vollmer. Se la consideraba una gran intelectual y los beat solían reunirse en su casa para debatir durante horas. La muerte prematura de Vollmer impulsó toda la obra de su amante Burroughs, según él mismo. Y su muerte no pudo ser más irónica: se puso un vaso de agua en la cabeza con confianza ciega para que él disparara como si fuera Guillermo Tell. Burroughs falló el tiro y Joan murió de un balazo en el cráneo a los 28 años.

Muchas veces, al hablar de esta generación de mujeres se incide en su papel de musas. No fueron sólo musas ni mujeres ideales que inspiraron a los grandes escritores: ellas mismas fueron intelectuales y creadoras, revolucionarias y rebeldes, poetas y filósofas. Fueron valientes en una época en la que a la mujer se la consideraba poco más que un complemento del hombre. Las asesinaron, las menospreciaron, las encerraron en manicomios y, sobre todo, las acallaron. Pero sus voces siguen ahí: sólo hay que buscarlas entre páginas.